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Sonrojarte fácilmente puede darte una ventaja social y sexual

Aunque te sientas incómodo cuando sucede, ponerte rojo te hace atractivo y genera confianza en los demás. Lo dice la ciencia

Imagen de Hobbes Ginsberg

Cuando estaba en el instituto un compañero de clase me acusó de haber pintado las paredes de clase. Delante de todos, mi tutor, un poco incrédulo, me preguntó si había sido yo.

Que sospecharan de mi públicamente me avergonzó muchísimo. Me puse roja como un tomate, nunca antes me habían ardido las mejillas con tanta intensidad.

Y aunque inicialmente él no creía que hubiera sido yo, al verme tan ruborizada asumió que era yo la culpable y me expedientaron.

Desde entonces siempre he intentado, sin éxito, disimular mis sonrojos. Lo veía como algo malo, algo que te delata de actos que ni siquiera has cometido tú.

Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución, creía que ruborizarse no tenía ningún sentido. "El que se sonroja sufre y el espectador se siente incómodo, no le sirve a ninguno de los dos", escribió.

Sin embargo, la psicología evolutiva de hoy afirma que mostrar vergüenza de este modo puede ser crucial para el bienestar a largo plazo.

La honestidad del sonrojo

El enrojecimiento de la cara es un acto de comunicación no verbal, según explica el investigador Marcos Leary, de la Universidad de Duke, a la BBC. Nos sonrojamos cuando mucha gente nos está mirando e incluso cuando nos alaban. Es una manera de demostrar que queremos evitar tanta atención.

Según Leary las personas que se sonrojan parecen menos egoístas y menos desafiantes ante la autoridad de los demás. Incluso más honestas, puesto que, aunque no lo expresen verbalmente, si cometen un error su cara va a dar muestras de que se sienten mal por haberlo cometido.

"El rubor no se puede falsificar", cuenta la periodista de la BBC Claudia Hammond, especializada en comunicación y psicología. "Es una de las pocas señales de honestidad en la que podemos confiar sin sospechar". ¿Quién no querría tener alguien tan digno de confianza en su equipo de trabajo?

En un experimento, Matthew Feinberg, investigador de la Universidad de California en el ámbito de la psicología social, filmó a los participantes rememorando algún percance embarazoso de su pasado. Un panel se ocupó luego de evaluar cómo de cohibidos y ruborizados se mostraban aquellas personas. Resultó que los individuos que más se abochornaban al recordar aquellas escenas también manifestaban visiones más altruistas en una posterior encuesta. En posteriores experimentos, esas mismas personas también mostraban una mayor predisposición a jugar de forma honesta en un juego que implicaba un premio monetario.

En otro de sus experimentos, Feinberg mostró a los participantes fotografías de personas con expresión ruborizada y otras de gente que parecía fresca y tranquila.

Les pregunto: "¿si estas personas fueran compañeros de escuela, qué probabilidad habría de que les pidieras que se unieran a un grupo de estudio del que formas parte?". El resultado: los que parecían más sonrojados tenían más posibilidades de ser incluidos en el grupo que los que se mostraban perfectamente tranquilos.

Si te pones rojo encuentras pareja

Pero el rubor no sirve solo para encontrar compañeros de apuntes. Si eres de los que se pone colorado cuando te mira alguien que te gusta, tranquilo, no está todo perdido. Si esa persona quiere algo serio, tu rubor puede seducirle.

Aunque parezca mentira, "el enrojecimiento facial es un atractivo sexual para aquellos que están buscando una pareja a largo plazo", dice Hammond.

Para tener una aventura nos fijamos en gente que actúa con más confianza y seguridad, pero cuando buscamos relaciones largas preferimos aquellos que dan más muestras de sinceridad.

Ser tímido y ponerse rojo con facilidad no es un defecto, es una característica. Así que lo más inteligente es aprender a sacarle partido a nuestros sonrojos en lugar de obsesionarnos con intentar disimularlos.

[Vía: BBC]

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