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La ciencia avala que separarte de tu teléfono te vuelve un poco loco

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La dependencia al móvil transforma cuerpo y mente... para mal

Natxo Medina

14 Enero 2015 13:39

La expresión "miembro fantasma" se utiliza para personas que, tras sufrir la amputación de alguna parte de su cuerpo, la siguen sintiendo. Es un síndrome neurológico que se explica porque el sistema nervioso necesita tiempo para acostumbrarse a su falta. Y es que la fuerza del hábito nos condiciona tanto, que hasta aquellos objetos que permanecen con nosotros durante largo tiempo pueden acabar convirtiéndose, a efectos prácticos, en parte de nuestro cuerpo. Como por ejemplo, un instrumento musical. O, sin ir más lejos, ese teléfono móvil que siempre llevamos encima.

Partiendo de esta base, investigadores de la Universidad de Missouri se dispusieron a medir de qué manera nos afecta separarnos, aunque sea brevemente y por pocos metros, de nuestro aparato predilecto. Y sus conclusiones señalan que las consecuencias de esta separación se parecen sorprendentemente a un desorden neurológico. A una pequeña enajenación mental.

El planteamiento era sencillo: los investigadores realizaron dos experimentos, con 40 usuarios habituales de iPhone. Eligieron este modelo de teléfono, según ellos, por la facilidad para activar y desactivar el modo silencio.

En la primera de las pruebas, los participantes resolvían un puzzle mientras su móvil permanecía cerca. Acto seguido, se les decía que su aparato estaba causando interferencias, y que para la siguiente prueba debían alejarlo un poco, y llevarlo al otro extremo de la habitación. Mientras los sujetos llevaba a cabo un nuevo puzzle, alguien llamaba a su número. Ellos podían verlo y oírlo, pero no levantarse a contestar.

Durante toda la experiencia, a los participantes se les tomaba el pulso y la presión arterial. Mientras que durante la primera prueba ambos parámetros se mantenían estables, en la segunda, y en especial durante el tiempo en que se hacían las llamadas, la gran mayoría de los participantes sufrieron picos agudos de ansiedad, y los datos de medición se dispararon. Además, la práctica totalidad erraron más en sus tests que en su primer intento. Era como si se hubieran vuelto más torpes, como si de pronto les faltara algo.

Una pequeña (gran) parte de ti

Russell Clayton, autor principal del estudio, interpreta así los resultados: “Separarnos de nuestro móvil puede impactar negativamente en nuestra actividad mental. Además, los datos sugieren que estos aparatos son capaces de convertirse en extensión de nuestra persona, de manera que al alejarnos de ellos, lo que sentimos es una disminución del yo, un estado psicológico negativo”.

Será por eso que, entre la broma y la ciencia, en las conclusiones de su trabajo han bautizado esta prótesis móvil de nuestra personalidad como iSelf. Será por eso también que hace unos meses conocíamos la existencia del NoPhone, un pedazo de plástico pensado para simular un teléfono, pero que en realidad tiene más que ver con un ladrillo, ya que no sirve para nada más que para calmar la ansiedad. Como quien a falta de pan come tortas, o quien a falta de una pareja sexual requiere instrumentos artificiales.

Las investigaciones de Clayton y su equipo parecen dar envoltorio científico a una realidad que a todos nos resulta común: el desasosiego cuando te dejas el móvil en casa o el sudor frío que te recorre la espalda cuando piensas que alguien te lo pudiera robar. Fallan, sin embargo, en ir más allá. Ni proponen salidas, ni se mojan, ni dan más soluciones que esta, bastante pobre viniendo de un científico: aconsejan llevar el móvil encima siempre (aunque en silencio), en esos momentos en los que se necesite especial concentración.

Resulta paradójico que una investigación que parecería alertar sobre los efectos perversos de la dependencia a nuestros gadgets nos acabe aconsejando no dejarlos nunca. Pero en un mundo como el actual, en el que a muchos niveles parece que somos incapaces de vivir sin estos aparatitos, tal vez sea la opción más prudente. Es muy difícil pensar que hubo un tiempo en el que ni siquiera existían. Y sin saber cómo, son parte de nosotros, como si nos hubiera crecido un miembro nuevo.

Ahora, igual que quien aprende a caminar de nuevo con una pierna ortopédica, nos toca aprender a controlarlo para que no se acabe volviendo contra nosotros.


Móviles: una extensión de nuestro cuerpo, pero también un reto para nuestro equilibrio mental



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