PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

La tertulia política que reinventó la telebasura

H

 

Crónica de un sábado noche viendo La Sexta

eudald espluga

20 Enero 2014 09:11

No seré yo quien descubra al mundo que si La Sexta emite una cantidad indigerible de contenidos políticos no es debido a su espíritu ciudadano. Es evidente que también ellos rinden culto a los índices de audiencia: si siguen viviendo en el día de la Marmota de la política estatal es porque el enfrentamiento cainita, sumado a la repetición obsesiva de ciertos mantras de pseudo-izquierda, continua regalando una apetitosa cota de share. Como negocio es sostenible.

Esto no significa que algunos programas no posean una innegable calidad periodística, como en el caso de 'Salvados', pero por lo general su triunfo reside en haber encontrado un formato de tertulia-espectáculo que supone un giro de 300º a los programas de telebasura, y que tiene en 'La Sexta noche' su máximo exponente

—¿No querrás decir un giro de 180º? ¿O de 360º? —se preguntará el lector avisado.

Para nada. Apelamos aquí a la bella metáfora política que, sin saberlo, acuñaron esos dos grandes poetas españoles que son Andy y Lucas.

Andy y Lucas

El caso es que en una de sus canciones alude a un cambio radical de personalidad como «un giro de 300º». Las malas lenguas darán por sentado que nuestros insignes trovadores confunden el hecho de dar media vuelta con el de girar completamente sobre sí mismos, atribuyendo a su espíritu poco avispado que se perdieran, además, 60º por el camino.

Nosotros, por el contrario, pensamos que con este tropo de nuevo cuño le dan un barniz de realismo a la trillada afirmación de Lampedusa, según la cual todo ha de cambiar para que todo siga igual. Está claro que el autor de El Gatopartdo no estaba siendo literal: se refería a una modificación sustancial del status quo que, después de mucho revuelo, lo dejara casi todo en el mismo sito. ¿La diferencia? Esos 60º.

Fernando Savater VS Olvido Hormigos

Fernando Savater La Sexta noche

Aclarada la terminología, podemos tratar de comprender por qué 'La sexta noche' encarna este giro andylucasiano respecto de la telebasura. Para hacernos una idea, basta con mirar en paralelo lo que el sábado pasaba en el plató de la Sexta y en 'Abre los ojos y mira', de Telecinco: en el mismo momento en que Iñaki López enfrenta a Fernando Savater con algunas de sus comprometidas declaraciones sobre ETA, mientras en una pequeña ventana aparece la cara de Loquillo preparado tras las bambalinas; en Telecinco Emma García y sus compinches fusilan verbalmente a Olvido Hormigos sobre la dudosa paternidad del niño que lleva en su interior, al tiempo que en una ventana vemos la cara resignada de su marido.

El formato es el mismo. La fascinación por los aspectos morbosos —Savater diciendo que ha disfrutado con los crímenes de ETA— apenas puede distinguirse en ambos programas.

Tampoco cabe duda de que el público de 'La Sexta noche' ha estado adiestrado en la misma Escuela Superior de Público Entusiasta en la que forman, entre otros, a los asistentes de 'La ruleta de la suerte'. Aplauden y ovacionan de forma completamente desproporcionada, como si de un partido de la Roja se tratara: poco faltó para que corearan el nombre de Savater cuando este elogió la lectura. Dicho esto, no debe extrañarnos que aquella pobre gente se confunca y acabe por creer que presencia algún concurso, pues a Loquillo le hacen jugar a una suerte de 'Pasapalabra' musical y Savater tiene que escoger y responder preguntas que distintas celebridades le han formulado.

El objetivo era divertirse, y nadie se lo iba a impedir.

Es relevante notar que la cultura del titular —LA PIZARRA DE GARICANO; EL DESAFÍO DE CATALUÑA; UN PASO "MAS"— se combina con una realización rapidísima, con el fin de que el espectador no tenga tiempo de aburrirse. Las entrevistas se sirven más rápido que un BigMac, fragmentadas por numerosos documentos audiovisuales y juegos. La historia económica de occidente y los problemas técnicos de la crisis se resumen en treinta minutos non-stop. Los debates políticos están cronometrados y troceados en distintas rondas, con tertulianos distintos para cada tema.

Tampoco es un secreto que la mayoría acuden allí a promocionarse. Garicano, tras una exposición frenética sobre cómo salir de la crisis, presenta su libro. Savater, después de soltar su refrito de tópicos nietzscheanos, confirma que aun les junta a los de UPyD. Por supuesto, presenta su libro. Loquillo no deja de recordar que está de gira. Y Pablo Iglesias, suelta un «Gamonal ha demostrado que sí se puede», como quien no quiere la cosa. Por ese motivo, todo el mundo empieza a temer que Pere Navarro, en su anunciada intervención, también termine presentando un libro o, Dios no lo quiera, comunicando que se pasa al rock'n'roll.

Ninguna vaca sagrada es sacrificada en el altar

Loquillo La Sexta noche

Sin embargo, el momento culminante de la noche es la intervención de Loquillo. Su fraseología demuestra que la política puede ser tan pornográfica (o más) que la sobreexposición mediática del embarazo de Olvido Hormigos. Él se ventila todos los temas cruciales de nuestra realidad social y política sin apenas articular una oración con sentido, asintiendo con firmeza ante sus propios enunciados. También nos regala un gran momento de vergüenza ajena cuando pregunta cuál es su cámara, con el propósito de dirigirse directamente a Gallardón. Se sabe el Gran Arquitecto de Matrix, y su sonrisa condescendiente lo delata.

A pesar de todo vale la pena ver a Loquillo convertido en Súper Tertuliano, pues su exacerbado discurso populista es una caricatura bastante realista del debate 'de verdad'. Encarna como nadie esa falsa izquierda que se erige contra el estado de las cosas, pero sin llegar nunca a cuestionar su base. Se vapulea a las élites bancarias, se carga contra la clase política, se reclaman medidas socialdemócratas con insistencia y, por supuesto, se insulta a Gallardón por su retrógrada ley del aborto. Pero, ¡ah! ¡sorpresa!, resulta que se condena la protesta de Gamonal, los derechos de la mujer sólo se discuten si sirven como arma arrojadiza y se termina apostando por unos políticos tecnócratas que, estos sí, sepan cómo salir de la crisis.

Francisco Marhuenda

Consecuencia de ello es que, en las tertulias, Paco Marhuenda cumpla la misma función que Pablo Iglesias: ejemplificar los extremos horrorosos de la política. Aunque si tenemos en cuenta que ni uno ni otro son extremo de nada, podemos hacernos una idea más clara de hasta qué punto es conformista el discurso político de fondo de 'La Sexta noche', cuyo espacio "objetivo" sobre economía lo realiza un profesor de la London School of Economics formado en la Universidad de Chicago.

Se profesa la retórica del Gran Wyoming, la indignación a lo Iñaki Gabilondo. La de aquellos que se postulan como el azote liviano del poder establecido —el sentido común que esquiva a la España más conservadora—, generando la sensación de que existe un verdadero debate cuando, en realidad, ninguna vaca sagrada es sacrificada en el altar.

Su discurso, que aparentemente quiere peinar la realidad a contrapelo, en la práctica refuerza esa ideología según la cual en las 'cosas importantes' seguimos estando todos de acuerdo.

En pocas palabras: se trata de la vieja Cultura de la Transición reinventándose, sin moverse de su sitio, dando ese giro de 300º con toda la pirotecnia necesaria para ser los reyes del sábado noche. Por supuesto, no estamos pidiendo a La Sexta que sea más radical que nuestra izquierda política. Sin embargo, no está de más señalar que las críticas que lanzan a especuladores y políticos corruptos tienen exactamente el mismo valor que Belén Esteban gritándole a Andreita que se coma el pollo.

Historia relacionada: "Los 25 mejores tertulianos políticos de la televisión"

share