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El tatuador que devolvió la confianza a las mujeres con mastectomías

El arte del tatuaje ahora también es medicinal. Desde su estudio de Maryland, Vinnie Myers ya ha tatuado más de 4.000 pezones a mujeres que sufrieron esa operación

Hay enfermedades que no afectan sólo al cuerpo, sino también al alma. Acostumbramos a pensar en las cicatrices como marcas dolorosas para la piel, pero nos olvidamos de lo mucho que esas mismas señales dolerán en la mente. Las mutaciones, los cambios y las manchas involuntarias son verdaderos problemas para el ánimo, y a veces pueden incluso resultar peligrosos, o acarrear más problemas. Afortunadamente la muestra y estudio de estos males son cada vez menos tabú y parece que la red ha propiciado la aceptación de muchas de ellas. A veces sólo con dar visibilidad a un problema, este puede terminar por normalizarse.

En la actualidad, una de las enfermedades más difíciles de superar y de olvidar es la del cáncer de mama. La historia de esta dolencia siempre ha venido ligada al cuerpo femenino y sobre todo a los resultados que produce en el aspecto de las mujeres. En esta lucha continua contra el cáncer, parece que poco a poco también se han ido ganando batallas. De hecho, recientemente se ha viralizado un pequeño documental de The New York Times en el que se cuenta cómo un tatuador estadounidense decidió enfrentarse a la enfermedad de las mujeres, tatuándoles un pezón sobre sus pechos operados.

Vinnie Myers se ha convertido así en “el artista de los pezones”, aunque también se le podría considerar como una especie de visionario en el mercado del tatuaje, o quizá como un salvador de aquellas mujeres que se sentían incómodas con su nuevo cuerpo. En el documental podemos ver cómo Caitlin Kiernan, una de sus clientas, conduce hasta su estudio de Maryland para que él le dibuje las dos nuevas areolas de color carne que terminarán por normalizar su aspecto después la doble mastectomía a la que tuvo que enfrentarse.

Feliz y ansiosa, Kiernan se levanta a las cuatro de la mañana para conducir hasta allí y no llegar tarde a su cita en el estudio Little Vinnie. Allí, Myers la estará esperando con las agujas preparadas y el motor de la máquina listo para tatuarle lo que significará la culminación de un largo y duro proceso. Al regresar a su casa, Caitlin Kiernan volverá a recuperar los pezones que perdió, además de la alegría de vivir.

Como en cualquier tienda de tatuajes, Little Vinnie tiene las paredes forradas de catálogos en los que el tatuador muestra su trabajo. Sin embargo, en este estudio hay una peculiaridad, y es que en una de las paredes lo que se muestra es un gran mapa de los Estados Unidos en donde cada chincheta marca el lugar del país desde el que una mujer ha viajado para someterse a este mágico tratamiento de tinta. Con más de 4.000 pezones tatuados, Vinnie Myers ha decidido dedicar la mayor parte de su trabajo a estas mujeres. Además colabora con algunas organizaciones de lucha contra el cáncer, e incluso con clínicas especializadas.

Puede que no se trate de una cura definitiva para la enfermedad, pero lo que sí es seguro es que esta idea es un paso adelante, un homenaje. Una manera de mirar al futuro sin miedo y con ilusión.

Recomendación vía LTW.

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