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¿Es este el último salvavidas de Terry Richardson?

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Cuando ya nadie quiere colaborar con el fotógrafo, Playboy le pide que firme un número entero

Leticia García

14 Julio 2014 11:58

"Trabajamos con él para la campaña de una de nuestras colaboraciones con diseñadores, pero no tenemos planes de volver a trabajar con él en el futuro", afirmaba hace pocas semanas un portavoz de la empresa Target a la revista Buzzfeed.

Hubo una época en la que las reconocibles fotos de Richardson inundaban revistas y vallas publicitarias. Era la época en la que el desnudo y las referencias al sexo eran rentables estrategias de venta para marcas y diseñadores. Pero cuando aquella fiebre pasó, la figura de Richardson no desapareció. Al contrario, el fotógrafo supo sacar partido a sus señas de identidad disfrazando de sí mismo a las celebridades a las que fotografíaba, o realizando editoriales y campañas provocadores. Él fue el fotógrafo de cabecera de la Miley Cyrus del twerking, pero desde hace unos meses, su influencia en el sector está disminuyendo apasos agigantados.

Ni Target, ni Vogue América ni T Magazine (el suplemento dominical del New York Times) planean volver a requerir sus servicios, al menos a corto plazo. Su característico sello ya no aparece en campañas ni sesiones de revistas de prestigio. Casi en conjunto, la industria ha decidido empezar a dar crédito a las múltiples acusaciones de acoso sexual que acumula el fotógrafo.

Quizá aprovechándose del revuelo mediático que ha venido suscitando su figura en los últimos años, Valentino lo está utilizando para publicitar sus accesorios. La firma, cuya estética sofisticada y romántica está casi en las antípodas de la de Richardson, no ha puesto a una modelo delante del foco para no suscitar una nueva polémica, sino que ha preferido usar el propio brazo del fotógrafo como protagonista de la campaña. Una oportuna publicidad de contenido inocuo.

Porque ya casi nadie quiere trabajar con Richardson. Y aunque quisieran, todos saben que no deben asociarse con una figura cuya reputación pública está ligada a los abusos de poder y al acoso sexual. Casi cada mes una modelo se decide a denunciarlo públicamente. La última ha sido Anna del Gaizo, quien escribió hace unas semanas un pormenorizado relato de su relación con el fotógrafo en la revista Jezebel.

Pero justo cuando la mayor parte de la industria de la moda decide no dejarse salpicar por la fama de Richardson, Playboy anuncia que el fotógrafo acaba de firmar las imágenes de un número especial que saldrá al completo el próximo mes de febrero, aunque el número de julio y agosto ya incluye algunas de las fotos de la sesión.

Bajo el título "California Dreamin'", cuatro modelos desnudas posan ante su objetivo en los lugares más emblemáticos de California, como el mítico hotel Chateau Marmont, llevando gorras, gafas de sol, banderas americanas y sneakers. Puro imaginario Richardson.

"Ha fotografiado a las mujeres más bellas (Kate Upton, Rihanna y Miley Cyrus entre ellas). Y ahora añade a las playmates Audrey Aleen Allen, Alyssa Arce, Pamela Horton y Jaclyn Swedberg a la lista", reza la publicidad que la revista ha lanzado con motivo del número especial.

Como no podía ser de otra manera, Richardson ya ha colaborado en numerosas ocasiones con Playboy. De ahí que una portavoz del medio lo califique en la revista Jezebel como "un gran colaborador". Sin embargo, tal vez este no sea el mejor momento. O quizá sea el mejor.

El larguísimo perfil que el New York Magazine escribió sobre el fotógrafo el pasado mes de junio ha sido criticado hasta la saciedad por defender su trabajo escudándose en el cliché del "artista torturado y mailnterpretado". Y justo cuando se publicaba el controvertido reportaje, American Apparel anunciaba que su CEO, Dov Charney, había sido despedido de la marca tras años de denuncias por acoso sexual por parte de sus empleadas. Las provocativas campañas que el propio Charney se encargaba de fotografiar ya no tenían una respuesta en las ventas de American Apparel, que se encuentra en su peor momento económico.

No corren buenos tiempos para los "artistas" que echan mano del sexo, el desnudo y la controversia. El público le dio la espalda a Charney y le ha dado la espalda a Richardson. Los influyentes amigos del fotógrafo ya no quieren darle trabajo por miedo a que les salpique la polémica. Precisamente por eso, el número de Playboy recibirá críticas y abrirá el debate por enésima vez, tal vez de manera premeditada. ¿Es Richardson un colaborador respetado o se ha convertido en una efectiva estrategia publicitaria?

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