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Las mejores apps para niños las crea este pequeño estudio indie

Tinybop hace juguetes digitales que avivan la chispa de la curiosidad (y los adultos no acaban de entender)

No hay cosa peor que ver a un adulto tratar a un niño como si en vez de una persona pequeña fuera una especie de animal idiota. Una mala costumbre que abunda por doquier. Tal vez pase que al hacernos más altos, la sangre nos llega al cerebro con más dificultad, como si tuviéramos mal de altura. Y entonces empezamos a hablar a todo ser humano menor de 10 años con diminutivos, y con voces ridículas, y a no escuchar. A llenar a los pequeños la cabeza con ideas que no entendemos ni nosotros. Como si en realidad supiéramos algo de la vida, venga ya.

Las creaciones de Tinybop, por el contrario, se ponen a la altura del niño hasta el punto de que muchos adultos no entienden su funcionamiento. Y eso está bien. De hecho fue la piedra sobre la que se fundó esta pequeña compañía de Brooklyn. Su director general, Raúl Gutiérrez, explica cómo tras muchos años trabajando en aplicaciones móviles, un día su hijo de seis años le pidió cambiar su fiesta de cumpleaños por un iPad. Su cabeza entonces hizo clic. Y se propuso crear una compañía que explorase a fondo la relación entre los niños y la tecnología para crear lo que ellos llaman "juguetes del mañana".

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Y lo más curioso del asunto es que los primeros proyectos de la compañía poco tienen que ver con cualquier tipo de ruidosa maquinaria de ciencia-ficción. En su serie The Explorer's Library llevan a los chavales de la mano a descubrir los mecanismos del mundo que les rodea. De momento han publicado tres entregas, que hablan del cuerpo humano, las plantas y las casas en las que habitamos los humanos alrededor del globo. Todas ellas tienen el encanto de los libros pop-up, esos que cambiaban mágicamente al estirar de alguna pestaña y, de hecho, de ellos sacan su principal inspiración. Pero a la vez son juegos pensados para pantallas táctiles, y para niños de cualquier país para los que una tablet es tan familiar como las rascaduras en las rodillas o el pintar las paredes de la casa con el barro del parque.

Así que en ellos hay pocas explicaciones escritas, y pocas cosas similares a una experiencia de juego como la que esperaría un adulto. No hay un objetivo concreto más que el de aprender y maravillarse por el funcionamiento de las semillas, o la sabiduría de los bosques, o por cosas tan simples como descubrir por qué cuando se acumula gas en nuestra tripa a veces hay que sacarlo en forma de eructo. Todas las apps están maravillosamente diseñadas a nivel audiovisual y es un gusto simplemente sentarse a mirar cómo los niños interactúan con ellas de forma totalmente intuitiva. Aunque como adultos que han jugado demasiado al Call of Duty que somos, a veces no tengamos ni idea de qué está ocurriendo en ellas.

Esta cercanía a un universo infantil rico y complejo no viene sólo de la experiencia directa de los miembros de Tinybop con sus propios hijos, o con los chavales que acuden a la escuela de karate situada debajo de sus oficinas. También procede del amor que demuestran hacia grandes referentes de la creatividad dirigida a los niños. En su página web encontramos una sección de recomendaciones en las que podemos encontrar desde películas de Charles y Amy Eames, hasta videojuegos actuales fascinantes como Kentucky Route Zero, pasando por el clásicos como Pedro y el Lobo, El Principito o El viento en los sauces. Obras que hablan de tú a tú con el espectador, sea grande o pequeño. Y que recuerdan que antes de ser las máquinas de estudiar, trabajar y consumir que somos hoy, fuimos pequeños héroes con los ojos abiertos siempre abiertos de par en par.

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¿Recuerdas cuando a tu alrededor todo era un grandioso acertijo sin fin?

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