PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Testimonios reales de emprendedores que fracasaron

H

 

Te contamos la historia de emprendedores que lo pasan mal por vivir su sueño. Y no se han hecho millonarios (aún)

Rafa Martí

02 Julio 2015 06:00

Ali Messe (izquierda) en la playa de Kho Phi Phi (Tailandia) con su pareja

Si quieres dejarlo todo porque te aburre tu vida y quieres montártelo por tu cuenta, Ali Mese tiene algo que contarte. Tenía un buen trabajo, pero no cumplía sus sueños. Odiaba su vida. Y un día escribió esta carta a su madre:


“Mamá, lo odio. Todos estos consultores pretenden ser felices tomando antidepresivos. Solo logro dormir entre 3 y 4 horas al día. Todos los beneficios que mi empresa me prometía no existen. ¿Recuerdas el último hotel de cinco estrellas? Trabajo casi 20 horas al día y ni siquiera lo disfruto. ¿Desayunos increíbles? No tenemos nunca tiempo para eso. Y para comer, un sándwich delante de mis malditas hojas de Excel".


"Por cierto, en lugar de beber champagne me quedo trabajando con mis hojas de Excel en mis vuelos en business. ¿Y mi salario estratosférico? No he podido disfrutar ni un solo céntimo de él. Odio mi vida, mamá. Es una vida de perdedor. No veo ni a mi novia. No puedo fingir más. Quiero comenzar mi propio negocio.

Ali Mese y su pareja en Filipinas

Por su trayectoria y formación, no fue el típico que al día siguiente de dejar el trabajo se fue de vacaciones. Al contrario, se puso las pilas para ser un nuevo Zuckerberg. Tampoco lo pretendía, pero es lo que la gente esperaba de él. Comenzó a perder a sus amigos: sentía una enorme soledad e incomprensión por gente que esperaba que él fuera el fundador de la startup del momento, en tan solo unos meses.


Se apartó de sus amigos; se quedó sin dinero. Confiesa que tuvo que pedirle unos céntimos a su novia para poder comprarse una botella de agua. El dinero le voló mucho más rápido de lo que había esperado, y eso que tenía ahorros. Sí, el mismo chico que dormía en hoteles de cinco estrellas y que no contaba los ceros en su cuenta corriente.


Después de dos años ha conseguido algo: tiene su propia startup pero no es millonario. Reconoce que puede vivir con los ingresos que tiene y trabajar desde cualquier lugar del mundo con wi-fi. Pero duerme menos que cuando trabajaba en la multinacional, gana menos dinero y ha estado a punto de perder a su novia.


Si quieres ser rico, olvídate de tus sueños. Y si quieres cumplir tus sueños, olvídate de ser rico




La conclusión de Mese es sencilla: si te quieres lanzar a emprender, ten muy claro a lo que vas. Trabajarás 80 horas semanales para dejar de trabajar 40 para una compañía. Al menos lo harás por ti. Pero nadie te garantiza el éxito y, si este llega, no será fácil.


Como dice John D. Spooner en su libro “Nadie nos dijo esto: dinero y lecciones de vida para jóvenes adultos”, si quieres ser rico, tendrás que renunciar a tu vida personal. A no ser que heredes. Por otro lado, si quieres vivir la vida deberás trabajar menos, pero gastarás más y al final no tendrás dinero para hacer lo que quieras. Así que busca la balanza.



Pablo Olóndriz también es un emprendedor. Y su vida no es tan divertida como en apariencia pudiera ser o se hubiera imaginado. Como Mese, reconoce que ser emprendedor es una desgracia. O si no una desgracia, no es ni mucho menos lo que se pensaba cuando se lanzó a la aventura.


Cansado de un trabajo común en Barcelona, decidió vender todo lo que tenía y coger un billete de ida a Malasia. Pasó unos meses en la isla paradisiaca de Langkawi. Junto a sus ahorros, durante todas las semanas encontró trabajos que le permitieron ir tirando, y no tuvo ninguna preocupación. Excepto el futuro.


Viajó a otros países con lo que iba ganando. Se retiró incluso a meditar a un monasterio budista. Luego se enamoró de una chica y terminó en Omán. Allí sobrevivir no fue tan fácil como en el Sudeste asiático, así que cuando se acabó el dinero, y luego la relación, decidió que era momento de volver y poner en práctica todo lo que ha aprendido en esos meses viajando: decidió montar una startup.



Pablo Olóndriz en Malasia

Han pasado dos años desde que ha vuelto. Ha intentado varios negocios on-line, sin dormir y sin ingresos. Ninguno ha funcionado. Finalmente ha terminado en un trabajo en el que, reconoce, gana bastante menos de lo que ganaba antes de irse de viaje.


“Si me hubiera quedado en Barcelona, ahora tendría una situación económica muchísimo mejor. Porque hubiera tenido todo ese tiempo y dinero que gasté. Pero para mí no fue un gasto sino una inversión. Para mí han sido mucho más útiles las vivencias que el dinero que pudiera tener ahora”, dice.


Pablo no espera ser millonario y, a pesar de todos los fracasos, cree que siendo emprendedor llegará un día en el que lo consiga: quizá no soy millonario, pero viviré muy bien.


Cumplir un sueño puede convertirse en una pesadilla




share