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El 'selfie' como forma de arte

Una exposición en la Moving Image Art Fair de Londres reflexiona sobre el ubicuo fenómeno del sacarse fotos a uno mismo

Es moneda común usar grandes palabras cuando se habla de la “revolución de internet”, de la “democratización de la tecnología”, y otros conceptos vagos que uno suele ver en los medios generalistas cuando se quiere hacer referencia a las nuevos hábitos desarrollados a la luz del mundo online. Pero si rascamos un poco la superficie de las redes, lo que encontramos en alto porcentaje son toneladas de basura audiovisual, un montón de información inútil, videos de gatos y un trillón de selfies diarios, esas fotos o videos en los que uno se retrata a sí mismo tirando de los medios digitales de consumo que tiene a su alcance. Selfies que hace unos años eran casi terreno vedado de adolescentes que subían sus posados al Fotolog pero que hoy, gracias -o a causa- de la ubicuidad de herramientas como Twitter, Instagram o Vine, están por todas partes.

El boom de los “selfies” es un hecho. Basta con darse un paseo por las principales redes sociales para observar su ubicuidad abrumadora, que además no entiende de clases, de razas, de condición social. Lo sabe Rihanna, lo sabe Scarlett Johansson, lo saben tu prima Jessica, tu novia y el Papa. Es un fenómeno cultural incuestionable que se alza como el monolito de 2001 delante de nuestras narices, más allá de las implicaciones positivas o negativas que pueda tener, de lo que pueda decir de nosotros, de nuestra narcisista, burbujeante e hipermoderna era.

Kyle Chayka y Marina Galperina, jóvenes comisarios de arte y artistas británicos, lo tienen clarísimo también. Al fin y al cabo, siendo veinteañeros estos lenguajes seguramente les sean muy cercanos. Pero no queriendo estancarse en lo obvio (el selfie está aquí, forma parte de nuestro entorno y nos llena los muros de onanismo virtual y ocasionales dosis de humor), ellos han querido reflexionar sobre el fenómeno en sí y llevarlo un paso más allá: ¿qué pasaría si le damos a unos cuantos artistas visuales la oportunidad de hacer sus propios "selfies", de reflexionar sobre la técnica, sobre sus limitaciones y posibilidades, sobre nuestra necesidad de exponernos o crear constantemente avatares virtuales? ¿Darían con alguna idea sugerente sobre nuestra peculiar y algo ridícula manera de hacer las cosas, con el maldito motivo que empuja a gente común a ponerse delante de espejos a hacer morritos día sí, día tambien, para que los demás puedan verlo?

De esta manera nació la National #Selfie Portrait Gallery, que estos días se pasea por la Moving Image Art Fair de Londres, mostrando los trabajos de 19 artistas emergentes, empeñados en dar una nueva vuelta de tuerca a la eterna pregunta que todos nos hacemos desde que a Duchamp le diera por plantar un urinario en la Armory: ¿es esto arte?

Las respuestas a esa pregunta darían para un debate mucho más extenso de lo que podemos abarcar en esta pieza. Al fin y al cabo, los autoretratos han estado ahí siempre (y nadie cuestionará a Velázques, a Picasso o a Van Gogh por su trabajo en ese campo), nuestro deseo de ser representados parte del mismo momento en que empezamos a crear imágenes, y hoy día quien más quien menos tiene una identidad online que parece muchas veces tener vida propia y que, según dicen los expertos, es importante para encontrar la felicidad (o algo que se le parezca). Sea como sea, lo que sí está claro es que, como manifestación cultural del aquí y ahora, los selfies bien merecen alguien que los comente y revise, si entendemos el Arte, sobre todo, como una manera de conocernos un poco mejor y hacer más interesante lo aparentemente banal.

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