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Guardar un secreto en tu cabeza puede empezar a ser peligroso

Investigadores de la Universidad de Washington encuentran la manera de conectar los pensamientos de dos personas a través de Internet

«Algún día, creo que seremos capaces de enviarnos pensamientos complejos los unos a los otros de una manera directa, usando tecnología. Bastará pensar en algo, y tus amigos podrán compartir la experiencia contigo de manera inmediata, si tú quieres».

Lo dijo Mark Zuckerberg el pasado mes de julio durante un encuentro digital con usuarios de Facebook, y no andaba desencaminado. En realidad, Zuck disparaba sobre seguro con su "predicción futurista": en su versión más básica, esa "comunicación telepática" es algo que ya se ha demostrado posible.

Saludos y videojuegos muy peculiares

En marzo del pasado año, un experimento liderado por el barcelonés de adopción Giulio Ruffini logró transmitir palabras mentalmente con ayuda de internet.

En la ciudad india de Thiruvananthapuram alguien pensó "hola" y "ciao" —ambas palabras traducidas a lenguaje binario, a ristras de ceros y unos—, y esos pensamientos, codificados en forma de pulsos eléctricos y convertidos luego en descargas electromagnéticas, llegaron directamente al cerebro de otra persona sentada en un laboratorio de Estrasburgo.

Según sus autores, se trataba de la primera conexión directa entre dos cerebros humanos por procedimientos no invasivos, es decir, sin necesidad de perforar ningún cráneo. Antes ya se habían realizado experimentos con implantes cerebrales que arrojaron logros como el de ver a un macaco controlando con su cerebro los miembros de otro simio paralizado.

Meses más tarde, en agosto, el investigador Rajesh Rao se sentó en su laboratorio de la Universidad de Washington para jugar una curiosa partida con su ordenador.

El juego consistía en disparar a un blanco móvil pulsando la barra espaciadora del teclado. La particularidad del experimento radicaba en que no era Rao quien apretaba la tecla: él se limitaba a pensar en el momento de disparar, transmitiendo ese impulso de forma remota a un colega ubicado en otro extremo del campus que, sin tener acceso a lo que Rao veía, debía materializar el disparo. Y funcionó.

Ahora, un nuevo experimento de comunicación directa entre cerebros interconectados viene a elevar el nivel de complejidad del mensaje.

De nuevo, se trata de un juego, esta vez de preguntas y respuestas.

Jugando al 'veo veo' sin articular palabra

El experimento, llevado a cabo por científicos de la Universidad de Washington, ha constatado la viabilidad de la comunicación "telepática" entre dos personas enfrascadas en un juego a distancia en el que uno —el llamado "inquiridor"— debía identificar una serie de objetos comunes elegidos por el otro —el "respondedor"—.

Durante el juego, el inquiridor podía realizar una serie de preguntas predeterminadas a su interlocutor. Para ello sólo tenía que hacer clic sobre las cuestiones en la pantalla de un ordenador. A la hora de responder, el "respondedor" simplemente debía concentrarse en dos luces, una correspondiente al "sí", otra al "no".

Sus pensamientos, traducidos a señales eléctricas con ayuda de un aparato de electroencefalografía, viajaron luego a través de internet activando un dispositivo de estimulación magnética transcraneal situado en la zona posterior de la cabeza del inquiridor.

El sistema de interpretación era simple. Un "sí" debía provocar una respuesta suficientemente potente como para activar el cortex visual del inquiridor, generando una mancha luminosa —un fosfeno— en su campo visual. Un "no", por contra, no debía generar suficiente estimulación en el cortex visual.

De acuerdo a esas pautas, los participantes lograron acertar el 72 por ciento de los objetos. En los juegos de control —mismo procedimiento, pero con el sistema de estimulación magnética transcraneal tuneado para no generar campos magnéticos apreciables por el inquiridor—, el porcentaje de aciertos se quedó en el 18 por ciento.

Los promotores del experimento destacan en un comunicado las utilidades potenciales que este tipo de tecnologías podrían tener en la vida real, por ejemplo, en el campo educativo.

"Imagina que tienes a alguien que sufre trastorno por déficit de atención con hiperactividad junto a un estudiante neurotípico", comenta la coautora Chantel Prat. " Conectando ambos cerebros, cuando el estudiante que no sufre ADHD presta atención, el cerebro del estudiante con ADHD quedaría en un estado de mayor atención de forma automática".

Pero no todos son tan optimistas. A la luz de estas experiencias, algunos expertos ya han alertado sobre los desafíos éticos de la llamada "neuroingeniería".

El temor parece fundado: ¿llegará el día en el que la tecnología abra la puerta a un potencial hackeo o espionaje no autorizado de nuestros cerebros?

¿Del miedo a decir al miedo a pensar?

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