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Los unicornios existen; cabalgan más allá de nuestros oscuros sueños

El artista rumano Ștefan Câlția entrega mundos oníricos llenos de belleza triste y de mágica soledad

Los unicornios existen, y lo más probable es que vivan en la región más verde y céntrica de Rumanía. Están entre nosotros, entre las hierbas, entre los árboles. Están entre los grandes castillos que pertenecieron a malvados vampiros, en los que ahora sólo habita la luz y la magia. Los unicornios existen, porque un anciano con barba larguísima se los ha inventado. De sus pinceles surgieron sus cuernos afilados, y de sus óleos de tonos oscuros nacieron sus ojos ciegos, su pelaje suave, su enorme magnetismo que consigue atrapar a princesas delicadas, que en seguida los montarán.

Ștefan Câlția, el anciano de los pinceles, es uno de los artistas rumanos más enigmáticos e importantes de su tiempo. Su obra está llena de escenas extrañas, en donde los animales mitológicos se juntan con pequeños payasos tristes, con ángeles de alas negras y con niñas crueles que arrancan plumas a los pájaros para poder hacerse con ellas unas alas propias. Ojos enormes, bocas con mueca de sorpresa, espacios vacíos que recuerdan a cuadros antiguos, a habitaciones abandonadas, o a iglesias viejas en las que ya sólo se realizan ritos paganos.

Un mundo posible dentro de la imposibilidad es todo cuando Câlția nos regala en estas piezas, que han dado la vuelta al mundo de manera secreta, y que sólo los ojos privilegiados de ciertas galerías repartidas por el globo han podido admirar.

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