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Historias reales de enfermedades imaginarias

Suzanne O'Sullivan publica 'Todo está en tu cabeza' (Ariel), un retrato sorprendente de las enfermedades psicosomáticas

—Fotografías de Kyle Thompson

En la mitología griega, Casandra, la hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya, tenía un poder muy curioso: ella era capaz de predecir el futuro, de adelantarse a los hechos, de conocer la verdad antes que nadie.

Eso que para muchos podría suponer una bendición, para ella era más bien una maldición . A Casandra, a pesar de sus acertadas predicciones, nadie la creía, y por mucho que se esforzara en demostrarlas, todos la tomaban por loca.

Para la neuróloga británica Suzanne O’Sullivan, el mito de Casandra se parece mucho a los problemas a los que se tienen que enfrentar las personas que sufren trastornos psicosomáticos. Como ella señala: “su sufrimiento es real, pero tienen la sensación de que nunca les creen”.

Todo está en tu cabeza

Un trastorno psicosomático es cualquier síntoma o molestia que no se puede encajar en ninguna tabla de clasificación fisiológica, es decir, que no puede identificarse con ninguna enfermedad conocida, y por ello se termina relacionando con alguna causa de origen psicológico.

O’Sullivan no es psicóloga, pero el trato con pacientes que sufren este tipo de trastornos se ha convertido en su especialidad.

La doctora ha publicado un libro, Todo está en tu cabeza (Ariel), en el que cuenta algunas de sus experiencias con estos casos, no ya para retratar los distintos tipos, sino para tratar de visibilizar una enfermedad que hoy sigue considerándose inaceptable.

La neuróloga quiere dejar claro desde las primeras páginas cuál es su postura. Si nuestro cuerpo reacciona ante emociones sencillas: nos sonrojamos cuando sentimos vergüenza, temblamos cuando tenemos miedo, lloramos cuando estamos conmocionados, palpitamos cuando estamos nerviosos…

¿Por qué negar que otra clase de cuestiones relativas a nuestra psique podrían repercutir directamente, y con mucha fuerza, en nuestro organismo?

Esa es una de las cosas más difíciles de aceptar para los pacientes: reconocer que el origen de su dolor está en su cabeza, y no en el órgano afectado.

Muchas veces, la capacidad para tratar este dolor se encuentra en la predisposición del propio doliente a ordenar su mente, a llegar al fondo del problema con ayuda de un especialista.

Suzanne O'Sullivan, que muchas veces ha sido llamada "la Oliver Sacks de las enfermedades psicosomáticas", por su enorme talento para narrar detalladamente cada relación con sus pacientes y cada una de sus emotivas historias, también recuerda en Todo está en tu cabeza a Siddhartha Mukherjee, autor de El emperador de todos los males.

Tanto la neuróloga como el aclamado oncólogo son capaces de relatar los miedos de sus pacientes y con ellos, también, los suyos propios. Y O'Sullivan sabe que no hay nada más difícil que superar la enfermedad propia, ¿pero cómo superar aquella enfermedad que ni siquiera sabemos si existe?

Enfermedades como recuerdos

De entre las historias narradas en su ensayo, la más sorprendente quizá sea la primera, la de Pauline. Esta mujer llevaba toda la vida sufriendo parálisis en las piernas, dolor abdominal, hinchazón de cintura para abajo de su cuerpo y varias infecciones gastrointestinales.

Pauline estaba desesperada. Desde adolescente sentía un malestar profundo, y a veces todas esas cosas no le dejaban seguir con su vida, ser completamente feliz. Hasta que un día se topó con Suzanne O'Sullivan y le aseguró que todo aquello que sufría no lo provocaba otra cosa más que su propia mente.

A la paciente le costó mucho reaccionar. ¿O'Sullivan la estaba llamando loca? ¿Le acusaba de inventarse años y años de dolores? ¿Le estaba diciendo que unas simples visitas a un psicólogo curarían algo que ella notaba tan físico, tan real, tan dañino?

No estaba loca, desde luego. Pero tras varias pruebas y análisis de resultados, Suzzanne O'Sullivan estaba convencida de que aquellos problemas tenían que venir de algún lugar oculto en la mente de Pauline. Y después de varias sesiones con el psicólogo: así fue.

Resulta que en su infancia, Pauline había conocido la historia de un tío lejano suyo que había abusado sexualmente de una de sus primas pequeñas. Desde entonces, y aunque Pauline jamás lograra asociarlo a ese trauma, la parte inferior de su cuerpo continuó manifestando su miedo.

Aunque nunca se lo llegó a reconocer a O'Sullivan, la madre de Pauline sí que manifestó lo feliz que estaba al haber notado mejorías en su hija. A raíz de aquellas sesiones y de aquellas charlas, los espasmos no habían vuelto y el dolor disminuía.

La enfermedad de Pauline no era imaginaria. Era completamente real. Sin embargo, su realidad existía en un lugar distinto al que ella y otros médicos que le habían tratado pensaban. Su enfermedad era un recuerdo.

Como la troyana Casandra, ni Pauline ni los otros 7 protagonistas de los relatos de Todo está en tu cabeza van a ser libres de su destino . Están condenados a un dolor del pasado, que se sigue reproduciendo en el presente y que, lo más probable, construya su futuro.

Sólo de ellos depende tener la fuerza suficiente para afrontarlo, para buscarlo, para acabar con él. O como relata O'Sullivan a propósito de uno de los pacientes más hipocondríacos con los que se ha cruzado:

"A Daniel le gustaría hacerse otro escáner antes de ver al psicólogo. En cierto modo, entendí qué había ocurrido. En la fría luz del día, sentado conmigo en mi consulta, con su radiografía normal en la pantalla del ordenador, Daniel consiguió creer, al menos por el momento, que todo estaba bien. Pero solo, en plena noche, en medio de la oscuridad, tendría que transcurrir mucho tiempo antes de que pudiera mantener su ansiedad a raya."

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