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Este famoso artista se está haciendo de oro vendiendo tus fotos de Instagram

¿Dónde están los límites entre la imagen pública y la imagen privada en internet?

Picasso dijo aquello de que "los grandes artistas copian, pero los genios roban". De acuerdo a ese popular aforismo, Richard Prince es un puto genio.

El pintor y fotógrafo estadounidense ha basado buena parte de su carrera en la "reutilización" o "apropiación" de materiales creados por otros, generando por el camino un intenso debate alrededor de conceptos como la 'autoría' y la 'autenticidad' en el arte.

Su obra Untitled (Cowboys) fue la primera "fotografía" en alcanzar el precio de un millón de dólares en una subasta. Las comillas vienen a cuento, porque la pieza, en realidad, es una refotografía —es decir, una fotografía de otra fotografía— de una imagen tomada por Sam Abell para un anuncio de Marlboro.

El Metropolitan Museum of Art se refiere a la imagen como la copia (la fotografía) de una copia (el anuncio) de un mito (el cowboy).

A principios de los 80 volvió a liarla con su obra Spiritual America, en la que usaba una fotografía de Garry Gross que muestra a una Brooke Shields aún niña, desnuda en una bañera, y las polémicas seguirían años después con su apropiación de una treintena de fotos de Patrick Cariou como materia prima para una de sus series de pinturas .

En todos esos casos, Prince se salió con la suya alegando que esas "apropiaciones" estaban protegidas por las excepciones del 'fair use' o uso razonable de un trabajo ajeno.

Ahora, ese mismo criterio le ha llevado a exponer y vender como obra propia capturas de pantalla de tus fotos de Instagram.

En eso consiste su serie New Portraits: ampliaciones de fotos ajenas, subidas a la red social por usuarios anónimos, usadas sin conocimiento o permiso de su autor.

Esas fotos, que nacieron buscando poco más que una inyección de ego en forma de likes, alcanzan la cifra de 80.000 euros la pieza en manos de Prince. Y se están vendiendo como churros.

Así se "quejaba" hace unos días en la red una de las afectadas.

A primera vista, podría parecer que la participación de Prince se limita a la impresión en gran formato de la captura de pantalla. Una mirada más atenta, sin embargo, revela comentarios del propio artista al pie de cada una de las fotos.

Esa simple aportación en forma de frases o emojis, por anecdótica que parezca, podría dar legitimidad a las obras, acercándolas a los supuestos que contempla el fair use.

Es como si el artista quisiera hacer un comentario al papel del voyeurismo en el mundo de la fotografía, actualizando el concepto del 'ready-made', el arte encontrado, a los nuevos tiempos marcados por la vida en red.

La pregunta que plantea, más allá del viejo debate en torno a la autoría y el copyright, es clara: ¿dónde están los límites entre la imagen pública y la imagen privada en internet?

La obra de Price nos trae a la memoria el reciente proyecto 'camgirls' de Lindsay Dye. "Equiparo la acción de fotografiar una pantalla o hacer una captura de pantalla a la fotografía de calle", nos contaba la artista. "¿Qué hay de privado en una sala de chat a la que cualquiera puede acceder? ¿Acaso Winograd pidió permiso a todas las mujeres que fotografió en la calle?".  

Lo mismo podría decirse de New Portraits.

Tu vanidad, elevada a la categoría de arte

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