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A los 20 segundos de vida, todo es sangre, dolor y belleza

Christian Berthlot retrata a los bebés que acaban de nacer por cesárea

Lamento haber abandonado  el útero, dice Ashley Opheim en un poema. Quizá porque dentro, en ese pequeño espacio apretado, amable y caliente, todo olía hogar. Igual que la joven poeta canadiense querría volver a ese lugar perfecto, que muchas veces de adultos todos tendemos a añorar, el también joven director Xavier Dolan se representa a sí mismo llenando una bañera de agua templada, en posición fetal. La obsesión por el regreso al útero o al origen no es sólo cosa de los artistas de hoy. Mientras Abel Azcona recorre el mundo buscando fotografiar miles de genitales femeninos que le hagan sentir poco a poco de vuelta al vientre materno, otros tantos miles de personas guardan en su memoria la imagen del bello y polémico cuadro El origen del mundo, de Courbet. 

¿Por qué esta obsesión por regresar? Tal vez podamos encontrar una respuesta al detenernos frente a las fotografías de Christian Berthelot. Este artista lleva toda su vida obsesionado con el momento del nacimiento, ya que él tuvo que nacer por una operación de cesárea. El dolor y el sufrimiento que implica esta manera de venir al mundo le llevó a plantearse la posibilidad de regresar a la planta del hospital destinada a tal tarea, y retratar a los bebés que salieran del cuerpo de sus madre durante sus primeros 20 segundos de vida. Sangre, sí. Y también frío. Porque hay algo poco natural en este acto y también es un signo de supervivencia. Berthelot enseña así uno de los momentos más desconocidos y hermosos de la vida, en donde podemos ver la expresión máxima de desconcierto e incomodidad del ser humano.

Bebés que lamentan haber abandonado el útero, pero que quizá con los años se den cuenta de que aquel bisturí lo único que hizo, en realidad, fue salvar su vida y la de sus madres. Muchas mujeres y muchos bebés fallecieron a lo largo de la historia, y hace apenas cien años que la cesárea se practica con éxito. Recientemente, la célebre serie The Knick ha recreado y contado los orígenes de la obsesión de los cirujanos que deseaban prolongar la vida de estos humanos aparentemente llamados a la muerte. Por eso estas imágenes de Christian Berthelot son tan sorprendentes, e incluso hacen daño al mirarlas. ¿Cómo puede el cuerpo humano —tan pequeño y frágil— enfrentarse a tanto dolor?

No es dolor, es el rostro de la supervivencia.

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