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El futuro del pop se escribe sin género

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4 motivos para amar a Shamir

Luis M. Rodríguez

25 Mayo 2015 06:25

Fotografía de Matthew Parri Thomas

1. La ambigüedad

No hay que sobrestimar lo inusitado. Hay que dotar de aguijones a lo común y corriente. Lo escribió hace muchos años el viejo Canetti, pero las mismas palabras podrían haber salido de la boca del jovenzuelo Shamir.

A sus 20 años, Shamir Bailey no se identifica ni como hombre ni como mujer. En realidad, él no se define. Shamir aspira a que su música hable por él, pero cuesta no prestar atención también a su discurso normalizador alrededor de su naturaleza queer.

No es que nuestro protagonista se describa como tal. Él prefiere existir sin etiquetas. Prefiere no tener que pensar en eso, porque desde muy pequeño ha vivido su indefinición con total naturalidad.

No hago nada para parecer más femenino. Soy y tengo un aspecto natural femenino

"Desde que era un crío he mostrado rasgos de energías masculinas y femeninas", comenta en una reciente entrevista con Advocate. "La androginia nunca ha sido algo sobre lo que haya pensado o que haya buscado (...) Imagino que hay quien piensa que es como un juego o un truco para mí. Pero no es algo que persiga. No hago nada para parecer más femenino. Soy y tengo un aspecto natural femenino".

La idea de que la sexualidad debe ser definida de forma exclusiva es simplemente aburrida para Shamir. "No tiene sentido. No veo por qué ha de haber etiquetas. ¿Por qué tienes que existir dentro de una caja y ser sólo una cosa? Entiendo que va de preferencias. Pero entonces, ¿por qué no existe un término para aquellos a los que le gustan las rubias? ¿Por qué no existe el rubiosexual?".

Lo inusitado para otros, para él es lo común. Y así lo vive, con total naturalidad.

Como decía hace poco en Twitter: "Para aquellos que siguen preguntando, no tengo género, no tengo sexualidad, y no me preocupa una mierda".



2. La voz

Si hiciéramos una cata ciega de Shamir, muchos no serían capaces de ponerle cara y cuerpo a lo que están escuchando. ¿Chico o chica? ¿Complexión? Y sobre todo, ¿edad?

La voz de Shamir tiene un timbre muy particular. Un timbre inusitadamente alto para un joven de su edad. A ratos suena inmensamente juvenil, a ratos femenino, a ratos parece un hombre maduro sacando a relucir su mejor falsetto en clave soul. Tan pronto puede recordar a grandes damas del jazz como Nina Simone, que aludir a divas de la ambigüedad post-disco tipo Sylvester, invocar al Michael Jackon adolescente o alcanzar notas de las que estaría orgullosa la Grace Jones de la era Nightclubbing.

Estoy orgulloso de mi voz y realmente trabajo en intentar cantar. Cantar emociones. Simplemente usando mi voz, sin añadidos

En realidad, Shamir no fuerza nada: su voz no es más que una extensión de su androginia natural.

"Cuando estaba en el instituto, la pubertad golpeó fuerte, y era como, vale, todos mis amigos están desarrollando su cuerpo y su pelo facial y sus voces se están volviendo más profundas y sus rasgos se están volviendo más masculinos, y mi voz es como que no cambia".

Cuatro años y muchos cigarrillos después, todo sigue igual. Shamir sigue con su voz de crío, y sabe que ahí, en su garganta, está una de sus principales bazas.

"Me solían acosar e intimidar por mi voz, incluso otros músicos, porque simplemente no la entienden. Ahí es cuando me paré y me di cuenta de que, ya sabes, este es mi instrumento y tengo que tener control sobre él. Tengo que saber lo que puedo hacer con él", le contaba recientemente a NPR.



3. La candidez

En un mundo pop plagado de delirios vanidosos, marionetas del negocio, arribistas sin escrúpulos y megalómanos sobrados de autoestima, la actitud risueña, desacomplejada y sencilla de Shamir resulta la mar de refrescante.

"No tengo ambición", decía hace poco Shamir en declaraciones al NME. "Mi meta ya ha sido superada. Simplemente quiero hacer música. Eso es todo. Eso es lo único que me importa".

Nuestro protagonista admite que a veces se siente un poco abrumado por la velocidad que están tomando los acontecimientos desde su fichaje por XL Recordings. Alude en sus entrevistas a momentos 'mindfuck' como el día en el que, de casualidad, se encontró con su cara en las pantallas de Time Square cuando salía de un edificio de la zona. "Fue surrealista hasta casi lo incómodo", comenta con candor.

Yo soy como la persona borracha que simplemente se sube al escenario a cantar

Pero Shamir no tiene tiempo para los cantos de sirena de la fama. Y tampoco, de momento, para las aventuras sentimentales. Cuesta evitar esbozar una sonrisa cuando nuestro protagonista dice cosas como esta: "No creo que sea justo que los músicos estén en una relación con otra persona. Nunca estoy en un sitio demasiado tiempo".

Esa misma franqueza se respira en sus conciertos. "No me gusta 'hacer un show'. No me gusta que la cosa sea en plan, yo estoy aquí, tú estás ahí, mírame cantar. Me gusta que mis conciertos sean participativos", explica Shamir a Advocate. "La gente tiene la sensación de que están en una fiesta casera y que yo soy como la persona que va borracha y que simplemente se sube al escenario". 

Que no te extrañe si, estando en mitad de uno de sus conciertos, Shamir baja de las tablas para darte un abrazo. Él es así. Shamir proyecta dulzura.



4. La música

Crecer en un lugar como Northtown, en la zona norte de Las Vegas, enfrente de una granja de cerdos, lejos de cualquier ajetreo, no es lo que se dice excitante. "Cuando eres de un pueblo aburrido, tienes que encontrar cosas que hacer". Y Shamir encontró la música desde muy temprano.

Su inquietud floreció pronto bajo la influencia de una de sus tías, una asistente jurídica que escribía poemas y andaba metida en los ambientes del soul y el jazz. Su madre le regaló su primera guitarra a los 9 años junto con una copia de Guitarra para dummies, y él aprendió a tocarla a su manera, sin respetar las reglas, encordándola al revés.

Nuestro joven se pasó la preadolescencia escuchando a Outkast, Groove Theory, The Slits y Nina Simone. A los 14 años, sus amores eran el soul, el R&B y el country austero a lo Johnny Cash. A los 16, probó con el punk lo-fi en su primera banda, Anorexia, un dúo chico-chica a la manera de White Stripes. Pero la carrera en solitario de Shamir apunta en otra dirección bien distinta.

El gospel de Shamir es un mejunje de 808s y corazón que se debate entre lo íntimo y la vibración desacomplejada de una 'block party' juvenil.

Su álbum de debut, Ratchet, es un revuelto imperfecto y deliciosamente extrafalario de dance-pop, funk elástico, vibraciones discoides à la DFA, club-rap y viejo house de Chicago en la línea de Z-Factor. Sus canciones desprenden una energía muy fresca, descarada, con ese punto entre inocente e insolente que sólo da la juventud.

En la kitschy On The Regular, Shamir rapea con desgarbo adolescente y un cierto amaneramiento que puede recordar a una versión juvenil de Le1f. En Vegas canta con el corazón dividido entre el moderno R&B y el viejo P-funk. Hot Mess proyecta la ambigüedad aguda de Sylvester sobre una base electrohouse salpiconada de acid y basslines con aroma a Ed Banger, mientras que Darker destila esencias soulful sobre un tiempo lento, como unos Hot Chip de alma más negra en modo balada.

El gospel de Shamir es un mejunje de 808s y corazón, una ensalada de beats y estribillos sobre el amor, la derrota y los estados de emocionalidad agridulce de quien siempre se ha sentido distinto al resto, y no necesariamente mejor. Un momento suena profundo e introvertido, al siguiente te encierra en un club sudoroso, y al siguiente transmite la vibración desacomplejada de una 'block party' juvenil que querrías que durase todo un verano.

Hay hype, sí. Pero esta vez con razón.

Bienvenido al mundo de contrastes de Shamir.


While everyone is minus you can call me multiply

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