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Un superviviente de la masacre noruega escribe en defensa de Anders Breivik

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Tras la polémica levantada por el veredicto favorable al asesino Anders Breivik, un superviviente de la masacre, Bjorn Ihler, sale en su defensa. Y lo hace con esta columna

PlayGround

22 Abril 2016 18:24

El 20 de abril la justicia noruega condenó a Noruega por violar los derechos humanos del terrorista Anders Behring Breivik.

El juez decretó que las condiciones de aislamiento en las que vivía Breivik habían quebrantado sus derechos. Breivik fue el responsable, en 2011, de la matanza de 77 personas, en su mayoría adolescentes, en una jornada sangrienta que comenzó con un coche bomba en instalaciones del gobierno en Oslo y acabó con un tiroteo en un campamento de verano que se celebraba en la isla de Utoya.

Muchos argumentarán que alguien que ha sido capaz de perpetrar tan horrible crimen no merece ningún tipo de clemencia. De hechos, muchos son los que se preguntan por qué deberían protegerse los derechos humanos de un asesino masivo que, además, nunca se ha arreptentido de sus actos. Pero la justicia noruega ha demostrado lo contrario. Y muchos ciudadanos del país apoyan la decisión. Incluso entre aquellos que vivieron el horror provocado por Breivik en sus propias carnes.

Bjorn Ihler, uno de los supervivientes de la masacre, ha escrito esta columna en Quartz en el que explica por qué la sociedad debe apoyar el veredicto judicial. Recogemos aquí algunos de los fragmentos más relevantes.

Sin duda, uno de los mayores retos que plantean este tipo de casos es este que resume Ihler:

¿Podríamos ver incluso a nuestro peor terrorista como un ser humano, digno de los derechos humanos fundamentales y la igualdad que ofrece a todas las personas a los ojos de la ley?

A lo largo de los años, muchos han intentado deshumanizar a Breivik. A menudo se refieren a él como un monstruo e incluso hay gente que rehusa a pronunciar su nombre o pide su muerte, pese a que la pena de muerte está prohibida en Noruega

Estas actitudes son extrañas en un país como Noruega, que cuenta con un sistema de prisiones basado en la rehabilitación y en donde solo el 20% de los reclusos vuelven a prisión después de ser liberados.

En la isla de Utoya Breivik nos deshumanizó. Se vio a sí mismo como superior a nosotros. Esto le permitió racionalizar el hecho de matar a niños o a cualquier persona. Yo, en su lugar, voy a defender nuestra humanidad compartida y defenderla. Breivik cambiará la forma en la que como nación tratamos a los seres humanos.

La deshumanización es el centro de todas las formas de extremismo. Lo vemos en las narrativas que apoyan genocidios, así como entre los grupos extremistas como el Estado Islámico, el Ku Klux Klan y otros grupos de extrema derecha. (...) Vemos los continuos efectos perniciosos de la deshumanización en el lenguaje utilizado por algunos para referirse a los migrantes, los inmigrantes, los musulmanes, los mexicanos y las minorías.

He aprendido que el arma más importante de una sociedad en la lucha contra el extremismo y el terrorismo es demostrar constantemente su compromiso con el tratamiento justo y equitativo de todas las personas. Nuestro tratamiento de las personas que son menos poderosas en nuestras comunidades, entre ellos presos, es la mejor manera con la que podemos demostrar lo equivocado que es tratar a un ser humano como menos dignos que otros. Cuando incluimos a quienes se sienten marginados y les mostramos que pertenecen a algo, sin distinguir entre nosotros y ellos, estamos combatiendo la rabia y el aislamiento que fomentan el extremismo.

Ihler lanza un último mensaje:

Nunca debemos abordar el terrorismo con ingenuidad. Pero hay que desafiar a los que tratan de despojar a otros de su humanidad reafirmando que todas las vidas tienen el mismo valor.


[Vía Quartz]

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