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La nariz de Pinocho tiene forma de falo, y otras denuncias a un mundo hipersexualizado

O cómo vender tetas en lugar de hamburguesas

A primera vista, las obras de James Rawson podrían parecer otra fiesta pop en la que se abusa de los colores fuertes y de las referencias a la cultura audiovisual reciente. Sin embargo, cuando nos adentramos en sus cuadros —una especie de escenarios recargadísimos en los que encontrar a Wally es imposible, pero donde intuimos ciertos personajes y marcas reconocibles— nos damos cuenta de que en realidad su obra esconde otro mensaje: un grito ante el mundo hipersexualizado que vivimos, en el que parece que no se pueda vender una lata de refresco sin hacer alusión a cualquier cosa que tenga que ver con follar. A saber: hamburguesas que en realidad son tetas, coches que en realidad son picaderos, ropa que en realidad es una armadura para salir a ligar o bebidas que ayudarán a que cada uno de nosotros encuentre el amor más ebrio. Rawson habla de la hipocresía de nuestro mundo, y para ello pone en primer plano a un Pinocho con una nariz que en realidad es un pene. Asquerosa pero acertada su metáfora. Perfecta para hacernos despertar.

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