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El festival de los ultra ricos: un ticket cuesta un millón de dólares

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El festival islandés Secret Solstice lanza el abono más caro de la historia: un millón de dólares para ver a Radiohead alejado de los plebeyos

Valentina Esponda Ornella

14 Abril 2016 16:06

Los festivales son las nuevas experiencias religiosas, las grandes comuniones colectivas de nuestro tiempo. Porque lo lindo de ir a un festival no es solo ver a tus bandas favoritas, sino pasar las horas entre gente con los mismos gustos e intereses, formar parte de una comunidad efímera pero inolvidable, en la que el origen de cada uno es lo que menos importa. O al menos hubo un tiempo en el que las cosas eran, o parecían ser, así.

Ya no.

Los días de convivencia "entre semejantes" alrededor de la música hace tiempo que se han acabado si hablamos de grandes festivales, escaparates de egos y marcas en los que vales más o menos según lo que puedas pagar.

Cada vez hay más ricachones dispuestos a gastar una fortuna para que alguien les sirva foie en boca mientras ven a Arcade Fire. Pensando en esos, el festival Secret Solstice acaba de salir con la idea de ofrecer el abono más caro del mundo.



Con un precio de un millón de dólares, el festival de Reykjavik hace que el Coachella y sus excesos parezca el concierto de la plaza de tu pueblo.

Seis afortunados (¿o desquiciados?) podrán viajar a la ciudad islandesa en primera clase desde cualquier parte del mundo. Por una pequeña fortuna los festivaleros tendrán acceso a una villa de lujo para las 7 noches, acceso a sitios que están fuera de límites para el resto de los mortales, áreas exclusivas para ver a los artistas, una fiesta en un glaciar gigantesco, tours por la naturaleza, transporte privado en helicóptero y muchas cosas más.



El año pasado ofertaron un paquete 'deluxe' por 200.000 dólares y aseguran que hubo quien los pagó.

200.000 dólares por disfrutar con todo tipo de lujos de un festival que este año exhibe en su cartel a artistas como Radiohead, Of Monsters and Men, Die Antwoord, Deftones... Lo mismo de siempre.

Pero con un añadido: su apuesta por llevar la creciente compartimentación social del festival de música hasta el extremo.

Del área VIP al disparate para onepercenters. Hay que diferenciarse de la plebe como sea.


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