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El fotógrafo ermitaño que convirtió a América en un oscuro poema

El documental Don't Blink recorre la vida y obra de Robert Frank, el ermitaño que cambió el curso de la fotografía en EEUU con su libro The Americans

A veces no encajar puede ser una virtud. Don't blink, el nuevo documental de la directora Laura Israel, echa un vistazo a la vida de Robert Frank, un hombre huraño que marchaba al ritmo de su propio trombón, que fracasó una y otra vez, que fue criticado duramente por los puristas de su época, pero que, al final, terminó por cambiar el rumbo de la fotografía del siglo XX.

Frank estaba acostumbrado a perder. Nació en Zúrich en 1924 en el seno de una familia judía de buena posición que acabó en la ruina tras la Segunda Guerra Mundial. A finales de los cuarenta se marchó hacia Estados Unidos y, después de varios trabajos penosos, e incluso de mendigar por las calles de Nueva York, consiguió convertirse en colaborador de Harper's Bazaar y protegido de Alexey Brodovitch.

Los primeros años de su carrera fueron intensos y frustrantes, pero esenciales para su formación, como los de cualquier joven que está empezando un oficio. Brodovitch era un experimentador que animaba a sus alumnos a dejar a un lado los hábitos y tomar riesgos, a sacar fotos borrosas, subexpuestas, mal encuadradas, etc. La idea no era capturar escenas, sino sensaciones.

Con él, Frank también perdió su pesada Rolleiflex y la sustituyó por una Leica, tan liviana que podía manejarla con una sola mano y lograr fotos más fluidas.

Todas esas cosas terminaron por marcar el estilo único del fotógrafo, pero no aseguraron su éxito. Había dejado su puesto en la revista de moda para ir a Latinoamérica y sacar las fotos que luego conformarían Perú, su primera obra maestra. En 1950 participó de la presentación 51 American Photographers en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, pero los años siguientes fueron menos que brillantes.

Frank estaba decidido a hacerse un nombre en el mundo de la fotografía, pero su optimismo no duró. Después de vagar por las calles de Nueva York sin ofertas, rechazado a diestra y siniestra, por revistas como LIFE y la agencia Magnum, Frank se fue a Suiza por un tiempo. Hasta que decidió probar suerte en la gran manzana por segunda y última vez. El resto es historia.

El fracaso no había hecho otra cosa que alimentar su sed de seguir su instinto y seguir haciendo las fotos que él quería. Con el apoyo de Brodovitch y los fotógrafos Walker Evans y Edward Steichen, él se convirtió en el primer europeo en ganar una beca Guggenheim, en 1955, y que usaría para hacer un libro que mostrara la sociedad americana en todo su esplendor, móstrandose más interesado en sus sombras que en sus luces.

Nueve meses de viaje, treinta estados, setecientos sesenta y seis rollos de película se convirtieron en una de las obras esenciales de la fotografía moderna. The Americans”es una colección de fotos llenas de grano, fuera de foco, encuadres menos que perfectos. También es un retrato duro y realista de una sociedad clasista y dividida por la paranoia de la Guerra Fría y la segregación racial impulsada por las leyes de Jim Crow.

“Blanco y negro son los colores de la fotografía. Para mí simbolizan las alternativas desesperanza y desesperación a las que la humanidad está eternamente sujeta".

Vaqueros armando cigarros en Nueva York. Señoras afroamericanas que cuidan bebés blancos. Una tierra llena de vagabundos y desempleados en la América de posguerra.

Frank rompe con la ilusión del sueño americano en un libro que fue despreciado por los puristas del momento, que lo criticaron por no seguir con las reglas técnicas y por romper con los estándares del fotoperiodismo de la época que ponía claridad y objetividad por encima de todas las cosas.

"La mayoría de mis fotografías son de gente, vista de un modo muy simple, como a través de los ojos del hombre de la calle. Eso es algo que la fotografía debe contener: la humanidad del momento".

Pero Frank no quería dar respuestas ni educar, sino hacer que el espectador se cuestione, sienta en lo más profundo de sí esa injusticia, esa alienación de la América más oscura y menos representada, el realismo sucio que engendró a la generación beat.

Jack Kerouac escribió, en el prólogo de Americans, que Robert Frank, un “suizo, discreto, amable, con esa pequeña cámara que levanta y dispara con una mano, se tragó un triste poema desde la misma América y lo pasó a fotografía, haciéndose un sitio entre los grandes poetas trágicos del mundo".

Hoy Frank tiene 91 años y sigue siendo un solitario que toma fotos. “Trabajo todo el tiempo, hablo poco, trato de no ser visto”, dice cuando le preguntan. Pero ahora, con Don't Blink podremos tener un vistazo en la vida de un hombre tan fascinante e inclasificable como su obra. No podemos esperar.

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