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A su hija le mandaron deberes totalmente sexistas, así que esta madre los reescribió

Esta madre se quedó horrorizada al ver el ejercicio totalmente machista y retrógrado que le habían mandado a su hija en la escuela, así que le dio la vuelta a la historia

oi oi

Como mujer, tendrías que estar en un coma inducido para que pasase un día en el que no te sintieras culpable por algo. Y puede que incluso así, en tus ensoñaciones comatosas una vocecilla te atormentase diciendo "Tú aquí tirada como un trapo y en casa tienes todo por hacer. Ah, y tenías spinnig a las ocho. Tu verás, pero ese culo no va a levantarse solo".

Que nosotras tenemos más sentimiento de culpa lo ha demostrado la ciencia en estudios como éste. Incluso alguno se ha atrevido a ponerle números al asunto: el 96% de las mujeres se siente culpable por algo al menos una vez al día.

Y esta culpa, esta vergüenza, este autofustigarse por todo, no nos nace del útero por arte de la magia hormonal. No es histeria, es aprendizaje. La culpa nos la enseñan en casa, en la calle y, por muy jodido que suene, también en el colegio.

Cuando Laynne Polvino se sentó a ayudar con la tarea a su hija Hazel la semana pasada, entre incrédula y horrorizada, esto fue lo que encontró. Un ejercicio en el que había que rellenar los espacios en blanco con la palabra más indicada. Las opciones correctas construyen una historia digna de un panfleto antifeminista de los años 60.

"Lisa no estaba feliz.

Su madre había vuelto a trabajar. Antes de que Lisa naciera, su madre trabajaba en una gran oficina. Ayer, ella le dijo a Lisa que iba a volver al trabajo.

La mañana fue terrible. Lisa tenía que llegar a la escuela a tiempo. Su padre tenía que llegar al trabajo a tiempo. Y ahora su madre también tenía que ir con prisas.

El padre de Lisa hizo el desayuno. No era demasiado bueno. Y le pidió a Lisa que lavara los platos. Eso tampoco le gustó.

A Lisa no le gustó su día en la escuela. En el camino a casa, pensó sobre ello. 'Me pregunto a qué hora volverá mamá a casa. Voy a estar sola en casa.

Pero entonces Lisa llegó a casa. Allí estaba su madre. 'Salí pronto del trabajo para que pudiéramos estar juntas después de la escuela", le dijo. Lisa ahora se siente bien".

La egoísta de mamá se empeña en trabajar.

A sabiendas de que papá es un inútil.

Y Lisa está triste y está sola porque mamá se va.

Papá también, pero él no tiene por qué sentir se culpable: es mamá la que la está abandonando por su estúpido puesto de trabajo.

"Me cabreó a tantos niveles... ¡y cada frase lo volvía peor!", explicó Polvino a Today. "Mi sorpresa y mi consternación se convirtieron rápidamente en indignación, quiero decir, ¿en qué década estamos? En esta época, vamos a decirles a los niños que las madres que trabajan fuera de la casa hacen que sus hijos y familias sean infelices? ¿Que los padres normalmente no hacen cosas como cocinar y lavar los platos?".

Así que Polvino decidió reescribir la historia.

"Lisa estaba feliz. Su madre había vuelto al trabajo.

Antes de que Lisa naciera, su madre trabajaba en una gran oficina. Como valoraban su gran contribución en su lugar de trabajo, su jefa le ofreció cerca de un año de baja por maternidad pagada y horarios flexibles al reincorporarse.

La mañana fue maravillosa. Lisa tenía que llegar a tiempo al colegio. Su madre tenía que llegar al trabajo a tiempo. Su padre estaba en casa con su baja paternal pagada, haciéndose cargo del hermano menor de lisa y contribuyendo a una igualdad a la hora de llevar las riendas del hogar. Nadie tenía que ir corriendo porque su papá lo tenía todo bajo control.

El Padre de Lisa hizo el desayuno. Estaba muy bueno. Y le hizo a Lisa lavar los platos, porque las personas funcionales tienen que aprender a limpiar y ayudar a otros.

A Lisa le gustó su día en la escuela. Disfrutó con su aprendizaje basado en el juego, en su clase con un profesor para pocos alumnos en su escuela pública. Sus profesores eran felices y tenían buenos sueldos. En el camino a casa pensó sobre ello. 'Me pregunto si algún día seré ingeniera como mamá, o profesora, u otra cosa, ¡Puedo hacer lo que sea!'.

Cuando Lisa llegó a casa, allí estaba su madre. Lisa había pasado la tarde en su programa de enriquecimiento educativo financiado por el estado, donde podía pintar y jugar con Lego. Ahora toda la familia estaba junta. Lisa estaba feliz de estar creciendo en una sociedad libre de prejuicios de género y misoginia.

Lisa ahora se siente bien".

Pero, un momento, ¿quién era la profesora?

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