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Probablemente, el tipo más odiado por la industria del porno

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Fabian Thylmann fue el máximo impulsor del porno gratuito en la red; ahora predice la debacle del negocio

Juan Carlos Saloz

04 Noviembre 2015 16:27

¿Has entrado alguna vez en RedTube, Pornhub o YouPorn?

Si es así, has contribuido a crear un gran imperio llamado Mindgeek –aunque es mundialmente conocida por su anterior nombre, Manwin–.

En 2004, Fabian Thylmann creó esta compañía basada en la difusión gratuita de pornografía a través de sitios web. Viendo como el porno online estaba imitando cada vez más a YouTube, decidió comprar las páginas que estaban subiendo contenido pornográfico gratuito en streaming –conocidos como tubes– para hacerse con sus beneficios.

Poco a poco, fue haciéndose con más y más lugares famosos de contenido adulto online y se acabó convirtiendo en el rey del porno gratuito.



Thylmann se convirtió en una bendición para los usuarios y una pesadilla para la industria

Thylmann significó una bendición para los usuarios, que podían acceder a cualquier vídeo sin pagar absolutamente nada. Pero también se convirtió en el mayor quebradero de cabeza para la industria del porno. Las películas en formato físico dejaron de venderse y pocos estaban dispuestos a pagar por contenidos digitales. La caída de ingresos hizo que cada vez fuera más complicado conseguir financiación.

La publicidad tampoco era una solución. Las grandes empresas no estaban dispuestas a hacer propaganda en este tipo de lugares, y tuvieron que recurrir a pequeñas plataformas que en la mayoría de casos utilizaban promoción intrusiva.

Manwin, por su parte, no solo contaba con grandes sumas de dinero provenientes de publicidad, sino que no tenía los gastos de producción de las páginas que creaban contenido propio. Ni siquiera necesitaban demasiados trabajadores, ya que los propios usuarios subían los vídeos.

El contenido se hizo tan amplio en la red que se empezaba a hacer impensable pagar por cualquier atisbo de porno. De hecho, la mayor debacle en este sentido ha llegado hace bien poco. La legendaria revista Playboy ha anunciado que no mostrará más desnudos a partir de marzo, ya que existe tantísima pornografía en internet que lo ven como algo innecesario.


Ahora, Thylmann –que ya ha dejado la industria pornográfica– ha dicho lo que todos saben desde hace tiempo: el porno financiado está llegando a su fin. Criticado ampliamente por su cinismo, se ha defendido diciendo que él solo compró empresas ya existentes. “Si yo no hubiera aparecido, estas páginas web seguirían en pie, pero de manera más caótica y llevadas por muchas más personas que tendrían intereses más turbios que yo”.


Cuando denunciabas un vídeo, lo volvían a colgar a los tres días


Dentro de la industria, sin embargo, no lo creen así. “Robaron el trabajo de todos, incluido el mío mismo, y esperaban a que les enviáramos abogados para descolgar los vídeos. Una vez los quitaban, a los tres días los volvían a subir. Era un juego interminable de mierda. Son unos putos ladrones y ya es demasiado tarde para cogerlos”, explica Jeff Mullen, director que lleva en la industria desde 1983.

Thylmann está de acuerdo con que han avanzado tanto que es imposible hacer caer el imperio que ya han montado. “No va a cambiar pronto. El puñado de empresas que han seguido la estela de Manwin tienen demasiado poder como para dejar que otra compañía emerja”.

Además, el hombre que acabó con el porno de pago tiene claro que la industria, por más que intente innovar, no va a evolucionar. "La innovación no te llevará muy lejos. Es un negocio de contenidos. Lo único que puedes hacer es que sea más fácil acceder al contenido. El tipo o estilo de contenido importa muy poco aquí. Por más calidad o más diferencias que tengan las producciones, no van a conseguir ser más visitadas".


La ley es demasiado débil para hacer frente al titán creado por Thylmann


La ley tampoco consigue actuar en este sentido. La Digital Millennium Copyright Act (DMCA) es la única a la que pueden atenerse los perjudicados. Pero data de 1996, y aunque obligue a descolgar los contenidos subidos o pongan multas a los ejectores, el hecho de que se traten de webs administradas por los usuarios hace que las empresas no tenga responsabilidad suficiente.

Las plataformas de porno online gratuitas son demasiado fuertes y las leyes demasiado débiles como para hacerles frente. La industria del porno ya ha sido muy perjudicada y todo parece indicar que sus problemas se agravarán. Después de una gran revolución del porno online encabezada por Fabian Thylmann, este mismo asegura que llegará la que culmine del todo esta etapa.

¿Se avecina, de nuevo, el fin del porno tal y como lo conocemos?

[Vía BuzzFeed]

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