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Los vecinos de Barcelona montan un sindicato contra los abusos del alquiler

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¿Una huelga de inquilinos? Hartos de los precios, proponen repetir la medida que ya se dio en 1931

Germán Aranda

09 Mayo 2017 18:48

Aunque parezca una moda reciente, en el año 1931 Barcelona ya tenía la vivienda más cara de Europa en relación a su poder adquisitivo.

Los inquilinos decidieron unilateralmente bajarse el precio de alquiler un 40% y que los desempleados dejasen de pagar en lo que se conoció como "la huelga del alquiler", según cuenta el historiador Manel Aisa en La huelga de alquileres y el comité de defensa económica

Han pasado 86 años, miles de avances tecnológicos (televisión en color, Internet, Airbnb...), decenas de Ayuntamientos, una dictadura, una Transición a la democracia, unos Juegos Olímpicos y cada vez más millones de turistas...Y el problema persiste o ha vuelto con más fuerza, hasta el punto de que la idea de una huelga de inquilinos vuelve a planear sobre la ciudad.

Por ahora, decenas de barceloneses han creado el Sindicat de Llogaters (inquilinos) para luchar contra los abusos de los propietarios e intermediarios en los alquileres.

Uno de los portavoces, Jaime Palomera, deja la puerta abierta a esa opción al responder de manera críptica a la pregunta sobre una posible huelga: "Utilizaremos todas las medidas a nuestro alcance". Suena a pequeña amenaza.




Tres quejas y peticiones:

La primera queja de los inquilinos son los precios excesivos, motivados en muchas ocasiones por los cobros abusivos de intermediarios como inmobiliarias o fondos de inversión, así como por la proliferación de pisos turísticos. Contra eso, los sindicalistas piden poner un tope a los precios o que el índice de referencia de los precios de alquiler sea vinculante como sucede en Berlín.

Su segunda preocupación es la inestabilidad en los contratos. Desde el sindicato denuncian que los inquilinos se sienten desprotegidos ante la "flexibilidad" del mercado del alquiler y piden un cambio en la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) que proteja a los arrendatarios con contratos más sólidos y estables.

Por último, denuncian el deterioro material de las viviendas, en muchos casos "deliberado", según relatan. Contra este y otro tipo de "violencia inmobiliaria", piden una mayor persecución. 

El sindicato será presentado al público este viernes en el barrio de Sants y sus miembros se ofrecen como mediadores en los conflictos entre inquilinos y caseros. Pondrán a disposición de los afectados asesoramiento técnico y legal en caso de litigios o conflictos y también esperan negociar la ocupación de viviendas desocupadas.

Todo, por una cuota de 30 euros anuales que esperan "que no sea una barrera". Con el crowdfunding inicial esperan recaudar los 20.000 euros que les hacen falta para arrancar con el proyecto.

Aunque exigirán medidas a la administración y presionarán a las empresas y propietarios, los sindicalistas tienen claro que "lo más importante es la movilización de los vecinos". Con ese espíritu, han conseguido el apoyo de 16 entidades vecinales.

Obligados a abandonar el centro

Encontrar casos de alquileres abusivos en Barcelona es bastante fácil. Basta con abrir las webs de alquiler online y ver pisos de 40 metros cuadrados a 1.000 euros mensuales, o de tres habitaciones a más de 3.000 euros.

El propio Palomera, portavoz del Sindicato, asegura que le han subido el precio del alquiler un 30%, recientemente y de golpe. Lo mismo les ha pasado a vecinos mayores de Barcelona que se ven "obligados a abandonar el barrio de toda la vida y perder sus raíces" por la especulación. Cada vez son más los que abandonan los barrios céntricos para irse al área metropolitana aunque "la burbuja ya llega también a L'Hospitalet o Badalona", advierten desde el sindicato.

A Carles Pallerol, otro miembro del recién nacido Sindicato, todavía no le ha llegado el palo, pero se lo espera. El contrato de su piso, por el que paga 600 euros al mes, le vence en breve y ya ha visto cómo el de enfrente ha subido hasta los 1.000. Se ve buscando piso aunque reconoce que su caso "no es el más dramático". "Un amigo mío vive con sus padres porque el dueño del piso que alquilaba vació un bloque entero para poner pisos turísticos".

Quien firma esta noticia busca piso desde hace cuatro meses mientras vive, provisionalmente, pagando 380 euros por una habitación en un piso con tres personas más en un barrio no céntrico, el del Maresme-Fòrum, donde ni las inmobiliarias se atreven a cobrar más de 1.000 euros por viviendas de estas características.

El responsable: un estudiante alemán que realquila las habitaciones, la suya le sale gratis y aún se gana un pellizco. Así se hincha una burbuja.










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