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Alcohol, paranoia y pájaros raros: la historia real que inspiró una de las películas del año

John Du Pont era rico, coleccionaba sellos y amaba la lucha libre. Acabó siendo un asesino. Su triste historia inspiró 'Foxcatcher'

John Eleuthère du Pont nació en 1938, destinado a hacer grandes cosas en la vida. Como heredero del imperio químico de William du Pont Jr., tuvo la existencia resuelta desde el momento en que vio la luz. Fue un niño curioso, introvertido, amigo de los animales. Creció, estudió, se casó, se divorció. Y en 1997 fue condenado a prisión por el asesinato de David Schultz, luchador profesional.

Muchas fueron las cosas que ocurrieron entre esas dos escenas. Lo que empezó siendo una infancia feliz en Pennsylvania, terminó como un homicidio en tercer grado, con el atenuante de enfermedad mental. Algunas de las claves de esta historia con trágico final nos las dará Foxcatcher, la película que se estrena este viernes en España y que ha catapultado a Steve Carell a la alfombra de los Óscar por su interpretación de Du Pont, precisamente.

Pero lejos del glamour de Hollywood y del talento de Carell está la historia de un hombre complejo y violento que se llevaba mejor con los pájaros que con los humanos, y que por encima de todas las cosas amaba a su madre. Conozcámosle.

El ornitólogo furioso

A John Du Pont le apasionaban los animales, sobre todo las aves. Tanto que acabaría estudiando la carrera de zoología, y licenciándose por la Universidad de Miami en 1965. En 1973 se doctoró en ciencias naturales. En sus expediciones por el mundo, que lo llevaron hasta las Filipinas o el Pacífico Sur, llegó a catalogar más de doce especies nuevas de pájaros. También fue director del Museo de Historia Natural de Delaware durante muchos años.

Otra de sus pasiones eran los sellos. En uno de sus gestos más excéntricos, llegó a gastarse casi novecientos mil euros en un raro ejemplar negro y magenta utilizado en la Guayana Británica en 1856. Un gasto nimio si lo comparamos con los casi nueve millones que pagó por el mismo ejemplar un coleccionista cuando se subastó el año pasado en Sotheby's.

Pero eso no era todo.

La compleja y en ocasiones violenta personalidad de Du Pont le inclinaba también hacia otras aficiones, como las armas y en especial la lucha libre, con la que se obsesionó a principios de los 80. Tan grande fue su fijación que destinó parte de su gran fortuna a construir el Centro de Entrenamiento Foxcatcher, en el que pretendía entrenar a los mejores luchadores del mundo. Así fue como conoció a los hermanos Schultz, Mark y David, dos medallistas olímpicos que habían triunfado en Los Ángeles 84.

La relación de los Schultz con el millonario empezó alrededor de 1986 como una luna de miel y acabó de la peor de las maneras. Ambos se trasladaron a vivir y entrenar en Foxcatcher. Mark apenas tardó un par de años en marcharse de allí, debido a sus constantes choques con Du Pont, y su fracaso relativo en los Juegos de Seúl en el 88. David sin embargo se quedaría junto a éste durante años, como entrenador de nuevos deportistas y como consejero personal de un hombre cada vez más difícil. La relación entre ambos era estrecha, tanto que sus allegados afirman que Schultz era lo más parecido que Du Pont tenía a un amigo.

Por eso muchos reaccionaron estupefactos cuando, en enero de 1996, John Du Pont se acercó en coche a casa del luchador y disparó contra él tres veces. Schultz murió allí mismo, en su propio porche, ante los ojos horrorizados de su mujer Nancy.

Después de esto, las historias truculentas sobre el millonario no tardaron en emerger, como cuerpos muertos en un estanque. El personal de la finca y algunos familiares y deportistas confesaron llevabar tiempo preocupados por la decadencia psíquica y física del heredero. Una degeneración que había empezado a cocinarse a fuego lento a principios de los 80 y que se aceleró con la muerte de su madre en 1988.

Oscuridad, confusión, y espías rusos

Las alertas saltaron por primera vez en 1983. Un Du Pont de 45 años se había casado con Gale Wenk, una joven terapeuta 20 años menor que él. El matrimonio duró seis meses y acabó en los juzgados, con Wenk alegando que le había amenazado a punta de pistola, que había intentado estrangularla primero, y empujarla a una chimenea encendida después. Para entonces, sus problemas con el alcohol y las drogas ya eran notorios.

Años después, volcado en formar a su cantera de atletas y embriagarse, solía conducir borracho sin rumbo durante horas. El exluchador Greg Satell recordaba en un artículo de Forbes cómo “más de una vez tuvieron que sacarlo de algún pozo”. También cuenta cómo en la celebración de su 50 cumpleaños, no se le ocurrió otra cosa que empezar a disparar al aire con un Kalashnikov. Otros testimonios hablan de que se paseaba por sus propiedades a lomos de un tanque, que solía mandar a sus luchadores al ático en busca de fantasmas, o que estaba convencido de que sus caballos le mandaban mensajes desde Marte.

Esta paranoia, acrecentada según dicen algunas fuentes cercanas por la influencia de su experto en seguridad Patrick Goodale, fue haciéndose más y más patente en los meses previos al asesinato. “Estaba siempre asustado por todo, siempre un poco fuera de sí”, contaba a la prensa uno de los responsables de los establos de la finca familiar.

La misma finca a la que tuvo que acudir un día el sheriff del condado porque Du Pont estaba convencido de que un luchador estaba intentando entrar en su casa para matarle. La misma en la que murió David Schultz, tiroteado por su amigo. En aquellos días, el atleta estaba formando a sus pupilos para los próximos Juegos Olímpicos de Atlanta. Después tenía pensado aceptar un puesto de entrenador en Stanford. Nunca llegaría a hacerlo.

No había un móvil claro para explicar la causa del asesinato, así que durante el juicio posterior, Du Pont y sus abogados alegaron problemas mentales. El heredero, completamente hundido, declaró que su psicosis le hacía escuchar voces y que estaba convencido de que los soviéticos estaban urdiendo una conspiración para acabar con él. Sus declaraciones no le sirvieron para escapar de la cárcel. Antes de ingresar en prisión, mandó pintar las instalaciones de la Foxcatcher Farm de negro mate y declaró heredero de gran parte de su fortuna al luchador búlgaro Valentin Yordanov.

Murió en 2010 por complicaciones pulmonares, mientras cumplía condena. Un imperio que quiso abarcarlo todo se desmoronaba sin hacer ruido, en la soledad de una celda. En un lugar en el que ni sus queridas aves ni su único amigo podrían hacerle nunca ninguna visita.

Pasó media vida en los rings de lucha libre, pero su verdadera pelea estaba dentro de su cabeza. Y la acabó perdiendo

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