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El último comunista en el Parlamento británico

John McDonnell tiene una misión: abrir la democracia al pueblo

“Los medios de comunicación y los principales partidos nos están sirviendo basura, así que vamos a abrir salas del parlamento para el verdadero debate público. Hay salas de reuniones en el parlamento. Usémoslas y traigamos algo de política real al parlamento”.

Al habla John McDonnell, responsable de “People's Parliament”, el Parlamento del Pueblo, la iniciativa que estos días busca abrir el parlamento a la sociedad británica. Allí todos son bienvenidos. ¿Todos? No, todos menos “ los fascistas”

Las temáticas abordadas por el Parlamento del Pueblo van desde la democracia a la vigilancia, pasando por derechos civiles, racismo, prisiones, sostenibilidad, capitalismo, feminismo o vivienda. “Reconozco la mayoría de caras en los actos de política radical. Con el Parlamento del Pueblo no ocurre lo mismo. Aquí los debates llenan las salas, especialmente con jóvenes y activistas”, afirma McDonnell. 

El Parlamento del Pueblo reúne a expertos y activistas en sesiones temáticas. Sin embargo, McDonnell quiere ir más allá de las meras palabras.

“La élite sólo tendrá miedo cuando nuestras palabras pasen a la acción. Ellos son conscientes que nuestra acción directa sólo será efectiva cuando vaya de la mano de un entendimiento por parte de la sociedad y de posibles alternativas. El Parlamento del Pueblo intenta hacer su contribución a armar esa resistencia”. 

John McDonnell tiene 63 años y se autodenomina el último comunista que queda en el Parlamento. Nacido en la ciudad de los Beatles, su padre era conductor de autobuses y sindicalista. A los 29 años fue por primera vez elegido representante político.

Miembro del Partido Laborista, se considera un parlamentario comunitario. “Durante los 17 años que llevo en el Parlamento he intentado ayudar tanto como me ha sido posible a mis votantes”. 

Su coherencia política le ha llevado a ir a contracorriente en múltiples ocasiones dentro de su propio partido. Durante el mandato de Tony Blair, se opuso a la guerra de Irak, a la introducción de tasas universitarias y a leyes antiterroristas, entre otras medidas impopulares tomadas por los laboristas. 

Tras las renuncias de Tony Blair y Gordon Brown, McDonnell intentó en dos ocasiones convertirse en líder del laborismo británico. Un gobierno presidido por McDonnell sería, en sus propias palabras, “absolutamente democrático, ruidoso, con muchos debates. Pero la gente sabría en qué bando estaría. En el bando de quienes luchan para mantener un techo sobre sus cabezas, quienes están desesperados por encontrar buenos colegios para sus hijos”.

Su apoyo a las minorías y a los colectivos desfavorecidos le lleva a apoyar la descriminalización del trabajo sexual. En 2014, en el debate parlamentario de una ley contra el esclavismo moderno se declaró “no a favor de la legalización, sino a favor de la descriminalización total del trabajo sexual”.

A juicio de McDonnell, “criminalizar a los clientes no detiene la prostitución ni la crimininalización de las mujeres; lleva la prostitución aún más hacia la clandestinidad, haciéndola más peligrosa y estigmatizando a las mujeres”.

Una de sus más famosas y polémicas declaraciones fue cuando dijo que “ si volviese a los 80 mataría a Thatcher”. Posteriormente, McDonnell se disculpó.

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