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¿Está cambiando la tecnología nuestra forma de tratar con la muerte?

Lutos en tiempos de Facebook, funerarias digitales y hasta cementerios interactivos. Los avances técnicos son capaces de transformar hasta el hecho humano más radical

La tecnología ha trastocado la manera de relacionarnos, de informarnos, de consumir e incluso de percibirnos a nosotros mismos. Pero lo que parece increíble es que también esté poco a poco transformando lo que determina la existencia humana de forma más básica y radical: nuestra relación con la muerte.

Los medios llevan tiempo advirtiéndonos de que aquel capítulo de Black Mirror que dejó a la mayoría con las tripas encogidas está más cerca de hacerse realidad de lo que pensamos. De hecho, ya es real. Si en aquel episodio, la protagonista podía chatear con su novio después de haber muerto, hoy la aplicación Eterni.me permite hacer casi lo mismo gracias a sofisticados algoritmos que reproducen el carácter del fallecido a partir de la huella digital que ha ido configurando en las redes.

Los adelantos tecnológicos siempre plantean una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto está el hombre preparado para asumir emocionalmente lo que es capaz de crear manualmuente? Si, además, dichos progresos técnicos se aplican a la muerte, la cuestión duplica su importancia:

¿Está cambiando la tecnología el modo de afrontar la desaparición de nuestros seres queridos?

Hace tiempo que el duelo se ha redefinido por culpa (o gracias, según se mire) de Facebook. Muchos perfiles de fallecidos permanecen activos por expreso deseo de su entorno más cercano. Allí se depositan condolencias y mensajes de apoyo, y allí se enteran muchos de la noticia. Porque las llamadas personales han dejado de tener cabida en el mundo incluso para estos casos. Algunos allegados, por su parte, encuentran en las redes sociales una forma de luchar contra el olvido, e incluso de sentirse acompañados en su sufrimiento. Ya ha páginas dedicadas a este fin,  como Virtual Graveyard, una especie de cementerio digital en el que sus visitantes comparten ofrendas virtuales, comentarios y anécdotas bajo el perfil de su ser querido.

Pero no sólo el duelo está abriéndose a nuevas formas de expresión. A no ser que vaya ligada a creencias religiosas, la muerte en ciertas culturas siempre ha sido un tema incómodo, casi tabú. Ahora, sin embargo, la comunicación digital está destruyendo esa barrera. “Una vez que se cae el tabú, sólo hay efectos positivos”, cuenta Elizabeth Meyer a la revista Newsweek.

Meyer es la creadora de Everplans, una plataforma digital que propone seguros de vida de una forma abierta, cómoda y funcional, incluso adorable. En las antípodas de los discursos sobrios y siempre  implícitos que manejan este tipo de empresas. “Ahora mis amigos me mandan links cuando ven una muerte en un programa. Se ha convertido en un tema de conversación normal. Esta industria está a punto de explotar”, cuenta.

La serie A dos metros bajo tierra revolucionó en su momento la forma de tratar con la muerte. Y logró que muchos, conversando mentalmente con sus personajes, lograran enfrentarse a una cuestión tan obsesiva como, por lo mismo, relegada al rincón más recóndito de nuestra mente. Hoy hay múltiples formas de toparse con ella cara a cara: desde páginas como Modern Loss, que funcionan como un  chat de apoyo, a dispositivos USB con forma de lápida en los que almacenar recuerdos y conversaciones para tenerlas a mano en cualquier momento.

Y si hay un símbolo relacionado con la muerte es el rito funerario. Los cementerios parece que siempre han estado ahí, en las afueras de los pueblos y las ciudades, con sus monumentos neoclásicos y polvorientos, sus cipreses, sus cuervos y sus responsos absolutamente reglamentados. Pues bien, al parecer, hasta eso está cambiando.

Según cuenta The Atlantic en un extenso reportaje, no pasará mucho tiempo hasta que nos acostumbremos a despedir a nuestros seres queridos de una forma totalmente distinta. Y la tecnología, una vez más, tendrá la culpa:

Existen cementerios que se alejan de la idea del recogimiento y la tristeza y prefieren plantear la muerte como un punto de encuentro ajeno al silencio y la sobriedad. El cementerio británico Arnos Vale no sólo ofrece clases de yoga y organiza comidas, también está experimentando con el concepto de funeral: su proyecto, Future Cemetery, apuesta por los ritos interactivos, en los que se escuche la voz del fallecido, se pueda hacer uso de la realidad virtual para reanimar digitalmente su cuerpo e incluso exista la posibilidad de seguir la ceremonia mediante aplicaciones móviles. “Todos sabemos que la muerte está en nuestro futuro. Nosotros tratamos de hacer ese futuro más visible”, afirma John Troyer, impulsor del proyecto, en The Atlantic.

Empresas como Funeral One ya ofrecen el servicio de streaming para aquellos que no puedan asistir o, simplemente, prefieran vivirlo de una forma más privada. Otras, como Quiring Monuments, implantan códigos QR en las lápidas, gracias al cual, al visitante se le despliega en su móvil un memorial digital y participativo.

Ya en el 2007 el New York Times anunciaba que la integración de la tecnología en las empresas funerarias supondría un boom comercial en el futuro. No se equivocaba.

El problema, una vez más, reside en el lapso temporal: los métodos y las alternativas avanzan mucho más deprisa que nuestras emociones. No sería extraño que, además de copiar el dispositivo, acabáramos también copiando la moraleja que se extrae de aquel capítulo de Black Mirror: a fuerza de querer experimentar con las formas de asumir la muerte de un ser querido, acabamos negándola.

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