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Químicos en la comida sana: ¿un envenenamiento en pequeñas dosis?

Dos científicos con visiones opuestas responden a nuestras dudas

Empiezas a empujar el carrito y te sientes un poco mal. Tienes la sensación de que en esta cadena de supermercados no vas a encontrar alimentos totalmente saludables; sospechas que todo lo que se acumula en sus estantes contiene algún porcentaje de plástico o toxicidad.

Esta fobia sobrevuela nuestras cabezas. Ahora, una serie de estudios plantean una nueva cuestión: los pesticidas que contiene una manzana están bajo control, ¿pero alguien ha estudiado cuántos ingerimos en una sola comida? ¿Y a lo largo del día?

Algunas investigaciones ya hablan de contaminación interna y microenvenenamiento a base de pequeñas dosis.  

Para resolver dudas, hemos sometido a 5 preguntas a dos científicos con visiones distintas sobre este asunto.

José Miguel Mulet es profesor de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia y autor de varios libros, entre ellos el galardonado Comer sin Miedo. Es un conocido defensor de los transgénicos y un divulgador muy crítico con el alarmismo "anti-químicos".

José Luis Domingo es  catedrático de Toxicología y Salud Medioambiental de la Universidad Rovira i Virgili y director del centro Tecnatox.   No cree que las instituciones sanitarias posean toda la información necesaria para descartar los efectos nocivos de los compuestos que ingerimos.

1. Ingerimos pesticidas, aditivos, metales pesados.

¿Son peligrosos de verdad?

JMM: "Se suele cometer un error conceptual: sólo se considera peligroso lo añadido artificialmente, cuando un '99,9% largo' de los tóxicos a los que nos exponemos son de origen natural. Si miras la composición de una naranja, verás que es una mezcla de centenares de productos químicos, muchos de los cuales no conocemos. Si los analizáramos individualmente podríamos llegar a la conclusión de que son dañinos, hasta cancerígenos. Pero no lo son, porque las dosis son ínfimas.

El 99% de los tóxicos a los que nos exponemos son de origen natural

Asimismo, el nivel de pesticidas está muy controlado, y no lo digo yo, lo dice la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que es quien hace controles anuales. La mayoría de la comida que se retira es por contaminación por hongos y por por metales pesados, principalmente de comida importada de Asia. No hay de qué preocuparse, no hay alarma".

JLD: "Todos los aromatizantes, conservantes, saborizantes, todos esos aditivos están autorizados. No soy quién para decir que son peligrosos. Respecto a los pesticidas, también se supone que están controlados. Nos quedarían los contaminantes ambientales, que son los potencialmente graves. La tierra se contamina, también el agua, por lo que los vegetales y animales que comemos contienen esos tóxicos. Y la contaminación ambiental está fuera de control, lo la administra el hombre directamente".

2. ¿Lavas las verduras y las frutas

antes de comerlas?

José Miguel Mulet (JMM): "Sí, lavo las verduras y las frutas antes de comerlas, pero porque no sé quién las habrá tocado antes en el supermercado. Puede que se hayan rascado alguna parte del cuerpo".

Mi madre lavaba las verduras con unas gotas de lejía en un balde. Sigue teniendo sentido hacerlo

José Luis Domingo (JLD): "Recuerdo que mi madre lavaba las verduras y hortalizas con unas gotitas de lejía en un balde. Decía que se lo habían recomendado por el peligro microbiológico, por el abono y las heces que había en la tierra. Antes ya tenía sentido lavarlas, pero ahora, por los químicos, también".

3. ¿Estamos prestando suficiente atención

a los efectos acumulativos de estos químicos?

¿Nos estamos envenenando lentamente?

JMM: "Imaginemos que fuera cierto, que esas dosis ínfimas de tóxicos se acumulan en nuestro organismo. Habría alguna epidemia, veríamos crecer algún tipo de enfermedad, como pasó con el tabaco asociado y el cáncer de pulmón. Sin embargo, la esperanza de vida no deja de crecer. Este envenenamiento que nos hace vivir más es muy extraño, ¿no crees? Alarmar es muy rentable".

Pongamos que todas las fábricas que rodean mi casa cumplen con la ley con sus emisiones, pero nadie me dice cuántos contaminantes recibo yo, que las recibo acumuladas. Tampoco me dicen cómo interactúan entre ellas en mi cuerpo

JLD: "Si hay efectos a largo plazo los veremos con el tiempo. Lo que sí podemos afirmar es que los organismos reguladores no tienen toda la información al respecto, porque no pueden analizar las consecuencias de las interacciones entre los químicos. Por ejemplo: todas las fábricas que rodean mi casa cumplen con la ley con sus emisiones, pero nadie me dice cuántos contaminantes recibo yo. Tampoco me dicen cómo interactúan en mi cuerpo las distintas sustancias que emanan. ¿Y si se potencian entre ellas? Es imposible calcular las infinitas combinaciones a la hora de comer. Sólo hay una posible respuesta: cuanto menos contaminado esté un alimento, mejor".

4. Productos ecológicos,

¿son la solución?

JMM: "La etiqueta ecológica sólo te habla de la forma de cultivo. Es decir, puedes plantar el mismo tomate como ecológico o transgénico. Las ventajas que le veo son de índole filosófica: tranquilizan la conciencia. Desde el punto de vista agronómico o de impacto ambiental, no veo ventajas. Se utilizan menos productos químicos, pero si el cultivo no da rendimiento se tendrá que utilizar más suelo y habrá más impacto ecológico. Sin embargo lo que más me preocupa es la pseudociencia: el reglamento de agricultura ecológica de la Unión Europea recomienda homeopatía para tratar al ganado. Un reglamento así muy serio no puede ser".

Las únicas ventajas de los alimentos ecológicos con de índole filosófica: tranquilizan la conciencia

JLD: "Hay dos claves: la primera son las grasas. La mayoría de los contaminantes ambientales son de naturaleza orgánica, es decir, solubles en la grasa. Eso significa que los alimentos grasos los absorben en mayor medida. Eliminar la grasa de la dieta es matar dos pájaros de un tiro: las frutas y verduras, al contener menos grasas, contienen muchos menos químicos. La otra clave es el origen del alimento. En mi opinión, es más decisivo saber la procedencia de un tomate que la etiqueta que me informa de que es ecológico. El motivo es sencillo: hay tomates ecológicos cultivados al lado de campos llenos de pesticidas o debajo de una autopista. Serán ecológicos, pero seguramente contendrán contaminantes. En general, lo mejor es el producto de proximidad, y lo que más nos informa es saber de dónde viene".

5. ¿De quién fiarse?

¿Instituciones, industria alimentaria, o

intuición? 

JMM: "La agricultura ecológica en Europa se está llevando millones de euros en subvenciones, y eso que sólo supone un 6% de la producción. Si la gente no se los puede permitir, ¿tiene sentido gastar tanto dinero público en algo que beneficiará a unos pocos? Yo invertiría más en agricultura de proximidad, porque puedes comprar un kiwi ecológico que venga de Nueva Zelanda, y eso no es muy sostenible. Hay un discurso político que estamos pagando todos. Gracias a las nuevas variedades de cereales y fertilizantes químicos, gracias a los transgénicos comen 3.000 millones más de personas que hace 70 años".

Gracias a los transgénicos y a los fertilizantes comen 3.000 millones de personas más que hace 70 años

JLD: "Como no podemos analizar todo lo que comemos, tenemos que fiarnos de las autoridades. Por otro lado, tampoco podemos estar seguros de que hay un control de todo lo que nos llevamos al plato. Son las 11 de la mañana. Esta noche puedo cenar un pescado que aún está en el mar. ¿Quién lo habrá analizado? Lo que se hace son muestreos, es imposible controlarlo todo. También sabemos que a lo largo de la historia se han dicho muchas mentiras, y que la industria alimentaria puede presionar para introducir ciertos productos en el mercado. Hasta ahora sabíamos que la genética y los factores ambientales pueden enfermarnos, ahora sabemos que la dieta también. Sin certezas, sólo nos queda utilizar la intuición y el sentido común".

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