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La selfie de este mono es la mayor pesadilla del copyright

Un macaco roba la cámara a un fotógrafo y se hace un autorretrato que tiene éxito en la red. ¿Puede el fotógrafo cobrar derechos de autor?

Los defensores y mercaderes de la propiedad intelectual tienen un nuevo enemigo: un macaco de Indonesia que en 2011 se sacó una foto con la cámara de un turista. Su sonrisa se convirtió en una de las imágenes de naturaleza más famosas de la red. Lo que no se podía sospechar es que el mono, que parecía bobo, ha llevado a cabo uno de los mayores hackeos de la historia al Copyright: quien se hace una selfie es propietario de la selfie, pero ¿qué pasa cuando el presumido es un animal?

El fotógrafo británico David Slater está desesperado: el portal Wikimedia Commons lleva distribuyendo gratuitamente la imagen desde que Slater se hizo famoso tras su viaje a Indonesia. El gracioso autorretrato motivó artículos en The Guardian, el Telegraph y The Huffington Post, entre otros. De allí la fotografía pasó a Wikipedia para que el mono ilustrara la entrada sobre su especie.

A principios de 2012, Slater pidió a Wikimedia Commons, donde se alojan imágenes de dominio público, que retirara la selfie. El portal lo hizo pero más tarde un usuario la añadió de nuevo y desde entonces se mantiene. El fotógrafo insiste en que posee los derechos de la imagen, que ha gastado mucho dinero en restringir la propiedad de la imagen y que si no fuera por los “comunistas” de Internet, sería rico: “No creen en la propiedad; no creen que los artistas deben tener derecho a su trabajo”, dijo al Washington Post.

Por “comunistas” Staler entiende sobre todo a los autores del blog Techdirt, quienes se enfrentaron al fotógrafo afirmando que, en todo caso, sería el macaco quien tendría que ser millonario. La agencia Caters News Agency, que gestiona los derechos de Staler, explicó a los blogueros que el mono no ha aclarado la licencia de sus selfies y dudan de que vaya a hacerlo, así que hay que ceder y pagar. Pero el pasado miércoles, la fundación Wikimedia Commons rechazó la solicitud de Slater: “Los monos no son propietarios de los derechos de autor", dijo Katherine Maher, jefa de comunicación de Wikimedia: “Lo que encontramos es que la ley de copyright de EE.UU. dice que las obras que se originan a partir de una fuente no humana no pueden reclamar los derechos de autor”. De momento los abogados no han encontrado nada para contradecir esto.

El caos de la autoría en la red

Esta historia del macaco no deja de ser otro ejemplo sobre el tremendo berenjenal que es el sector de los derechos de propiedad intelectual en la era digital. Sobre todo ante contenidos que se han liberado en primer lugar y que al tener éxito se restringen para generar beneficios, o en casos extraños como éste, donde la ley no se pone de parte del autor que invierte en organizaciones privadas que cobran a quienes hagan un uso de sus obras.

Mientras nacen alternativas y nuevas ideas para mercantilizar las obras, sobre todo en el sector musical, se aprueban leyes como la que el pasado 22 de julio salió del Congreso de los Diputados, que pretende cobrar una tasa a los agregadores de noticias de que enlacen a los grandes medios de comunicación españoles. Sin embargo, muchos blogueros han manifestado la inseguridad jurídica en la que les deja esta nueva norma, y sospechan que la persecuón y las multas que las sociedades AEDE y CEDRO aplicarán se basarán en criterios arbitrarios e inmanejables. Total, un lío.

El dilema es que la naturaleza de Internet —que se basa en el enlace o hipervínculo, en las redes P2P y en los agregadores— contradice las estrictas limitaciones que se quieren llevar a cabo, y que quienes están diseñando esas leyes con ese objetivo no parecen hacerlo, precisamente, en beneficio de los pequeños autores y creadores. S in compartir, no hay internet, pero hay que encontrar una forma de vivir de el trabajo en la red. La batalla sigue.

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