PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

¿Es este el peor trol en la historia de internet?

H

 

Videojuegos, acosos y balas: cuando el LOL te puede costar la vida

Luis M. Rodríguez

04 Diciembre 2015 16:38

Todo empezó como siempre empiezan estas cosas: Internet, un alias extraño, un primer mensaje que no esperas, un interés que crece y crece hasta convertirse en acoso...

Era 2013 y Janet pasaba sus días entre la facultad y el ordenador de su apartamento. La joven torontiana había descubierto el placer de jugar y ver jugar a videojuegos gracias a Twitch. Y fue allí, entre pipeos a otros y partidas propias, donde se topó por primera vez con los humos de Obnoxious.

¿Quién era aquel chico con ganas de guerra? ¿Qué quería de ella?

Cuando recibió los primeros mensajes, aquel desconocido sólo parecía un adolescente de modales rudos necesitado de atención. Nada fuera de lo normal. Otro chico con ganas de intimar, pensó ella. Otra forma de “jugar”. Aquello, sin embargo, pronto se convirtió en pesadilla.

Estaba demasiado asustada como para moverme. Sólo pensaba en bajar con las manos en alto. Tenía miedo de que pudieran dispararme

Una mañana de enero de 2014, Janet duerme plácidamente en casa de sus padres. Ha ido a pasar el fin de semana con ellos en busca de sosiego. La chica lleva varios días al borde del colapso nervioso por culpa del asedio al que está siendo sometida. Llamadas constantes a su móvil desde números desconocidos, mensajes de texto con amenazas explícitas...

A las 6:30 de la madrugada, Janet se despierta sobresaltada.

Al abrir los ojos ve a su padre haciéndole señas nerviosas para que baje inmediatamente al salón de la casa. Al asomarse a la escalera, Janet se encuentra con una escena que parece de película: cinco policías de las fuerzas especiales, parapetados tras sus chalecos antibalas y sus cascos, apuntan sus rifles de asalto hacia ella.

Janet había sido "swateada”. Y detrás de aquella “broma” estaba Obnoxious. Ella no era, ni mucho menos, su única víctima



‘‘Estaba demasiado asustada como para moverme. Sólo pensaba en bajar con las manos en alto. Tenía miedo de que pudieran dispararme. No bajaron la guardia hasta que les expliqué lo que había pasado”.

Janet había sido “swateada”. Y detrás de aquella “broma” estaba Obnoxious. Le bastó enseñar los mensajes de burla que aún estaban llegando a su móvil para que la creyeran.


La oveja más negra de la familia

En sus poco más de cuatro años de vida, Twitch se ha convertido en paradigma del éxito rápido en la red. El año pasado, un estudio de The Wall Street Journal colocaba al portal de gamers como la cuarta web más visitada de EEUU en horario 'prime time'.

Según datos de 2015, la plataforma cuenta con más de millón y medio de usuarios dedicados a retransmitir sus partidas y más de 100 millones de visitantes al mes. Y ese tráfico se traduce en dinero. Para la empresa, claro, pero también para los gamers que consiguen atraer a una cantidad suficiente de ojos. Y ya sabemos que donde hay dinero...

... hay envidias, e intrigas, y crimen.



Janet se acercó a Twitch siguiendo la recomendación de una amiga, y pronto descubrió que aquello le resultaba adictivo. Podía jugar a los juegos que le gustaban y, de paso, construir una audiencia con la que interactuar, una especie de familia al otro lado del cristal.

Cuando llegó a sumar sus primeros 10.000 seguidores, Janet empezó a ver números negros en su cuenta bancaria. Usaba lo que ganaba para comprar sus libros de texto, comida... Pero además de esa pasta fácil, a la joven le atraía la idea de comunidad, la sensación de estar rodeada de amigos.

“Llegas a conocer cosas sobre ellos y sobre sus vidas”, cuenta la chica en NYT. “Y puedes compartir cosas y momentos divertidos con ellos. Se convierten en parte de tu vida”.

Eso es lo que pasó con Obnoxious. El tipo se acabó colando en su vida. Pero él no se comportaba como un simple amigo de la red, sino más bien como ese ex novio psicótico que no para de hacerte la vida imposible por... ¿placer?

Janet no sabía cómo detener el acoso. Y no estaba sola. Las víctimas de Obnoxious se contaban por docenas.

Entre 2013 y el pasado verano, Obnoxious 'swateó' a más de tres decenas de personas, casi todas mujeres alrededor de la veintena



Amenazas y neologismos

Internet es un terreno abonado para el hombre resentido que descarga sus frustraciones insultando o ridiculizando al sexo contrario, y el mundo de los videojuegos está lejos de ser un espacio libre de misoginia. No hay más que recodar la que se lío alrededor del GamerGate.

Normalmente, los moderadores de Twitch ayudan a mantener a raya el agravio verbal dentro de la plataforma. Pero lo de Obnoxious era otra cosa.

Tras su detención, Obnoxious se enfrenta a cuarenta y seis cargos criminales, incluyendo los de acoso, amenazas de muerte, extorsión y vandalismo.

Su manera de llamar la atención de las chicas no era insultar, sino causar otro tipo de daño.

A través de ataques de denegación de servicios (DDoS), el chico interfería en la conexión a internet de sus víctimas, casi siempre mujeres en torno a los veinte años, hasta dejarlas offline durante horas. Con esa acción, Obnoxious estaba hackeando no sólo el placer de las gamers, sino también su bolsillo.

Sin conexión no había partidas, sin partidas no había fans mirando, y sin expectadores no había dinero para ellas. Esa era su poder para “negociar”.



Aquellas mujeres siempre acababan recibiendo el mismo tipo de mensaje: “Te estoy haciendo DDoS ahora mismo. Si quieres que pare, agrégame a Skype, y hablemos sobre ello”.

Cuando las jóvenes accedían, se encontraban con un adolescente maniático y depresivo que tenía, sobre todo, ganas de hablar.

Según las estimaciones del FBI, en EEUU se vienen provocando unos 300 'swateos de broma' al año

Obnoxious no tenía reparos en contar parte de su historia. Creció en Canadá, su padre le golpeaba y abusó de él. Cuando cumplió 16 años, estuvo al borde del suicidio. Le gustaba jugar a RuneScape, ver porno de dibujos animados y había desarrollado una cierta obsesión fetichista por Taylor Swift.

Al principio, Obnoxious se conformaba con chatear. Con el tiempo, iban llegando demandas más extrañas: hacerse selfies sosteniendo un cartel con su nombre, fotos de sus pies, fotos en las que aparecieran desnudas... Cuando las chicas se negaban, empezaba el acaso.

A veces, las amenazas eran directas.



Otras veces, Obnoxious se apropiaba de perfiles ajenos —normalmente, de amigos de las víctimas— para lanzar desde allí su bilis mientras se jaleaba a sí mismo.



El cénit de sus campañas de acoso adoptaba dos formas: podías ser “doxeado” —ver tu información personal publicada sin tu consentimiento en la red para que cualquiera pueda explotarla con fines abyectos—, y podías despertarte en mitad de la noche encañonado por una decena de robocops que han entrado por la fuerza en tu casa pensando que eres un asesino peligroso, o un terrorista, que tienes rehenes, o explosivos...

El 'swateo' encierra un peligro real para la víctima: en más de una ocasión, estas bromas han acabado de forma accidental en tiros

El swatting es como una versión psicótica de ese clásica broma consistente en mandar 20 pizzas sin pagar a la puerta de tu rival de turno. En vez de repartidores, te sirves de llamadas anónimas y acusaciones falsas para enviar a las fuerzas especiales a la casa, la clase o la oficina de la persona a la que quieres “trolear”.

Y existe un peligro real: en más de una ocasión, estas bromas han acabado a tiros, con heridos de bala en ambos lados —a veces es un inquilino nervioso el que dispara primero a esos extraños que intentan entrar en su casa—, e incluso con víctimas mortales.




A pesar de los riesgos, la popularidad del swatting no ha dejado de crecer en los últimos años. Según estimaciones del FBI, en EEUU se vienen provocando unos 300 “swateos de broma” al año, y cada una de esas operaciones puede llegarle a costar hasta 10.000 dólares a las arcas públicas.

Por si quedaban dudas de su celebridad, este mismo verano la práctica ha sido reconocida con la inclusión del verbo swatting en el Diccionario Oxford.

Reincidencia y caída.

Tarde o temprano, quien no accedía a los deseos de Obnoxious acababa swateado. Entre 2013 y el pasado diciembre, el canadiense realizó más de una treintena de llamadas fraudulentas a servicios de seguridad norteamericanos que acabaron en operaciones de asalto. Según las autoridades, la cifra le convierte en el mayor 'swateador en serie' de la historia de internet.

Esa actividad se acabó traduciendo en cuarenta y seis cargos contra él, incluyendo los de acaso, realizar amenazas de muerte, transmitir información falsa con la intención de crear alarma, extorsión, vandalismo y delitos contra la propiedad. Toda una carrera criminal que empezó de manera casual en Twitch, lugar para gourmets del voyeurismo videojueguístico.



Tras su detención, Obnoxious tuvo varios encuentros con psicólogos y psiquiatras, y todos confirmaron que su comportamiento tenía mucho que ver con una infancia marcada por un padre abusivo y una madre con problemas mentales.

Los informes señalaban que no había arrepentimiento. "Su descripción del placer que obtiene causando humillación y daño... sugiere la existencia de rasgos psicopáticos emergentes bastante significativos".

El pasado verano, Obnoxious fue condenado a pasar 16 meses en la cárcel. Aplicadas las rebajas por el tiempo que pasó retenido a la espera de juicio, saldrá de prisión el próximo mes de marzo.



Lo cierto es que no fue fácil encausarle.

Primero, por la dificultad de la policía estadounidense para acceder de forma legal a un ciudadano canadiense —creyéndose impune, Obnoxious llegó a tuitear cosas como ‘‘UNTOUCHABLE’’ o ‘‘UNEXTRADITEABLE”. Y luego, porque la ley aún está decidiendo cómo tratar el swatting a nivel procesal.

Que alguien mande al SWAT a la puerta de tu casa para echarse unas risas a costa de tu miedo, ¿es un tipo de fraude? ¿Es robo de identidad? ¿Ciberterrorismo? ¿Es simplemente una trastada? ¿Un prank?

Como pedía Libby C. Watson hace poco desde las páginas de NY Mag, igual va siendo hora de reclamar la palabra “trolling” de vuelta a su sentido original, alejarla de este tipo de acciones. Porque, sea lo que sea a nivel jurídico, el swatting no tiene ni puta gracia.


Loading the player...

¿Trol de internet o criminal misógino?

(Vía NYT, CBC, Otawa Citizen, FBI)

share