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El surfero que cambió nuestra perspectiva del mundo

Así es como el creador de GoPro se ha convertido en uno de los milmillonarios más jóvenes del mundo. Lacoste te trae este contenido

Pocos segundos antes de iniciar su salto estratosférico, Felix Baumgartner miró las llanuras de Nuevo Méjico desde 38 kilómetros de altura y dijo: “ojalá pudieseis ver lo que estoy viendo”. Quince meses después de su hazaña, más de 13 millones de personas han podido disfrutar de esas increíbles vistas en YouTube. Todo gracias a las siete cámaras GoPro que llevaba instaladas en su traje.

El salto de Baumgartner es una metáfora perfecta de la peripecia vital de Nick Woodman, creador de GoPro: en poco más de diez años ha pasado de cerrar su primera start-up a ingresar en la lista de milmillonarios más jóvenes del mundo.

En 2001 Woodman cosechó el primer gran fracaso de su vida: Funbug. El servicio de juegos online que había fundado quebró, y por ahí se fueron cerca de tres millones de euros de sus inversores. Para aclarar sus ideas, inició un viaje de 5 meses por Indonesia y Australia con el único propósito de surfear. Tenía que ser su última gran aventura antes de sentar la cabeza para siempre: cuando volviese a California tendría una idea que cambiaría nuestra manera de ver el mundo.

Desde que había empezado a surfear en el instituto, la obsesión de Woodman había pasado por capturar sus experiencias con las mejores imágenes posibles. De esta necesidad surgió el concepto de una cámara ligera y resistente apta para actividades excitantes.

Woodman viaja a Indonesia

Fue en un cochambroso ferry en las Islas Mentawai en Indonesia donde conoció a un joven americano llamado Brad Schmidt. Los dos compartían la pasión por el surf y la fotografía, y Woodman le mostró un artilugio que había construido con restos de una tabla de surf y una correa de goma para poder atar una cámara Kodak desechable a su muñeca. Tras sus conversaciones con Schmidt, regresó de su viaje convencido de que debía comercializar una cámara, una carcasa de plástico y un método de sujeción en un solo pack. La semilla de GoPro estaba lista para florecer.

De regreso a Moss Beach, a pocos kilómetros de las colinas de Silicon Valley, Woodman se encerró en una habitación a orillas del Pacífico para construir sus primeros prototipos. Cuando no estaba cosiendo viejos trajes de neopreono y agujereando plásticos, rastreaba la red buscando una cámara que pudiera licenciar y modificar a su antojo. Encontró un modelo de 35 mm fabricado en China por una empresa llamada Hotax, y les mandó sus carcasas de plástico y 5.000 dólares. Pocos meses después vendía su primer producto en una feria de deportes de aventura de San Diego.

Durante su primer año en el mercado, y con Woodman como único empleado, GoPro facturó 250.000 euros. Sin embargo, su mejor decisión no tuvo que ver con la estrategia comercial, sino con su campaña de imagen: a medida que iba desarrollando nuevos prototipos, Woodman se los mandaba a Schmidt, que seguía deambulando por el mundo. Schmidt experimentaba con la cámara mientras surfeaba y practicaba otros deportes de aventuras y mandaba todo lo que grababa de vuelta para que su amigo lo utilizase como material de marketing. Fue entonces cuando Woodman se dio cuenta de que, si la cámara caía en las manos adecuadas, las imágenes espectaculares harían el resto.

¿La mejor campaña? Nada de spots

En vez de hacer anuncios, Woodman regaló cámaras a todos los atletas extremos que conocía, ya fueran snowboarders, surferos o saltadores B.A.S.E. El metraje que rodaban era tan bueno que los comentaristas de YouTube dudaban de su veracidad. Las imágenes en alta resolución y con punto de vista panorámico que captaba la GoPro convertían a cualquier persona en protagonista de una película de acción sin tener que desembolsar grandes cantidades. Aprovechándose de la evolución del vídeo digital, Woodman había conseguido que una cámara minúscula y extremadamente ligera grabara imágenes con la calidad de una película comercial.

La popularidad de la cámara entre los deportistas extremos se multiplicó, y con ello la fascinación de los usuarios por el material que filmaban. Por primera vez, cualquiera podía ver en primera persona lo que es surfear una ola de cinco metros en Hawai, descender por una cascada con una canoa o tirarse de un precipicio en paracaídas.

El principal signo distintivo de GoPro ante sus competidores es la versatilidad de su sistema de montaje, que permite fijar la cámara sobre cualquier cosa. La cámara se ha usado para grabar operaciones quirúrgicas complicadas, conciertos de rock y documentales de pesca. El ejemplo más reciente de ello es un vídeo subido hace dos semanas en la que una cámara era adherida al pico de un pelicano que aprende a volar. Una vez rodadas las imágenes, puedes crear una película con el software gratuito de la compañía.

Ya sea en manos de atletas extremos profesionales o de aficionados a la aventura, GoPro se ha convertido en una poderosa herramienta de expresión. El contenido que genera escapa de la norma y es impactante. Y no hay nada que guste más a Internet que esto. Desde marzo de 2009, los más de 600 vídeos que ha posteado la compañía en su canal de YouTube han generado más de 440 millones de visionados. Los usuarios son aún más prolíficos: entre 2012 y 2013 el número de vídeos subidos con “GoPro” en el título aumentó un 60%. Estas cifras sirven para ilustrar la evolución de su modelo de negocio. Además de vender cámaras, GoPro se ha convertido en una productora de contenidos poco convencional.

La compañía tiene un departamento de 20 personas dedicado a editar y distribuir material generado por los usuarios. Cada día suben a su canal de YouTube el “vídeo del día”. Así sea material grabado por un atleta profesional o un usuario anónimo, el equipo lo monta, añade una banda sonora llamativa e inserta el logo de GoPro al principio y al final del vídeo. De este modo, la compañía produce un nuevo anuncio diario a coste cero. Uno de los más recientes es el vídeo del rescate de una familia de ciervos atrapada en el hielo. En poco más de dos semanas ha acumulado 3 millones de visionados.

Hacia una nueva religión

El mejor activo de la compañía es que está generando una cultura a su alrededor a partir de una comunidad de fans devotos. Su principal ventaja justamente pasa por su inagotable capacidad de generar contenidos: basta con que el dispositivo caiga en las manos adecuadas para asombrar al mundo.

Actualmente, el canal de YouTube de GoPro le reporta poco más de un 1.2 millones de euros anuales a la compañía. Todavía es un porcentaje minúsculo si lo comparamos con la facturación que generan sus cámaras, que sigue doblándose a cada año que pasa. Pero todo apunta que su potencial como fenómeno cultural tiene un recorrido infinito. Es lo que tiene mostrarnos el mundo desde una perspectiva única.

Atrévete a dar el salto. #LiveBeautifully

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