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Instrucciones para tragarse el universo

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Troche publica 'Dibujos invisibles' (Lumen), un cuaderno de dibujos donde la belleza está en el alma de quien los mira

Luna Miguel

28 Enero 2016 06:00

Cuando éramos pequeños, nos cantaban canciones sobre el futuro y la esperanza. “Quisiera ser tan alto como la luna”, decía una de esas letras. Y entonces nosotros soñábamos con crecer, con ser más y más grandes.

Sabíamos que alcanzar la luna era prácticamente imposible, pero lo verdaderamente heroico era intentarlo.



Al argentino Gervasio Troche quizá le cantaron esa canción cuando era niño, pero él, al contrario que todos nosotros, decidió que él sí pisaría la luna.

Que sería, no tan alto, sino tan hermoso como ella.

Que sus manos rozarían las estrellas, y hasta se las tragarían con ansia en la merienda.

Que el cielo no supondría un límite, sino un trampolín.



¡Hay tanto Universo por descubrir! ¡Hay tanta vida por imaginar!

Troche dibuja cosas sencillas.



Cosas que no dan miedo sino que son siempre mágicas.

En el libro Dibujos invisibles (Lumen) que el autor acaba de publicar, lo que impresiona es lo que no se ve. Aquello que el que mira ha de imaginar.

Por ejemplo: cuando uno mira sus cielos estrellados, se imagina el viaje de un Ulises intergaláctico.



Cuando uno mira las ramas bailarinas de sus árboles, se imagina a un padre haciendo cosquillas a su hijo.



Cuando uno mira a sus personajes inexpresivos, se imagina a un corazón que late despacio, porque está hecho de deliciosa manteca y azúcar.



Troche es dibujante, pero podría ser perfectamente un astronauta o un poeta.

Un superhéroe, también, que nos canta canciones a los que ya somos adultos, para que miremos el pasado, para que nos reflejemos en la esperanza, para que desde la luna queramos ser pequeños.

Niños otra vez.

Dibujos invisibles.


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