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Los pilotos que siembran nubes para originar tormentas

El agua será el problema del siglo XXI. Los países están invirtiendo en manipular el clima para forzar las precipitaciones

Fotografía de Daniel Bryant

Hace tres años, el Foro Económico Mundial ya indicó que "la crisis de abastecimiento de agua" sería uno de los principales problemas del siglo XXI. La falta de agua potable se hará más acuciante en el futuro y, según los cálculos, llegará a afectar a la mitad de la humanidad en 2030. Para afrontar la situación, ya hace tiempo que existen pilotos que siembran nubes.

La siembra de nubes consiste en un intento de manipulación del clima que busca aumentar las lluvias a través de la dispersión de determinadas sustancias en el aire. Se dispersan, en concreto, sales que recogen la humedad del medio para formar nubes y, así, generar precipitaciones. Al principio se comenzó utilizando yoduro de plata, pero en la década de los 90 se cambió mayormente por sales higroscópicas no contaminantes (una mezcla de sodio, magnesio, potasio y cloruros).

Imagen de Jean Francois Berthoumieu

Un avión que siembra nubes suele ser bimotor y es dirigido por pilotos que conocen perfectamente el ciclo de vida de la célula de una tormenta. Primero la buscan e inspeccionan la calidad de aerosoles, encargados de la condensación de las nubes. Si los signos son prometedores, activan las bengalas higroscópicas que liberan las partículas y, después, siguen el crecimiento de la nube.

Hans Ahlness, vicepresidente de operaciones de Modificación del Tiempo Inc (WMI por sus siglas en inglés), explica a la BBC que es vital enseñar a la gente a no perder de vista el panorama general, el seguimiento de cosas como la cizalladura del viento, los frentes de ráfagas —ascendentes y descendentes— y todas las cosas peligrosas que pueden ocurrir en ese proceso.

La siembra de nubes manipula el clima para aumentar la cantidad de precipitaciones mediante la dispersión de sales higroscópicas en el aire

WMI realiza proyectos en países como Senegal, Malí, Arabia Saudí o Australia. En épocas de sequía, diferentes países les llaman encargándoles nubes.

Las primeras investigaciones sobre esta práctica se produjeron en los años 40, pero ha sido en los últimos cinco años cuando la popularidad ha aumentado.

Sí, en los años 40 comenzaron y en los 60 y 70 se desarrollaron mucho en Estados Unidos, pero las inversiones cayeron porque no se cumplían "demandas poco realistas" del país. No obstante, Sudáfrica, Australia o Israel continuaron y ahora, desde hace cinco años, la demanda ha vuelto a crecer.

La siembra de nubes puede aumentar la cantidad de precipitaciones entre el 15% y el 40%. Pero se debe tener en cuenta que no existen dos nubes ni dos tormentas iguales. El tipo de nubes, las partículas de fondo en el ambiente y el nivel de contaminación son factores que condicionan la siembra de lluvia.

El agua será un problema global en el futuro. Desde hace cinco años, la siembra de nubes se encuentra en auge

Deon Terblanche, de la Organización Meteorológica Mundial, reconoce a la BBC que la manipulación meteorológica en cualquiera de sus formas debería enfocarse como un proceso secuencial con múltiples investigaciones previas, pero la presión y la demanda de agua pueden conducir a proyectos en corto plazo con técnicas cuestionables. Rusia y China, según su opinión, siguen invirtiendo en métodos de siembra controvertidos.

"El agua es básicamente un problema global y va a ser el problema del futuro", apunta Roelof Bruintjes, de la OMM. Bruintjes señala el caso de Chad. El gobierno del país se puso en contacto con él ya que se quería preservar más agua en la región del norte. Si se produce una sequía allí, empujará a la gente hacia el sur, pudiendo generarse conflictos violentos a resultas de las migraciones. 

Para algunos, la siembra de nubes puede ser una buena solución. Para otros es una técnica más en la que los humanos jugamos a ser dioses.

Sembrar nubes puede parecer inofensivo, incluso provechoso para las comunidades que se benefician de esas lluvias, pero también se invierte en otras que modifican la meteorología para otros fines más dudosos. Cócteles químicos para evitar que caigan precipitaciones en desfiles, empresas que venden horas de sol en bodas y eventos, servicios de inteligencia que estarían investigando cómo utilizar las fuerzas del clima contra las tropas enemigas.

¿En qué terminará todo esto?

[Vía BBC]

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