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En estos valles la vida de la mujer no vale nada

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Los 'crímenes de honor' están al orden del día en la provincia afgana de Ghor. Junto a las cifras preocupantes de muertes, reina la impunidad total

L.M.R.

10 Julio 2017 18:59

No existe lo real como algo acordado; solo hay versiones de la realidad”. Esa frase de David Shields bien podría ser el lema de facto de la provincia afgana de Gh?r. Allí, la realidad diaria de miles de mujeres se define por estar siempre en tensión con la ficción más sesgada. Y es la ficción la que, casi siempre, se acaba imponiendo como el relato oficial.

Sucede con la historia de Tabaruk. Existen hasta tres versiones sobre cómo Tabaruk, madre de seis hijos, perdió la vida la primavera pasada durante un viaje de exilio que la obligó a atravesar las montañas nevadas del corazón de Afganistán.

Ella y los suyos habían sido expulsados del pueblo en el que vivían en la provincia de Gh?r. Su hija Mah Yamsar había llevado el deshonor a la villa al quedar embarazada sin haber contraído matrimonio. En realidad, Mah había sido violada por un vecino. Pero eso daba igual a ojos del consejo de ancianos del pueblo. Solo quedaba la opción del destierro. Pero Tabaruk nunca llegó a su destino en Kharsang.


Quienes conocen la realidad de Gh?r aseguran que esa región es, a efectos reales, una provincia sin ley, "la capital" de la violencia de género en uno de los peores países del mundo para ser mujer


Según la policía de Gh?r, la mujer cayó de su caballo y murió. Fue un accidente. 

Miembros del consejo provincial y activistas de derechos humanos de la zona dicen que a Tabaruk la mataron. Se cuenta que primero la empujaron por un precipicio. Luego recogieron su cuerpo malherido, la ataron a un caballo y la arrastraron por los caminos pedregosos hasta que exhaló su último aliento.

La tercera versión surge del seno de la propia familia. Mah Yamsar narra que su hermano pequeño, que viajaba con la madre, le contó que, en un momento del viaje, su padre y dos ancianos del pueblo se alejaron con Tabaruk. Al chico, de 8 años, le dijeron que esperase donde estaba. Cuando regresaron, el padre le dijo al chaval que su madre se había caído del caballo y había muerto. Él había oído disparos.

Pero en Gh?r de poco sirven las sospechas y las denuncias.

Quienes conocen la realidad de la zona aseguran que esa región es, a efectos reales, una provincia sin ley. Un área gris de 36.000 kilómetros cuadrados que los activistas señalan como “la capital” de la violencia de género en uno de los peores países del mundo para ser mujer.



La moral que asesina

Las cifras de la violencia machista en Afganistán lastiman. Según datos de Amnistía Internacional, la judicatura afgana registró más de 3.700 casos de violencia contra mujeres y niñas en los primeros ocho meses de 2016. Palizas, ataques con ácido, lapidaciones, homicidios...

Los datos que maneja la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán reflejan un incremento en el número de mujeres castigadas en público, en aplicación de la ley islámica, por los talibanes y otros grupos armados. La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en el país documentó seis casos de mujeres acusadas de los llamados delitos “morales” durante la primera mitad del pasado año. Acusadas y castigadas en virtud de sistemas de justicia paralelos. Dos de ellas fueron ejecutadas, mientras que las otras cuatro fueron flageladas.


La judicatura afgana registró más de 3.700 casos de violencia contra mujeres y niñas en los primeros ocho meses de 2016


Quienes se han asomado al horror de Gh?r saben que esos números están lejos de reflejar la realidad. Allí, semana tras semana se repiten las noticias de mujeres que han sido víctimas de abusos o que han sido asesinadas a manos de hombres que nunca rinden cuentas a la justicia.

“Hubo 118 casos registrados de violencia contra mujeres en Ghor durante el pasado año, y esos son solo los casos que han sido reportados, porque la mayoría ni se denuncian”, asegura la activista Fawzia Koofi, jefa de la Comisión de Asuntos de la Mujer en el Parlamento afgano, en declaraciones a The New York Times. “Ninguno de los sospechosos de haber participado en esos 118 casos ha sido arrestado”, añade la parlamentaria. “Allí a las mujeres no se les da ningún valor. Es como si se diera por hecho que merecen morir”.


"En Gh?r a las mujeres no se les da ningún valor. Es como si se diera por hecho que merecen morir" (Fawzia Koofi)


El diario neoyorquino hace repaso a algunos de los casos que más conmoción han causado en la región. Conmoción en caliente, porque la sacudida de conciencia nunca dura. El estupor inicial pronto queda diluido en la larga historia de abusos contra la mujer que pesa sobre el país asiático.

Esta el caso de Rukhshana, una adolescente que tuvo que pasar por el aro de un matrimonio forzado, hasta que trató de huir del hogar conyugal con su amante. Sucedió en octubre de 2015. A Rukhshana la acusaron de adulterio, la apresaron, la enterraron hasta más allá de la cintura y la apedrearon hasta la muerte.

Las piedras volaron con tal violencia que algunas llegaron a reventar la carne, quedando incrustadas entre las costillas de la joven.

El vídeo del ajusticiamiento llegó a circular por internet. La polémica se multiplicó cuando un mullah integrante de la delegación enviada por el presidente Ashraf Ghani a Gh?r para investigar lo sucedido se expresó a favor de los lapidamientos de mujeres adúlteras.


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A Aziz Gul la mataron a disparos con 19 años. Fue asesinada y enterrada en la misma noche. Sus padres ni siquiera llegaron a ver su cuerpo.

También aquí las versiones difieren. Los informes policiales hablan de que a Gul la cazó una muchedumbre intentando huir con un hombre, su supuesto amante, para evitar un matrimonio forzado. La familia, sin embargo, asegura que fue raptada de la casa de su tío. Sus captores la acusaron de adulterio y la mataron en el sitio.

El caso más reciente dejó tres víctimas mortales. Suraya intentaba huir de un matrimonio forzado y abusivo. Dejó el pueblo acompañada de su amante y de una tía anciana. Confiaban en que la presencia de la tía evitara las suspicacias. Pero no. Un grupo de hombres del pueblo se armaron y salieron a darles caza. Mataron a los tres. Sus cuerpos carbonizados quedaron expuestos a la vista de todos durante días. Los asesinos amenazaron con matar a cualquiera que se acercara a recoger los restos.


"En Afganistán un hombre puede matar a su mujer y deshacerse del cuerpo sin que nadie pregunte por ella" (Azita Rafaat)


La política tolerante

Fawzia Koofi asegura que en Ghor reina una sensación de total impunidad. Nadie ha sido condenado por ninguno de los 118 casos de violencia reportados. Nadie ha sido siquiera detenido.

La parlamentaria habla de cómo los funcionarios de seguridad de la zona excusan su inacción diciendo que deben equilibrar la justicia con la seguridad, y que si van a por los perpetradores de esa violencia van a toparse con los talibanes que están ganando peso en la zona.

Es como si de manera oficial se hubiera decidido tolerar la violencia misógina como un compromiso necesario para la estabilidad política de la región. Hacer la vista gorda. Que hagan lo que quieran con sus mujeres, mientras no le creen problemas al Gobierno central.

Ya lo decía la activista exiliada Azita Rafaat a su paso por Madrid el año pasado: “En Afganistán la violencia contra la mujer es endémica y estructural. En Afganistán un hombre puede matar a su mujer y deshacerse del cuerpo sin que nadie pregunte por ella”.


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