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El triunfo de Daft Punk confirma que hemos renunciado al futuro

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¿Por qué un disco tan retro, que podría ser de los años 70, es la mejor grabación de 2013 según los Grammy? Básicamente porque la innovación nos importa un carajo

Mario G. Sinde

28 Enero 2014 11:40

Parafraseando a Fray Luis, podríamos comenzar esta pieza con el célebre “decíamos ayer”. Porque ayer, que viene a ser abril, hablamos largo y tendido sobre un artefacto extraño en el actual mapa musical que, sin embargo, estaba diseñado para arrasar al albur de la fiebre retronostálgica, que cada día es más sibilina, y por tanto más omnipresente. El cuarto álbum de Daft Punk, “Random Access Memories”, llevaba fecha de 2013, pero sonaba como un disco de 1978, o de 1983 a lo sumo. Un ejercicio de revisión de varios lenguajes del pasado, de la música disco cósmica al musical de Broadway en su expresión más reluciente, sin olvidarse del pop sintético vocoderizado, el soft rock y ciertas técnicas de producción del funk blanco.

Lo que en su momento parecía un camino equivocado, sobre todo porque lo que necesita la música son vías de futuro, no estancarse en el pasado, ha resultado ser todo un éxito: “Random Access Memories” ha sido coronado con cinco premios Grammy, entre ellos el de mejor disco del año, y una canción tan pegadiza y básica como “Get Lucky” ha recibido el galardón a mejor grabación de 2013. Podemos estar en desacuerdo con unos premios que tienen más de dinosaurio que de brújula de la actualidad, pero no de esta afirmación: la repercusión popular que tienen los Grammy corrobora que la estrategia de Daft Punk de regalarse en el ayer y componer como si no hubiera pasado el tiempo ha sido la correcta.

De hecho, la grabación de “Random Access Memories” se produjo como si perteneciera a otra época, en un estudio de altísimo nivel profesional, alquilado durante un largo periodo de tiempo para producir el disco a la antigua usanza, con equipos humanos altamente cualificados -hasta seis ingenieros de sonido que le dan ese brillo y pulcritud a la grabación- e invitados especiales que aportaban su grano de arena a las canciones, de Neil Rodgers a Giorgio Moroder, y de Panda Bear a Julian Casablancas. En definitiva, se certifica el triunfo de lo retro: por mucho que anhelemos un futuro distinto y mejor, el grueso de los consumidores de música se sienten mucho más cómodos en viejos tiempos, mucho más familiares y hospitalarios. Y menos excitantes también. ¿Es eso lo que queremos?

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