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Trump sacrifica a su jefe de gabinete y coloca a un ex responsable de Guantánamo en su lugar

Rueda la cabeza de Reince Priebus. Victoria para Scaramucci

Pool/Getty

Mi relación con Reince Priebus es como la de Caín y Abel”, decía hace 48 horas el nuevo director de comunicación de la Casa Blanca. Trump deberá tomar una decisión, o uno o el otro, pero no los dos, vino a decir Anthony Scaramucci tras acusar a Priebus de filtrar información a los medios y tildarle de jodido paranoico esquizofrénico” en su conversación con un periodista. Al final, victoria para él.

Oficialmente, Priebus ha dimitido. Ayer, él y Scaramucci viajaron junto al presidente rumbo a Nueva York. A su regreso, Priebus daba la noticia. “ He dimitido. Es bueno un cambio”, dijo poco después de bajar del avión presidencial. No dio más detalles.

Reince Priebus (en el centro, de pie), Mike Pence y Steve Bannon acompañan a Trump en el Despacho Oval. Drew Angerer/Getty

Trump ha sacrificado a Priebus, uno de las pocas personas en su entorno de colaboradores procedentes del mundo de la política clásica, y el hombre que durante años le abrió puertas y ejerció de puente con el Partido Republicano. Y lo ha hecho sin compasión.

El anuncio de su salida llama la atención por su frialdad. Trump daba la noticia por Twitter y sin llegar a mencionar el nombre de su colaborador saliente en ningún momento.

Priebus llevaba tiempo en la cuerda floja. De talante moderado, había tenido roces con el yerno y asesor del presidente, Jared Kushner, por sus visiones diferentes en cuando a la política de comunicación de la Casa Blanca. La elección como portavoz de Sean Spicer nunca gustó a Trump. Desde el entorno más cercano al presidente también se le achacaba el no haber logrado apoyos suficientes entre las bancadas republicanas para sacar adelante medidas como la reforma sanitaria, que sufrió un nuevo descalabro este viernes.

Las desavenencias con el nuevo director de Comunicación, el prepotente Scaramucci, y las sospechas, nunca confirmadas, de que Priebus podría haber sido la fuente de algunas filtraciones a medios han terminado de decantar la balanza. Con él se va el último representante del establishment republicano en la Casa Blanca.

Trump y John Kelly en una foto tomada el año pasado. Drew Angerer/Getty

Su lugar lo ocupa desde ya el general retirado John Kelly, un hombre castrense que goza de la predilección de Trump. Como secretario de Seguridad Interior —el cargo que ostentaba hasta ayer—, él era el responsable de la seguridad fronteriza y de la política de mano dura contra la inmigración irregular. Su inflexibilidad a la hora de abordar esas cuestiones le había granjeado las simpatías del presidente y del ala dura de la Casa Blanca.

Con 46 años de carrera militar a sus espaldas y sin apenas experiencia política, Kelly ha servido en las guerras del Golfo e Irak, ha sido responsable de la prisión de Guantánamo, y entre 2012 y 2016 fue el jefe del Comando Sur del Ejército. Kelly también es un firme defensor de la lucha sin cuartel contra el terrorismo. Los analistas coinciden a la hora de señalar que Kelly traerá disciplina a la Casa Blanca. Su nombramiento presagia también una radicalización aún mayor de la política de Trump.

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