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"Inexperta", "apasionada", "guapita": guía para descalificar a una escritora

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Sarah Howe ha ganado el premio T.S. Eliot de poesía; su galardón ha desatado polémica por el sexismo y el paternalismo con el que la autora ha sido tratada en la prensa británica

Luna Miguel

27 Enero 2016 06:00

Inexperta, demasiado joven, muy apasionada, inocente, guapita, moderna y superficial, demasiado afectada, muy femenina, feminista, sólo para mujeres, aprovechada, gorda, con quién se habrá acostado, de quién será amiga, exótica, una moda, mañana ya nadie hablará de ella…

De entre esta lista de afectuosos adjetivos y descripciones podríamos encontrar el que podría definirte si tú, querido lector, fueras una mujer y tu trabajo y devoción fuera la escritura, y más específicamente la poesía.

Está comprobado: ninguna poeta se libra de tales calificaciones. O más bien, de tales descalificaciones. Cuando una mujer asoma la cabeza por el mundillo literario, que ya de por sí es vengativo, endogámico y plagado de envidias, el baño de prejuicios suele ser inmediato.

La semana pasada, cuando en Reino Unido se hizo público el nombre de la nueva ganadora del premio T.S. Eliot de poesía, la polémica sobre el sexismo en la literatura volvió a ponerse sobre la mesa.



En esta ocasión era Sarah Howe la que se hacía con uno de los galardones más prestigiosos de la literatura británica gracias a su libro Loop of Jade (Chatto), un breve poemario que la autora había escrito durante casi 10 años, y donde rememora algunas escenas de su tumultuoso pasado.

Howe, cuya historia familiar siempre ha marcado su vida —una historia de adopción, de dobles nacionalidades, de negación de los orígenes, de superación— decidió escribir sobre lo que tenía más a mano, con la esperanza de que otras personas pudieran reconocerse en sus palabras.

Lo que para muchos lectores podría suponer inspiración, y para otros una renovación del panorama literario británico, terminó por convertirse en un campo de batalla de la crítica y el periodismo cultural para ver quién conseguía ser más sexista, más racista y más paternalista con la autora.

Varios medios importantes de Reino Unido se hicieron eco de la noticia del premio T.S. Eliot de poesía con columnas en las que se llegaba a asegurar que la concesión del galardón había sido injusta, pues “sólo podía justificarse por el peso de la historia personal de la autora”, o incluso por “cuestiones raciales”.



Pero el texto que terminó de encender a la comunidad de lectores de poesía y a cientos de internautas que manifestaron en las redes su apoyo a Howe fue el publicado por Oliver Thring en The Sunday Times.

En el texto titulado “Nacida en el vertedero, la gran poesía de hoy en día” Thring entrevistaba a la autora con un tono que se leyó como paternalista e irrespetuoso hacia su poesía. 

VER MÁS: Este documental viene a derribar los clichés sobre la poesía femenina

El hashtag #DerangedPoetesses comenzó a popularizarse después de que Oliver Thring se defendiera de la crítica diciendo en Twitter que aquellas mujeres que le llamaban machista sólo podían ser "poetisas trastornadas".

En Reino Unido, como en España, el término "poetisa" tiene un significado despectivo, por lo que de nuevo los lectores entendieron que el uso de esa palabra era una declaración de guerra más por parte del periodista.

La última aproximación a la polémica de Sarah Howes y el sexismo en la poesía contemporánea la hizo la ensayista Kate Evans-Bush, en un ensayo publicado el pasado 23 de enero en The Guardian.

Evans-Bush se lamenta de que hoy todavía nos cueste tanto aceptar los logros de una mujer, y que siempre tengamos que ver los nombres de ellas envueltos en polémicas que oscurecen su trayectoria, y que hacen que sus libros y sus versos queden siempre en un segundo plano.

Como señala a este respecto la poeta española Elena Medel "los comentarios sobre Sarah Howe y su premio tiene que ver con la cosificación de la mujer en nuestra sociedad: la mujer no como sujeto, sino como objeto. No se le juzga por cómo escribe, sino por quien escribe."

Elena Medel, de hecho, es una de las autoras de nuestro panorama que más ha sufrido este tipo de acosos.

A sus casi 31 años, lleva 14 publicando y 12 dirigiendo una de las editoriales de poesía más importantes  de España. A pesar de eso, se queja, “los hombres de mi entorno me siguen llamando Elenita”, como si aún fuera una tierna aprendiz. O como si el trabajo de tantos años no hubiera significado nada.

Medel no es la única poeta a la que le persiguen ciertas etiquetas cuando se habla de su obra.

También están ahí casos como los de Miriam Reyes, quien asegura sentirse más más tranquila desde que está más apartada de lo mediático, aunque reconoce que tras sus primeras publicaciones y premios se convirtió en un blanco.

“Por supuesto que cuando me criticaban atribuían el hecho de que publicara en Hiperión a ser chica, joven, guapa. Porque según esa gente las chicas venden y por eso nos publican”

Asegura que a pesar de los años, los logros y la dedicación aún “me suelen despachar con aquello de que escribo poesía femenina y se quedan tan anchos. Encasilladita me tienen todavía.”

A la poeta Sofía Castañón, por ejemplo, que es diputada en el Congreso por Podemos, la prensa la ha descrito como “poeta ocasional”, como si su vida política y poética no fueran compatibles.

De María Mercromina, que es veterinaria, también dicen que mejor haría si se centrara en su profesión "real" y no en la escritura.

Y Martha Asunción Alonso, ganadora entre otros del Premio de Nacional de Poesía Joven, dice que, por tener veintitantos, a ojos de muchos poetas apenas unos años mayores que ella aún sigue siendo “una niña”, “una escritora inexperta”.

Parece que el mundo está lleno de poetisas trastornadas, que decía Thring.

O quizá sean nuestra sociedad y nuestro canon los verdaderos trastornados.





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