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La venganza de la chica Playboy hará temblar al emperador Hefner

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Parece gracioso pero no lo es nada: la modelo Elisabeth Dickson demanda a la revista por usar sus nalgas para jugar al golf. ¿Resistirá el decrépito imperio el golpe?

Alba Muñoz

14 Marzo 2014 11:25

El imperio Playboy hace tiempo que sufre de tembleque. Su robustez parece haberse vuelto irremediablemente flácida y hortera; tanto como ir todo el día en bata roja. Pero Hugh Hefner, el visionario que en 1953 fundó la revista que vio venir al hombre moderno antes de tiempo, insiste en mantenerse a flote con un espíritu viagra: él sigue apelando los gourmets de un erotismo culto desde la inhóspita cuneta de la autopista del porno online.

A pesar de haber reclutado a Kate Moss y Lidsay Lohan para sus portadas, Playboy Enterpises no consigue aplacar los tentáculos de una muerte anunciada: a finales de 2012 su ex ejecutiva de cuentas Catherine Zulfer asestó a la compañía un golpe tan malo como una rotura de cadera. Zulfer ganó su demanda por despido improcedente (consiguió una indemnización de 6 millones de dólares) y además puso de manifiesto las debilidades financieras del imperio: Zulfer se negó a preparar un millón de dólares en bonos para los altos ejecutivos después de haber informado a sus superiores de graves fraudes e irregularidades en las cuentas de la empresa.

A principios de este año también nos enterábamos de la muerte por sobredosis de la conejita Cassandra Lyn, y ahora otra modelo "ataca" al abuelo Hef, en un asunto que está borrando la sonrisa a sus fans.

En marzo de 2012, Elisabeth Dickson fue invitada a participar en el evento Playboy Golf Finals, en California, cuando un hombre llamado Kevin Klein le pidió que se recostara boca abajo sobre el césped con el objetivo de tomar una “fotografía elegante” en la que se suponía que debía mostrar sus glúteos. En ese momento, Klein introdujo entre las nalgas de la modelo el soporte para la pelota de golf (llamado tee) y lo coronó con una esfera blanca en equilibrio. Lo que vino después puede suponer la una debacle para la tambaleante imagen de Playboy.

Se suponía que Klein debía posar encima del cuerpo tendido de Dickson como si fuera a golpear la bola. En vez de eso, alega la demandante, Klein se balanceó y golpeó su culo causándole un terrible dolor que terminó en lesiones corporales graves (algunas de ellas permanentes) y en un comprobable sufrimiento psicológico: Elisabeth padeció ansiedad mucho tiempo después, por no hablar de los gastos médicos y la pérdida de ingresos debido a su incapacidad para trabajar en ese estado. Por todo ello, Dickson pide medio millón de dólares por daños generales sin contar los gastos médicos y derivados, los daños punitivos y los costos de la demanda.

A Hugh Hefner le han dicho que está muerto. Que vivir en un castillo rodeado de jovencitas a sus 88 años es pura mercadotecnia senil, y que lo único que le da placer a estas alturas es dormir abrazado a su perro en esa casona gótica al suroeste de Hollywood. Pero en realidad no sabemos lo que ocurre en la mente –ni en los calzones- del fósil con gorra de marinero. De sus intenciones sólo conocemos que tiene a Miley Cyrus en el punto de mira para reflotar su barco a base de lengüetazos. No parece, sin embargo, que la portada que pudiera unir al tótem de la trasgresión a la familia heterosexual (aportando al mundo la figura del soltero moderno que consume, se centra en su placer y crea capital) con la diva que le saca el dedo a Disney mientras factura millones pudiera conseguir nada excepcional, como introducir un modus vivendi rompedor en los tiempos que vivimos.

O simplemente lograr que los lectores vayan más allá de la portada (o, mucho peor, de un pantallazo de la misma).

La venganza de la chica Playboy hará temblar al emperador Hefner

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