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Cuando rezar se convierte en el acto más erótico

Las ilustraciones de Don Pablo Pedro recuerdan a los tapices de una iglesia extraña

Esta es la iglesia de los que no creen en la belleza y, sin embargo, buscan calor. Este es el templo de los lienzos luminosos, eróticos, enfermos. En esta religión está prohibido rezar si la oración no termina con un orgasmo alto, sonoro, chirriante.

Por eso las imágenes que cubren las paredes son mezclas extrañas de vírgenes, shivas, cristos o budas de cuyas costillas nacen esqueletos, o coños, o también flores impregnadas de líquidos viscosos.

En esta iglesia, como podéis ver, en realidad todo ocurre al revés. A nadie le importa nada más que lo terrenal, y sus fieles disfrutan lamiendo las pieles de quienes oran a su lado, como si en realidad todo se tratara de una gran orgía.

La culpa de estas entrañas la tiene un artista aficionado a los pinceles y al graffiti. Su nombre es Don Pablo Pedro y su aspecto barbudo lo convierte en líder indiscutible de esa religión tan bruta.

La sexualidad recorre cada uno de sus cuadros y de sus pinturas callejeras logrando que quien las mire pueda entras en un éxtasis infinito.

No existe la belleza, no. Pero es que tampoco existe la fealdad. Lo único que se requiere aquí es tener los ojos bien abiertos, la piel preparada para el rasguño y el corazón bien lubricado, listo para el impacto. 

Bienvenidos a la iglesia del vicio.

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