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Así es el arte urbano situacionista que pone en apuros a la policía

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Las esculturas efímeras de Mark Jenkins devuelven a las calles su poder estimulante como espacio para el juego y la sorpresa a base de creatividad, humor surrealista y mucha mala leche

Luis M. Rodríguez

09 Julio 2014 17:08

Basta con pararse a mirar, detener el paso en mitad de esa marea de gente que avanza ajena a la existencia del resto para darse cuenta de que las calles han sido secuestradas. El entorno urbano ha perdido su frescura como espacio de construcción social para convertirse en meras vías de tránsito hacia la actividad productiva, en un gran escaparate comercial en el que, si de los poderes públicos dependiera, nunca pasaría absolutamente nada. Y eso, a Mark Jenkins no le gusta nada.

Este norteamericano de espíritu provocador lleva desde mediados de la década pasada ocupado en una misión: insuflar a las calles un aliento vibrante, una dimensión desconcertante que cause sorpresa y rompa con el sopor de la rutina, aunque sea golpeando.

Jenkins comenzó creando pequeños seres transparentes, confeccionados con cinta de embalaje, que iba dejando por las esquinas, encaramados a todo tipo de objetos. Por forma y tamaño, aquellas primeras figuras transmitían una sensación de exploración jovial, de dimensión casi infantil, pero pronto su juego se volvió mucho menos inocente, adoptando una escala humana capaz de generar situaciones de máxima inquietud en quien observa.

Las figuras de apariencia humana que Jenkins inserta en el paisaje urbano buscan el sobresalto, fuerzan los límites que separan la sorpresa risueña y el miedo. Hasta el punto de que, en más de una ocasión, la presencia de sus esculturas efímeras ha acabado motivando la intervención de la policía o los servicios de emergencia en respuesta a las llamadas de transeúntes incómodos o atemorizados por lo que estaban viendo (por lo que creían estar viendo).

Muchos artistas urbanos aprovechan sus obras para lanzar un mensaje crítico de una forma sutil. Jenkins, en su lugar, apuesta por la terapia de shock: detonar de forma súbita una emoción que fuerce una reacción en la gente, esa es la idea. ¿Su motivación última? Hacer que saquemos la cara de las pantallas de nuestros móviles y de los escaparates y prestemos más atención a la realidad que nos rodea. A la ciudad como escenario social, y a la gente como protagonista.

Mark Jenkins

Mark Jenkins

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