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A la caza de la sirvienta: la esclavitud moderna abre cuenta en Instagram

El polémico perfil, creado en Kuwait, pretendía dar busca y captura a las trabajadoras domésticas que huyen de casa de sus amos

"Nuestros siervientes huyen y entran a trabajar en otras casas sin que la gente sepa que han huido. No creo que ninguno de nosotros dejara trabajar en nuestra casa a un sirviente que está huyendo. Intentaremos ayudar a cualquiera que sufra este problema. Si se le ha escapado su sirviente, no dude en enviarnos su foto".

Así se presentaba la cuenta de Instagram —creada en Kuwait— Mn7asha (en castellano, "fugados"), cuyo propósito consistía en subir imágenes y datos de trabajadores domésticos que se habían escapado de sus respectivas casas. En sólo un día de vida, Mn7asha acumuló 3.000 seguidores y más de 80 imágenes de inmigrantes "fugados", en las que se detallaba su raza, la familia kuwaití para la que trabajaban, la fecha en la que se marcharon y algunos detalles físicos del sujeto.

El pasado sábado, la cuenta fue cancelada, probablemente por las denuncias anónimas que recibió, pero no porque fuera estrictamente ilegal. Todo lo contrario: en Kuwait, este tipo de prácticas, además de perfectamente legales, se interpretan como un servicio social.

¿Esclavitud moderna?

La ley kuwaití de los patrocinios (que funciona en casi la totalidad de Oriente Medio) establece que los trabajadores inmigrantes están sujetos de por vida a la voluntad sus empleadores. De ellos depende su visado (que pueden cancelar cuando les plazca) y sus derechos laborales. La dimisión no se contempla. Si un empleado sujeto a esta ley decide marcharse, es automáticamente deportado, e incluso el gobierno de Kuwait ha pedido en numerosas ocasiones a la embajadas que no les den asilo.

La cuenta de Instagram incluso recomendaba a los jefes de empleados a la fuga que acudieran directamente a la policía o al Departamente de Inmigración. De esta forma, el sujeto no podría salir de las fronteras del país y su jefe no tendría que correr con los gastos que supone traerlo de vuelta a su casa.

Las denuncias internacionales por abusos, humillaciones y explotación se repiten con frecuencia. El pasado otoño, una mujer de Kuwait mató y enterró a su asistenta en el desierto tras una discusión. E ntre el 80 y el 90 % de la mano de obra en estos países es inmigrante y, curiosamente, sus gobiernos se sienten orgullosos de proclamar que son ellos los que mantienen la economía nacional a flote.

Sin embargo, este discurso esconde una poderosa paradoja: mientras se habla de las bondades del trabajo inmigrante, se alerta a la población de Oriente Medio de los "peligros" que acarrean los ciudadanos de otros países y se les insta a tomar las precauciones pertinentes. En Mn7asha, sólo unos pocos comentarios críticos se preguntaban si estos trabajadores no habían huído por no haber soportado más los maltratos. El resto, se mofaba del aspecto de los retratados, caía en tópicos racistas y alertaba de la potencial peligrosidad de estos fugitivos.

Amnistía Internacional y numerosas organizaciones civiles llevan años alertando de estas dinámicas de esclavitud moderna, pero ninguna reforma legal en estos países se acerca mínimamente a la abolición de la ley de los patrocinios.

"Una etíope que trabajó para mí un mes y medio y después se escapó".

"Sammia Muhammad se escapó de casa en marzo y ya ha sido denunciado. Su permiso de residencia expira en febrero".

"Sirvienta de Sri Lanka, ('Krishma') se escapó hace tres meses".

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