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Trump y Putin se encontraron cara a cara por primera vez, y esto es lo que pasó

"Ninguno de los dos quería parar", dicen los presentes. Pero la reunión de ambos líderes en el marco de la cumbre del G-20 en Hamburgo deja un claro vencedor

AP

Ambos tenían reservada media hora en su agenda de ayer. Al final, su cita se prolongó hasta más allá de las 2 horas y 16 minutos. “Ninguno de los dos quería parar”, comentan quienes allí estaban presentes.

Ese detalle ejemplifica la buena química que se vivió ayer en el primer encuentro cara a cara entre Donald Trump y Vladimir Putin. Un encuentro que nos mostró a dos hombres que parecen cortados por el mismo patrón. Dos líderes fuertes, que disfrutan asediando a sus críticos. Dos machos alfa de los negocios y la política que se consideran devastadoramente atractivos y aprovechan cada recurso a su alcance para afirmar su testosterona, escenificar su superioridad frente a sus interlocutores —mucho se ha escrito sobre esos extraños apretones de manos de Trump, por ejemplo— y declarar su poco aprecio por el establishment político, los medios, los protocolos y las normas de etiqueta en el desempeño de su función diplomática.

El primero había dicho que era “un honor” estar con Putin. Gran deferencia. El segundo dijo estar “encantando de conocer” a Trump. “Hemos hablado varias veces por teléfono. Pero, definitivamente, las conversaciones telefónicas no son suficientes”, dijo el mandatario ruso. Sobre todo cuando la atracción entre ambos —atracción que fluye, sobre todo, desde el lado americano— parece ser tan intensa que algunos hablan de 'bromance'.

Pero el suyo es, en todo caso, un 'bromance' prohibido. Hasta el punto de que los asesores de la Casa Blanca desaconsejaban totalmente el encuentro de ayer.

Y se desaconsejaba porque, a ojos de todos los analistas, el mero hecho de encontrarse, el que Trump buscara estrechar la mano del hombre que supuestamente ha interferido en las elecciones estadounidenses, ya suponía una clara victoria para el ruso.

Es una situación win-win para Putin” , aseguraba Andrei V. Kolesnikov, analista del Centro Carnegie de Moscú, al New York Times. Concluida la reunión de ayer, esa es la idea que más se repite en los análisis: Putin sale ganando .

Incluso en la batalla del lenguaje corporal, el ruso hizo sudar a Trump.

Los asesores del presidente de EEUU desaconsejaban totalmente el encuentro de ayer. Trump no solo siguió adelante con la cita, sino que alargó la media hora pactada hasta más allá de las 2 horas

Ambos líderes llegaron a la cita sin una agenda cerrada de temas a tratar y con Trump lanzando balones fuera en forma de tuits. Había miedo de que el encuentro quedara reducido a un mero intercambio de halagos o a un chorreo de información comprometedora servida en bandeja de plata por Trump, como pasó en su encuentro previo con el embajador Serguéi Kisliak y el ministro de Exteriores ruso Serguéi Lavrov.

Al final, si hacemos caso al relato oficial de quienes allí estuvieron (el secretario de Estado Rex Tillerson y el citado Lavrov), se habló de lo que se tenía que hablar. El conflicto sirio. Los ensayos balísticos de Corea del Norte. Y también de la injerencia rusa .

Ahí las versiones de ambos bandos difieren. Tillerson ha relatado a los medios que Trump sacó el tema nada más comenzar el encuentro y que ambos líderes mantuvieron "un largo y sólido intercambio" sobre el asunto. "El presidente presionó al presidente Putin en más de una ocasión en relación a la participación de rusa. El presidente Putin negó esa implicación como creo que ya hizo en el pasado", señaló el secretario de estado estadounidense. Pero de acuerdo a la versión rusa, la cosa no quedó ahí. Trump habría dado por buenas las palabras de Putin.

“El presidente Trump dijo que había escuchado las declaraciones del presidente Putin en las que afirmó que no era cierto y que el liderazgo ruso no había interferido en las elecciones. Y dijo que acepta estas declaraciones”, aseguró Sergei Lavrov. "Trump mencionó que, en Estados Unidos, ciertos círculos aún se dedican a inflar el asunto de la interferencia rusa en las elecciones, incluso aunque no existan pruebas", remató Lavrov.

El paso de Trump por Hamburgo deja una clara sensación en el aire: en el marco del G-20, ya casi nadie ve a EEUU como el líder global que solía ser

Si Putin dice que no lo hizo, le creo, no lo hizo y se acabó. Esa parece ser la nueva postura de Trump, al menos de cara a su interlocutor, lo que supondría no dar credibilidad a las conclusiones del FBI, la CIA y la NSA, que afirman lo contrario. O eso defienden los rusos, porque oficiales de la Casa Blanca han negado que Trump aceptara las declaraciones de Putin sobre la inocencia rusa como buenas. Las lecturas de lo hablado son contradictorias en los matices que importan. ¿Quién de los dos miente?

Al final, ambos líderes “se centraron acertadamente en cómo podemos avanzar en relación a un asunto que puede suponer un desacuerdo intratable llegados a este punto”, en palabras de Tillerson. Ese “avanzar” suena como un “pasar página”, lo que acrecienta la sospecha de connivencia. Dejar dormir el asunto, vaya. Y eso sería una clara victoria para el Kremlin, además de un precedente peligroso.

Ambos países han acordado crear un “grupo de trabajo conjunto” sobre ciberseguridad, sin entrar en detalles. También han acordado no inmiscuirse en "los asuntos domésticos" del otro, una clara victoria diplomática para Rusia. Al margen de eso, la reunión deja un único trato tangible: ambos países han acordado un nuevo alto al fuego en Siria. El alto al fuego afectará a las regiones de Daraa, Quneitra y Suweida, al suroeste del país, y entrará en vigor mañana domingo, 9 de julio.

La cita también deja en el aire una sensación cuyo eco resuena más allá del vis a vis entre Putin y Trump: en el marco del G-20, ya casi nadie ve a EEUU como el líder global que solía ser. Bajo el mandato de su errático presidente, el país de las barras y las estrellas está perdiendo su influencia.

Como pasó en la última reunión del G-7 en mayo, el G-20 ha sido un encuentro de diecinueve contra uno. Y no solo en materia de cambio climático.

Normal que Putin esté “encantado” con Trump. La debilidad del segundo es la fortaleza del primero.

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