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La revolución en la moda baila música electrónica

¿Que cómo funciona la moda en Sónar? Bueno, en las antípodas de un concierto de Miley Cyrus: aquí las estrellas van normcore y los asistentes son los extravagantes…

Hablar de la relación música y moda es, habitualmente, asociar el rock con un determinado estilo, y eso a pesar de que de un tiempo a esta parte las estrellas del hip hop también han entrado en el discurso, con sus prendas de lujo y sus colaboraciones con marcas exclusivas.

Sin embargo, no es común pensar dicha relación cuando se trata de música electrónica, quizá porque no ha legado elementos icónicos como la gorra o la chupa de cuero, o porque siempre se ha tomado (desde fuera y desde dentro) como un ámbito sin código estético, en el que todo vale. Pero es precisamente por eso, por la ausencia de normas y la libertad en la puesta en escena por lo que este género se ha convertido en una especie de catalizador de tendencias y modas de cualquier tipo. En líneas generales, se podría decir incluso que el aspecto en la electrónica tiene más que ver con el punk que con cualquiera de los otros géneros: rechaza lo establecido, si no en términos políticos, sí en los estéticos.

Porque, en tiempos de celebridades interplanetarias, exhibicionismo digital y monumentales puestas en escena, ¿no es ser punk querer permanecer en segundo plano? No se trata únicamente de la instalación Despacio, con la que James Murphy y 2ManyDj's quisieron experimentar lo que ocurría cuando el protagonista de una sesión se oculta de su público; se trata también de un cartel plagado de estrellas vestidas con camisetas y vaqueros. Allí la audiencia rinde pleitesía al DJ, pero este, escondido tras la mesa de mezclas, también rinde tributo a un público que, esta vez sí, se escuda en la moda, en accesorios futuristas y en todo tipo de gadgets para celebrar el encuentro. Así pues, con esta combinación extraña de estrellas normcore y asistentes extravagantes, estamos en las antípodas de un concierto de Miley Cyrus.

Ryan Hemsworth

La electrónica ha visto cómo nacían y evolucionaban distintas tendencias alrededor de la pista. Esto no es el rock. No hay un músico icónico de referencia al que copiar, sino un público que, en su forma de disfrutar de la música, ha creado espontáneamente estilos y formas de relacionarse con la moda: en los clubs del Londres de los ochenta los Blitz KIds se reunían para travestirse, lucir prendas de hace dos siglos y, en definitiva, proyectar una imagen sin imposiciones externas. Después las raves dieron paso al culto a la tecnología, y el futurismo se mezcló con crestas y otros elementos del punk. El manga y la extravagancia japonesa también vivieron su momento en las pistas. Hasta el riguroso código de los góticos entró en las pistas de baile para mezclarse con elementos tan aparentemente opuestos a él como la sudadera y las zapatillas de deporte. Las posibilidades de la electrónica han sido tan amplias y tan aparentemente descabelladas que durante años se la ha asociado con la anti-moda. Hoy, sin embargo, la moda y sus expertos tienen las miras puestas en sus festivales.

Lykke Li

Aquí Tokimonsta coquetea con el ghetto y lo japonés, Spoek Mathambo convierte lo étnico en extravagante, Lykke Li recuerda en ocasiones a una cantante de grunge y Yelle o Robyn, como buenas estrellas del pop que son, se visten para ser admiradas. Gesaffelstein va de traje, BFlecha evoca el futurismo de los sesenta con su atuendo y Boys Noize mezcla iconos de la moda rock con complementos hiphoperos. Todo vale, y a la vez todo crea una atmósfera diferente, en la que la moda, de tanto intentar pasar a un segundo plano, cobra cierto protagonismo.

Yelle

Los festivales se han convertido en una especie de pasarela improvisada. Los asistentes se permiten la licencia de lucir prendas que no podrían o no se atreven a lucir en otro contexto. Sin embargo, si en la mayoría de ellos imperan las últimas tendencias de la temporada, en Sónar la tendencia se difumina y da paso a la creatividad. A fin de cuentas, los eventos asociados a la electrónica están marcados por la celebración. Por eso importa tanto el público como el cartel y, por eso, también, el aspecto reivindica la fiesta. Da igual si se proclama con una camiseta blanca o un complejísimo vestido.

Laurel Halo

La electrónica, con su falta de prejuicios y sus ganas de experimentar con artistas y público ha acabado convirtiéndose en una auténtica celebración de la moda: esa que no está sujeta a cánones, que deslumbra con extravagancias o se vuelve subversiva vistiendo con ropa básica. No es de extrañar que las grandes firmas, de Dior a Chanel o Saint Laurent, estén comenzando a inspirarse y a colaborar con sus músicos.

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