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Este tipo conseguirá que compres tu propia muerte

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Se llama Paul Bennett y es un as del marketing

Alba Muñoz

23 Marzo 2015 06:01

¿Se puede morir mejor? ¿Se puede vender la muerte? Paul Bennett, un creativo legendario de Silicon Valley, cree que sí.

Todo empezó en 2001, cuando el padre de Bennett, Jim, pasaba sus últimas horas en un hospital británico. Paul le comunicó que iba a salir en el próximo avión, pero Jim se lo prohibió.

Con el tiempo, Paul entendió a su padre: estaba tratando de controlar, de alguna manera, el siguiente paso. "Él estaba diseñando lo último que le quedaba: su muerte", dijo Bennett a The California Sunday Magazine.

Aquello llevó una idea a su mente: ¿Por qué la muerte no puede parecerse más a la vida?

No hay nada más inoportuno e incontrolable que el fallecimiento. Todas las sociedades han construido alrededor de este momento sus propios ritos, pero según Bennett éstos se han convertido en protocolos demasiado rígidos.

Por eso, desde la prestigiosa agencia de diseño Ideo, Bennett inició el rediseño de la muerte junto al ejecutivo de startups Paul Gaffney.

Quieren deshacerse de todo aquello que parece inamovible, viejo y falto de imaginación, desde el color delos hospitales hasta los funerales, pasando por la forma de afligirse.


¿Y si pudieras mandar el vino favorito a tu mujer, y una carta escrita a mano, la primera noche que se encuentre sola?



Bennett empezó su revolución a través de la app After I Go, que no llegó a comercializarse. La idea era que cualquiera pudiera dejar un manual de instrucciones y facilitar las cosas a sus familiares: la nube guardaría datos como contraseñas de las redes sociales, números de cuentas bancarias, etc.

Bennett en seguida se dio cuenta del problema de esta app. Sólo pagarían por ella los obsesos de la organización: "Es monotonía ingrata. Además, te recuerda que vas a morir", dijo a The California Sunday Magazine.

¿Cuál es, entonces, la gran idea a la que llegó este creativo? Para empezar, para vender una muerte mejor nunca hay que ser racional, sino emocional. En segundo lugar, la cultura de consumo es aspiracional: nos atrae el deseo y la alegría. Se trata, pues, de perseguir el entusiasmo hasta después de muerto.

Bennett se preguntó: ¿Y si pudieras mandar el vino favorito a tu mujer, y una carta escrita a mano, la primera noche que esté sola? ¿Y si pudieras consolar a tus seres queridos desde la tumba?

Dibujó el siguiente esquema:


Vender un servicio ? Entregar un mensaje ? Ejecutar un deseo ? Proporcionar confort



Esa, "confort", es la palabra clave para este as del marketing. La tranquilidad que antes proporcionaba la fe religiosa puede ofrecerla una app de mensajería post mortem. El contenido de esos mensajes será, previsiblemente, amor. Y la muerte quedará reintegrada de forma natural en nuestras vidas. 

He aquí la recompensa emocional por la que, según Paul Bennett, todos acabaremos pagando: convertir nuestra vulnerabilidad en una necesidad, en un derecho.


La muerte como confort, como deseo feliz



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