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El tabaco ya sólo interesa a los pobres

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Todos los estudios coinciden en lo mismo: fumar tabaco es un lacra que sobrevive en países, ciudades y barrios pobres

Tomás Fullola

26 Marzo 2014 11:21

Hubo un tiempo en que fumar molaba. La propaganda del Hollywood de posguerra, unida a la explosión contracultural de los 50 y 60 con su legión de fumadores rebeldes, dio como resultado un inconsciente colectivo lleno de seductores malditos, galanes de fino bigote y mujeres fatales, todos con su cigarrito en la boca. Pero los tiempos han cambiado, y a estas alturas ya no hay tanto icono fumador, y que el tabaco es cosa mala es una idea bastante extendida y aceptada. Eso sí: la sensibilización sobre esta asunto difiere mucho del país en cuestión, y de la clase social a la que uno pertenece.

Esta semana el New York Times señalaba en un artículo que en Estados Unidos el número de fumadores ha sufrido un importante descenso desde los años 60. A pesar de esto, la disminución ha sido el doble de rápida entre quienes tienen estudios superiores. Igualmente ha tenido mucha más fuerza en las ciudades ricas de las dos costas que en los condados pobres del sur, por ejemplo. En ese mismo artículo, una mujer de Clay County, en Kentucky, le comenta a la reportera: “Siéntate y mira este aparcamiento un día entero. Si fumar es lo peor que pasa aquí, dale gracias a Dios”. De la misma manera en que la brecha social entre pobres y ricos se amplía, igual ocurre con la brecha sanitaria.

Lo mismo sucede si hablamos de países. El año pasado la OMS informaba de que casi el 80% de los mil millones de fumadores que hay en todo el mundo residen en países de ingresos bajos o medios. Margaret Chan, su directora, afirmaba en 2012 que "falta mucho para que la batalla termine [...] la cantidad de fumadores aumentará en el mundo en las próximas décadas, principalmente debido a la expansión de la población en países con ingresos bajos y medios".

Si uno lo piensa, es cuestión de lógica. Si nadie te dice que lo que haces te está haciendo polvo, o no tienes medida alguna para escapar de tu adicción, y vives en un entorno en el que fumar es una práctica común, seguramente también reproduzcas las conductas que ves a tu alrededor: la falta de oportunidades de ascenso social, el crimen o el mismísimo tedio existencial también son razones por las que aquellos países, poblaciones o barrios (entiéndase a la escala que se quiera) se ven más azotados por este tipo de problemas.

Una posible interpretación en la disminución del consumo de tabaco en los países occidentales podría apuntar hacia una verdadera influencia de las normas y la cultura popular: en la medida en que el tabaco desaparece de la gran pantalla y de la publicidad, y la aumenta la presión reguladora hacia el mismo, su consumo disminuye. Bien. El caso contrario lo veíamos hace poco en Alemania, donde la pandemia de la metanfetamina podría derivarse de productos culturales como Breaking Bad. También aquí Sergio Fanjul se interrogaba sobre los usos y costumbres del vapeador, y su posibilidad de implantación en nuestra sociedad como alternativa al tabaco, lo cual no sucedería hasta que el nuevo Humphrey Bogart o el nuevo James Dean le den al vapeo.

Mientras tanto, de lo que no cabe duda es de la necesidad de información y programas de salud para las clases desfavorecidas. A eso también se le llama hacer política.

El tabaco ya sólo interesa a los pobres

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