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¿Y si nuestras mascotas solo nos quisieran porque les damos de comer?

En una columna de The Guardian, la periodista Laura Marcus plantea el debate sobre si nuestras mascotas nos quieren realmente

Las relaciones entre dueños y mascotas pueden llegar a rayar el enamoramiento. Los humanos se preocupan de sus animales, están pendientes de cualquier cambio en su comportamiento, les hablan, besan, acarician y, a veces, les quieren más que a cualquier otro individuo de su especie.

Pero, ¿es esta relación equitativa? ¿qué opina esa perrita de que su dueño le haya puesto una camiseta perruna del barça y le haya hecho una coleta en la frente ? ¿nos quieren nuestras mascotas o simplemente corren a recibirnos porque tienen hambre?

En un artículo de opinión de The Guardian, Laura Marcus, que nunca ha tenido (ni ha querido tener) mascota, sigue sin entender cómo es posible ese ferviente amor hacia un animal domesticado. ¿Son sus razones tan descabelladas?

Pero son como parte de nuestra familia, dicen los amantes de las mascotas. ¿Cómo? No los has parido. Puedes hablarles pero ellos no te responden y, si de verdad tu gato entendiera tus sentimientos, seguramente pensaría: qué extrañas criaturas son los humanos, muchos nos tratan mejor de lo que tratan a los jóvenes de su especie.

Nunca he crecido con animales, mis padres creían que ninguna persona tiene el derecho de ser dueño de un animal. Estuve de acuerdo con ellos entonces y sigo estándolo ahora. No hemos domesticado a los animales, los hemos atrapado. Incluso tu minino pequeño es un animal salvaje.

Encuentro más fácil explicar a la gente por qué no quiero tener hijos que explicar mi aversión a los animales. No querer hijos es entendible pero, ¿no querer tener mascotas? ¿cómo puedes no querer a un pequeño animalito peludo?

Amo a todas las criaturas, grandes y pequeñas. Mi problema es con los dueños y con el concepto de posesión. Para muchos solo se trata de control. No es posible controlar a un humano como lo harías con un animal (aunque muchos lo intentan).

Llamas a un perro y viene corriendo. ¡Es encantador! La expectación que muestran cuando vuelves a casa…¡alguien te ama! Pero no, no lo hacen. Solo se sienten aliviados de no estar solos. Y quieren su comida.

Me importan los animales. Aborrezco los zoológicos y creo que todos deberían estar cerrados. No comeré jamás carne de vacas o pollos criados en jaulas. Creo que los animales de las granjas deben ser tratados de la forma más humana posible.

Solo pienso, que a un verdadero amante de los animales, jamás se le ocurriría pensar que puede tener el derecho de poseer uno y tratarlo como si fuera una posesión personal.

El artículo ha provocado un aluvión de críticas a la autora. En los cerca de 3.000 comentarios que ha reunido en la página web del diario, la autora es acusada de ser una desalmada, sociópata, miserable e inumana.

Un alma triste a la que sus padres nunca compraron un gatito. Algunos lectores hasta le han recomendado ir a terapia.

Pero, ¿está tan equivocada Laura?

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