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En el interior del peor hospital que jamás hayas imaginado

La fotógrafa Meridith Kohut ha retratado los estragos de la crisis sanitaria en Venezuela

El país con las reservas de petróleo más grande del mundo está en pleno proceso de implosión. Cada día aparecen noticias sobre la escasez de alimentos, la falta de energía que los obliga a trabajar solo dos días por semana, o la violencia extrema… cada uno un granito de arena en una montaña de desgracias que consumen al país que va tras el récord mundial de inflación.

Ahora, una serie de fotografías de Meridith Kohut para el New York Times muestran otro efecto desgarrador de la crisis económica del país: el colapso del sistema de salud. Para esta serie, la fotógrafa se adentró hospitales de las ciudades de Mérida y Barcelona para registrar el estado desolador en el que conviven doctores y pacientes por igual, y para comprobar que si eres venezolano y enfermas, ir al hospital puede ser lo último que harás en tu vida.

Ante la escasez de productos de primera necesidad, como agua y jabón, los doctores no pueden lavarse las manos, la camilla donde te operarán esta cubierta por capas de sangre marrón, casi negra.

Sin agua, los médicos están forzados a trabajar sin un mínimo de higiene

"Es algo del siglo XIX", dijo al New York Times Christian Pino, uno de los cirujanos del Hospital de la Universidad de Los Andes. Las carencias los devolvieron al pasado, donde no hay incubadoras, ni máquinas de rayos X, donde la muerte de un bebé por falta de incubadoras ya no es una tragedia sino una cosa de todos los días, otro número en el papel.

Según un informe gubernamental y publicado por el periódico, la tasa de mortalidad entre los recién nacidos aumentó más de cien veces en los hospitales públicos: estaba en 0,02 por ciento en 2012 y en 2015 llegó a un 2%, mientras tanto la de las nuevas madres aumentó casi cinco veces en el nuevo período.

"Incubadoras rotas en el piso de maternidad del Hospital Luis Razetti, donde siete recién nacidos murieron recientemente".

"Los doctores del hospital utilizan botellas y jarras para tratar a los pacientes con huesos rotos"

Son las cifras sin nombre, sin rostro, que se suman a la lista de víctimas que se cobra una disputa política que no parece tener fin. En enero, los opositores del presidente Nicolás Maduro declararon una crisis humanitaria y aprobaron una ley para que Venezuela recibiera ayuda internacional que permitiera salvar el sistema de salud, pero Maduro la rechazó, argumentando que era " un intento de privatizar el sistema hospitalario y un ataque dirigido a su a su gobierno". "Dudo que en otro lado del mundo, más allá de Cuba, exista un mejor sistema de salud que este," dijo.

Rosa Parucho, una señora de 68 años y diabética, estaba en su camilla de hospital, ojos en blanco, pies "negros como la noche". A punto de morir por shock séptico. Todo porque la máquina que le debía hacer un diálisis renal estaba descompuesta.

Los apagones casi constantes dejan sin energía a los respiradores de la sala de maternidad. Casey recordó que "durante horas los médicos mantuvieron vivos a los recién nacidos enfermos bombeando manualmente aire en sus pulmones. Al caer la noche, cuatro más habían fallecido."

Mientras el gobierno resiste y acusa, los pacientes venezolanos llenan los pasillos de los hospitales en camas improvisadas y buscan una cura que ya no existe en el mercado o, en el peor de los casos, esperan la muerte, impotentes.

"Julio Rafael Parucho, que sufrió una herida grave en la cabeza, tiene que esperar un año para recibir su siguiente operación porque no hay doctores".

"Yulitza Roa, de 15 años, tiene un tumor cerebrar pero su cirugía se ha retrasado porque en el Hospital Luis Razetti no tienen los equipos necesarios"

Casey escribió las historias humanas que acompañan a las fotografías de Kohut; historias de padres ancianos que mueren por falta de medicinas, tumores que se diagnostican demasiado tarde y los bebés muertos que son ocurrencia diaria y herencia de una de las peores crisis económicas y humanitarias del mundo.

Los pasillos funcionan como habitaciones provisionales frente a la falta de camas en el hospital.

"Pacientes en el pasillo de un hospital público en Mérida"

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