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La romantización del peligro, o los virales que flirteaban con la muerte

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Felix Baumgartner ha creado una nueva escuela de virales basados en el riesgo extremo; el último es el salto del WTC

Jordi Berrocal

26 Marzo 2014 12:43

A las 3 de la mañana del 30 de septiembre de 2013, James Brady, Andrew Rossig y Mark Markovich subieron al tejado del 1 World Trade Center en Nueva York. Tras maravillarse de las vistas nocturnas de la ciudad, se dejaron al caer al vacío desde los más de 400 metros de altura de la torre en un vertiginoso salto BASE.

Seis meses después de su hazaña, los tres (además de su cómplice, Kyle Hartwell) se han entregado a la policía. Coincidiendo con su arresto, han colgado el vídeo de su salto en YouTube. En dos días, el clip ha acumulado más de 2 millones de visitas. La razón es obvia:

El éxito del vídeo es una nueva demostración del poder viral del riesgo. En febrero, un vídeo similar, en donde los fotógrafos rusos Vadim Makhorov y Vitaliy Raskalov escalaban el segundo edificio más alto del mundo sin protección, también nos dejaba sin aliento. Hoy acumula más de 30 millones de visitas en YouTube. Otro fotógrafo ruso, Kirill Oreshkin, se ha hecho célebre por hacerse selfies colgado de cornisas.

Hasta hace unos años, la fascinación por esta clase de material era coto exclusivo de los aficionados a los deportes de aventura. Ellos los que se mandaban vídeos de mitos del peligro como Dan Osman y fantaseaban con lanzarse en caída libre en los Fiordos Noruegos.

Pero luego llegó el salto estratosférico de Félix Baumgartner.

Su hazaña no solo batió récords de altitud sino de audiencia en la red: más de ocho millones de personas lo vieron en directo en YouTube, superando las marcas de la boda real inglesa en 2011 o de la toma de posesión de Obama en 2009. De pronto, el mainstream era adicto a la aventura extrema.

Gran parte del atractivo visual del salto de Baumgartner derivó del hecho que llevase 7 cámaras GoPro instaladas en su traje. Precisamente, ha sido la popularización de esta cámara una de las grandes claves de esta repentina fiebre colectiva por el riesgo. Armados con este pequeño artilugio, todos nos podemos convertir en héroes de película.

En este sentido es cierto que jugarse la vida no sería lo mismo si luego no pudiésemos enseñarlo.

Sin embargo, reducir estas nuevas estrellas virales a meros exhibicionistas capaces de cualquier cosa por un poco de atención sería adolecer de una visión sesgada. A fin de cuentas, cuando en 1974 Philippe Petit cruzó las Torres Gemelas por un alambre, nadie le acusó de procurar un mal ejemplo. De hecho, todos los comentarios en los vídeos relacionados con su hazaña en YouTube son de admiración. Puede que con el tiempo también aprenderemos a valorar las nuevas artes neocircenses de tipos como James Brady o Kirill Oreshkin como héroes que compartieron con nosotros su particular perspectiva del mundo.

La romantización del peligro, o los virales que flirteaban con la muerte

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