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El tuitero que quiso saber demasiado sobre los yihadistas

Tiene 21 años y es uno de los mayores expertos en terrorismo… hasta que se ha acabado quemando

Recién graduado en la universidad de Oxford y con tan solo 21 años, Aymenn Al Tamimi se convirtió en tiempo récord en uno de los mayores expertos en terrorismo islamista del mundo. Lo mismo que le hizo ascender como un cohete en el mundo del periodismo es lo que ha hecho que su carrera esté en caída libre.

Al Tamimi estudiaba para las últimas asignaturas de su carrera cuando empezó a seguir a los grupos yihadistas radicales de Irak y Siria en Twitter. Para ganarse su confianza empezó a establecer vínculos con algunos miembros del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), una de las organizaciones más violentas de la actualidad.

Aquello causó sorpresa en la comunidad académica de Oxford, pero lo que realmente desató la alarma entre los analistas occidentales fue un artículo en el que Al Tamimi intentó desacreditar a otro brillante investigador, Michael Weiss, acerca de sus pruebas de que Irán estaba financiando al ISIS.

La joven estrella del análisis político internacional, citada en el New York Times, Wall Street Journal, Washington Post y que incluso había aparecido en la BBC, no esperaba ola de críticas que estaba a punto a arrollarle. Todo el mundo empezó investigarle: su método, totalmente expuesto en Twitter, se convirtió en carnaza. Las acusaciones graves, aquellas que insinuaban que el joven investigador estaba peligrosamente cerca de algunos islamistas, no tardaron en llegar.

Daveed Gartenstein-Ross, miembro del la Fundación para la Defensa de las Democracias, calificó sus acciones de “muy preocupantes”. “Se presenta ante nosotros como parte de esta comunidad de analistas y ante las fuentes de ISIS como alguien que respalda sus objetivos políticos. Ambas cosas no puede ser verdad, así se crea un problema”, explicó el analista J.M Berger a Business Insider.

Infiltrado sin máscaras

Una de las cosas que más se ha utilizado contra Al Tamimi es que llegó a llamar “akhi” (hermano) a un miembro de esta organización terrorista, que le respondió que le amaba como a un hermano del Islam. “La gente me ha preguntado varias veces sobre mis creencias”, escribió Tamimi el pasado 1 de febrero: “¿Soy yihadista? ¿Soy un judío? ¿Estoy a favor del régimen de Assad? ¿Califato o democracia? En realidad, estas preguntas no me interesan, yo creo en la doctrina del caos: todo el mundo estará en el caos en 2100”.

Sus tácticas le llevaron a conseguir lo que él considera una de sus primicias más importantes: en agosto del año pasado dio a conocer la muerte de un detenido en Guantánamo un día antes que los medios de comunicación. Pero la presión y las acusaciones de sus colegas han hecho que Al Tamimi termine reconociendo que congraciarse con terroristas para obtener información es “poco ético”.

En la batidora de Internet, periodistas, investigadores, protagonistas y el gran público están más juntos que nunca: personas anónimas se convierten en estrellas por sus méritos, accedemos a puntos de vista y a datos clasificados que de otro modo hubieran permanecido enterrados. Parece lógico que los roles, también el periodista infiltrado, muten ante nuestros ojos.

Aymenn Al Tamimi es hijo de la era digital, un Günter Walraff 2.0 que, en vez de disfrazarse, ha utilizado públicamente su identidad en la red para integrarse con los terroristas. El periodismo, ha quedado claro, no está preparado para estas tácticas, pero puede que en un futuro los profesionales de la información sean actores en las redes y que lo único que se considere libre de sospecha sea trabajo una vez publicado. En Internet estamos juntos, y puede que en un futuro (y en nombre de la información), también revueltos.

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