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Puta, secuestradora, bruja y asesina: crónica de la gran mentira de Barcelona

La historiadora Elsa Plaza desmonta el caso de Enriqueta Martí, la vampira del Raval

Una mendiga que ha sido prostituta. Secuestra niños y los usa para traficar con ellos, vivos o muertos, tanto para prostitución como para fabricar ungüentos con sus cuerpos.

En febrero de 1912, la niña Teresita Guitart es liberada por la policía del domicilio de Enriqueta Martí en la calle Ponent, 29 (hoy Joaquín Costa) de Barcelona. Con ella se descubre que otra niña vive con Martí, quien es acusada de dos secuestros, a los que más tarde se unirán toda serie de rumores e irregularidades policiales que acabarán por convertirla en puta, secuestradora, bruja y asesina.

Mucha gente piensa que así era Enriqueta Martí, la vampira del Raval, la mala dona. Sería un historión si no fuera porque es mentira. Una mentira interesada, con unos porqués llamados misoginia y clasismo, que tienen las patas muy largas.

Elsa Plaza es una historiadora argentina afincada en Barcelona desde 1977. Esclarecer la verdad sobre el caso de Enriqueta Martí le ha llevado los últimos 10 años. Para Plaza, la investigación de Desmontando el caso de la vampira del Raval empezó con “una lista de clase en la que Martí aparece como alumna, ahí el personaje se transformó en persona, con una vida anterior al suceso”.

Comienza la mentira

En el momento de la liberación de Teresita Guitart, policía y prensa hacen equipo con los rumores vecinales. Según la versión que difunden, Martí es una mendiga que ha raptado a Teresita y a Angelita, la otra niña que vive en Ponent 29 (finalmente se demostrará que Angelita es hija de una cuñada de Martí y que ésta la crió como a su propia hija). Todo se vuelve negro como la noche cuando la prensa extiende el rumor de que se ha hallado una caja con restos humanos que podrían ser huesos y grasa usados como ungüentos.

Para la opinión pública, Martí es ya una asesina aunque no haya ningún cadáver. “En una sociedad violenta como la que vivimos –explica Plaza– la necesidad de fantasías sádicas se hacen cada vez más patentes. Cuanto más horror, más sangre, más inocente la víctima, más gratuito el crimen, más gente interesada en el producto”.

¿Podría haberse desencadenado una rumorología tan atroz si se hubiera tratado de un hombre? “ La misoginia de la época es aterradora. Todas las mujeres relacionadas con el caso la sufren por parte de periodistas, policía y funcionarios judiciales”. Para la autora, por tanto, se acentúa la culpa y condena pública en función del sexo: “La misoginia sigue en los relatos actuales de Martí: embaucadora de hombres, hechicera. Además en alguno de los relatos actuales, que se inspiran en el caso,  los niños, que se suponen muertos, son hijos de prostitutas. Siempre la sospecha moral cayendo sobre colectivos más empobrecidos”.

Desobediencia civil proletaria

Enriqueta Martí era la protagonista de este folletín editado en mayo de 1912

Pero todavía quedan varios giros sobre el caso Martí. Había tenido un hijo que había fallecido de muerte natural y había ayudado a su cuñada en el parto del hijo de esta, Benedicto. Es entonces cuando Martí realiza lo que Plaza denomina desobediencia civil proletaria: en el fallecimiento de su propio hijo (Alejandro), inscribe a Benedicto, su sobrino. "Oficialmente muerto", eso le evitaría servir como soldado en las guerras coloniales.

“En el relato oficial no podía ser una madre a la que se le había muerto un hijo porque eso humaniza al personaje”. En realidad, la maternidad frustrada planea sobre toda la historia que desgrana Plaza, una maternidad definida por hombres: “ La maternidad en la época es un discurso relacionado con la patria, y la necesidad de criar buenos soldados y obedientes trabajadores”.

Sin embargo para ser chivo expiatorio a veces no hace falta sólo ser, sino también estar. Martí se encontró en mitad de un escándalo que implicaba acusaciones de vejaciones infantiles justo cuando se descubre un prostíbulo infantil en la calle Botella, también en el Raval. Al haber policías implicados en la trama es cuando “se arma la leyenda para crear una cortina de humo que tape los mismos delitos de los que acusan a Enriqueta Martí y de los que policía, medios y políticos son cómplices”. El libro recoge 236 desapariciones infantiles solo en la Barcelona del año 1912.

Barrio disidente, barrio perseguido

Las desapariciones de estas tres niñas ocurrieron en 1924. Aun hoy son atribuidas a Martí, fallecida en 1913

Quizá el contexto social y geográfico importe en este caso más que nunca. “El Raval de la época era un barrio donde confluían espacios de fuerte disidencia: ateneos culturales, escuelas racionalistas, centros de asociacionismo obrero. Espacios de cultura obrera dispuesta a resistir. Se intentaba dar la imagen de un lugar de perversión y delincuencia, que justificase el constante control policial. Policía que finalmente actúa como cómplice de la perversión que dice controlar”.

Se trataba, entonces, de eliminar la marginalidad eliminando a las personas marginales, de matar al barrio Chino antes incluso de que se le conociera por ese nombre: “ Se mata o se distorsiona lo que no coincide con el modelo de ciudad que ya comienza a perfilarse a comienzos del XX, con los derribos para construir Vía Laietana y la monumentalización e invento del Gótico. Un modelo urbano como discurso hegemónico de la burguesía catalana”. Dentro del modelo, todo; fuera, nada. “Lo que altere ese imaginario colectivo en el que todos los ciudadanos deben identificarse es barrido para poder vender más fácilmente el producto-ciudad”.

Pero entonces, ¿no será que a la marca Barcelona le interesa rentabilizar esta leyenda negra? “Claro, ya me han acusado de querer cargarme esto: ¿si Londres tiene su Jack el Destripador, por qué Barcelona no puede tener su vampira del Raval? Esa era la propuesta que yo me estaba cargando”.

Elsa Plaza ha dedicado el libro fruto de su investigación “a los que rebuscan en la basura para sobrevivir”. Si la sangre de los trapos encontrados en casa de Enriqueta Martí eran los de sus propias metrorragias, como ella aseguraba, y los huesos de los que hablaba la prensa eran en realidad de animales, para venderlos, poco importa a quien tiene el poder. En situaciones de precariedad e indefensión, todo lo malo es posible.

"Ya ves el caso 4F, no cabe más que decir”, concluye Plaza.

Enriqueta Martí falleció de un doloroso cáncer de útero el 12 de mayo de 1913 en la prisión de mujeres de Reina Amàlia de Barcelona. La leyenda negra construye su propia realidad y mantiene que fue linchada en el patio por sus propias compañeras de cárcel. La mentira acompaña así a Martí hasta su propia muerte.

"Brujas y putas, ladrones e improductivos, asesinos incluso. El poder no dudará en inventarse tu vida"

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