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Cuando el uso del pezón fue motivo de lucha política

¿Será cierto que existe una campaña para acabar con la lactancia, en beneficio de los intereses de la industria? Hablamos con la plataforma Lactancia en libertad y con Beatriz Gimeno al respecto

El poder de la imagen del pecho femenino es bien conocido en Occidente: a él recurre la publicidad para llamar la atención, pero también activistas como Femen para reivindicar sus posiciones. Aunque el objetivo no tenga nada que ver, el resultado siempre es el mismo: si no escandaliza, al menos el interés queda asegurado. De pocas partes más del cuerpo humano puede decirse lo mismo.

Sin embargo, la teta tiene una función que podría etiquetarse como básica —que no única— y que parece haber pasado desapercibida durante mucho tiempo: su cometido es alimentar al hijo o hija de la mujer. Y así, desde que el plano maternal quedó relegado al ámbito de la intimidad, el proceso se desnaturalizó. Es decir, un gesto inherente al ser humano pasó a convertirse en algo extraño a ojos del público.

Durante más de la mitad del siglo pasado, la “cultura del biberón” consiguió que las leches preparadas le tomasen la delantera a la lactancia natural en cuestión de alimentación infantil. En 1867 Henri Nestlé, posiblemente sin imaginarse la proyección que su apellido tendría, inventó un preparado compuesto por leche de vaca y cereales. Su fin era alimentar a bebés cuyas madres no podían darles el pecho, y precisamente ese fue el inicio de un éxito comercial que logró que, en la década de 1970, en Estados Unidos menos del 30% de las madres diesen de lactar a sus hijos e hijas ( para alegría de las empresas fabricantes de leche de fórmula.

Ante el despliegue y triunfo de las leches artificiales, en 1956 se fundó la Liga de la Leche. Su fin era “proporcionar información, apoyo y estímulo, principalmente a través de ayuda personal, a todas las madres que quieran amamantar a sus hijos”, según se puede leer en su página web. Hoy está presente en 63 países, es miembro de UNICEF y colabora con la Organización Mundial de la Salud, organismo que también recomienda a las madres de manera oficial que den de mamar a sus hijos e hijas al menos durante los seis primeros meses de vida (con un refuerzo de alimentos complementarios hasta los 2 años).

¿Pero qué pasa con la madre?

Los beneficios para la salud del lactante (reducción de la mortalidad infantil, protección ante enfermedades infecciosas, mejor desarrollo cognitivo y sensorial) se han repetido por activa y por pasiva. Igual ha sucedido con los de la madre: hoy existe un cierto consenso sobre el hecho de que la lactancia es favorable para los implicados en términos sanitarios.

Sin embargo, el conflicto no se plantea desde ese punto de vista, sino del de las mujeres que dan o darán el pecho a sus hijos. Por un lado, y como revulsivo a las campañas de publicidad de las leches preparadas (“lo mejor para ti y para tu bebé”) surgen movimientos que reivindican la lactancia natural: ahí está la anteriormente mencionada Liga de la Leche. Igualmente, desde sectores más alternativos como las ecofeministas hasta otros más convencionales como podría ser el sanitario, la voz para defender esta posición se ha elevado.

Por ejemplo, en 2013, después del escándalo en Primark, donde una madre fue expulsada por amamantar a su hijo en una de las tiendas de la cadena, fue creada la plataforma >Lactancia en libertad. A través de ella no solo se promueve la alimentación natural de los lactantes, sino que también se recogen firmas para que se apruebe una ley “que proteja a las madres que lactan de ser discriminadas por el simple hecho de estar alimentando a sus hijos/as”.

“La incomodidad en los ojos de quien mira es porque hemos olvidado la función de los pechos de las mujeres, que es amamantar, y en esta sociedad actual parece que su utilidad es puramente sexual”, afirman desde Lactancia en libertad a través de correo electrónico. Ellos aseguran que: “hay una presión sutil pero muy poderosa ejercida desde hace décadas. Se trata de un mensaje grabado a fuego, a través de la publicidad, con grandes empresas beneficiadas y un gran interés económico detrás. Y es que cada bebé que no lacta de su madre será un consumidor potencial de leche artificial, tetinas, biberones, esterilizadores, leches de continuación y un largo etcétera. Es triste, pero así es.”

Como suele suceder, hay otra cara en la moneda. En 2011, la feminista Beatriz Gimeno publicó un artículo en la revista Pikara titulado “ Estoy en contra de la lactancia materna”. Hoy sigue causando revuelo. En aquel texto habla de su experiencia y de la presión a la que se somete a las madres para que den el pecho a sus hijos e hijas, y recuerda que “ ser madre lactante no es una obligación, sino una opción. Que se puede ser buena madre y dar biberón”.

Han pasado tres años y Beatriz asegura que: “desde que publiqué aquel artículo he seguido investigando e incluso me he puesto a hacer mi tesis doctoral sobre eso. Mi opinión se ha vuelto más fuerte, si cabe”. Una de las ideas que arrojaba en aquel artículo es que la lactancia, por mucho que se señale desde diferentes sectores, nunca ha estado perseguida.

Es una posición que sigue manteniendo: “Ni se prohibirá, ni nadie pretende prohibirla; pero en cambio ya hay un país en el que se ha hecho obligatoria, por ley: Emiratos Árabes. Y otros en los que se está pensando legislar en ese sentido”. El planteamiento puede sonar parecido al de la plataforma pro-lactancia, pero con matices: “Desde Lactancia en Libertad no consideramos que la lactancia materna está perseguida. Simplemente, lo que ocurre es que no tenemos cultura de la lactancia”.

El lactivismo

Teniendo en cuenta el nivel de discusión al que se ha llegado en la actualidad con el tema de la lactancia, ¿podemos decir que se ha convertido la acción de dar el pecho en un acto político? Para Beatriz: “La lactancia intensiva (no la lactancia normal), la que significa lactar aunque duela, aunque no haya leche, aunque no se tenga tiempo, aunque el médico te diga que lo dejes, aunque estés muerta de cansancio, aunque tengas que trabajar, etc… ‘esa’ lactancia más que un acto político, es un acto identitario. Se ha formado una determinada identidad femenina en torno a la maternidad intensiva y a la lactancia. Lo que llamamos lactivismo".

En Lactancia en libertad expresan su idea del lactivismo como: “Activistas en pro de la lactancia materna, ayudando a su normalización, luchando por el derecho de los bebés a ser alimentados con la leche de sus madres en cualquier momento y lugar y generando conciencia social en torno a éste asunto.”

La definición más extendida de lactivista es la de aquella mujer que da el pecho a su hija o hijo, a demanda y sin límite de edad, lo cual se ha convertido en uno de los elementos más polémicos de la discusión: hace solo dos años de la polémica portada de la revista Time que mostraba a una madre dando el pecho a su hijo de 6 años. También se defiende el vínculo que se crea entre la madre y el hijo durante el periodo de alimentación lactante y quiere que dar el pecho en público sea visto como algo natural.

A rasgos generales, dentro de este grupo hay posiciones más radicales y otras que rechazan la culpabilización de la madre que opta por el biberón, como explica la doctora Ibone Olza en su libro Lactivista. Esta última cuestión parece ser la que logra poner de acuerdo a todos los puntos de vista sobre el tema: debe de ser la madre la que decida finalmente si quiere dar el pecho a su hijo y durante cuánto tiempo. Sea por las razones que sea, ella tiene la última palabra.

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