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La revancha de los tertulianos: el rey de la coleta y la izquierda caníbal

Pablo Iglesias anuncia que se presentará a las elecciones europeas

De un tiempo a esta parte, Pablo Iglesias se ha convertido en el monarca de las tertulias políticas. Su barba rojiza —que a muchos les huele a azufre— se ha paseado por todos los platós de España, hasta el punto que los espectadores empiezan a temer que sea el presentador de La Tuerka quien esté detrás de los trapicheos de Abu Nazir en 'Homeland' o que algún día, porque sí, se lo encuentren en casa de su abuela discutiendo encarnizadamente con el gato, echándole en cara su falta de patriotismo.

Heraldo de la izquierda radical, siempre con una cita de Gramsci en el tintero, ayer anunció que se postulaba como candidato a las elecciones europeas. Tras la proclamación, las calles se llenaron de oprimidos y oprimidas que celebraban la coronación de ese Mesías único que era capaz de leer a Ernesto Laclau y cargarse a Marhuenda casi al mismo tiempo; el pueblo estaba eufórico porque por primera vez en su vida podrían votar a... votar a... ¿a quién?

Bien. Aquí está el problema. Hasta el momento, Pablo Iglesias se ha postulado como líder de una candidatura popular aún por definir. Nadie sabe quién será el afortunado al que la vedette televisiva escogerá para regalarle su agraciada cota de share. Por ahora, nuestro politólogo de masas está haciendo lo que en la jerga especializada de la academia se conoce como 'marcarse un Von Trier': anunciar en Twitter que anunciará en la tele que presenta una candidatura cuyos detalles anunciará el viernes en rueda de prensa.

Y mientras tanto: polémicas, entrevistas, debates, especulaciones y enfrentamientos televisados.

La estrategia le ha salido a pedir de boca, aunque, por supuesto, también se ha visto obligado a recurrir a la pornografía para viralizar su mensaje. Ha regalado a su público una bella (y grotesca) pintura llamada 'La enésima sodomización de Izquierda Unida', perfilada con unos trazos más ambiguos que la sonrisa de la Mona Lisa, sirviéndose de los cabellos de su coleta por todo pincel.

Esta obra de arte —que como siempre algunos gustan en llamar fraude— ha enzarzado a la izquierda en un combate cuerpo a cuerpo acerca de la autenticidad y originalidad del cuadro. ¿Es realmente una creación novedosa que deja atrás la rígida y ya desprestigiada tradición? ¿O más bien se trata de la ultimísima boutade destinada a ridiculizar la institución política, el Alan Sokal de esa izquierda que nunca estuvo unida?

Para más inri, apenas un día antes de la Anunciación, se había dado a conocer el manifiesto 'Mover ficha: convertir la indignación en cambió político'. Éste, además de reclamar una realidad que, ¡oh, milagro!, se iba a materializar por la Gracia de Pablo, estaba firmado por los principales colaboradores habituales de La Tuerka, salvo por el señor de la coleta. No hace falta ser conspiranoico de profesión para olerse que aquí había gato encerrado. El problema es que, como con el cachorro de Schrödinger, tampoco sabemos si saldrá vivo o muerto.

En Twitter, evidentemente, ya están buscándole un buen epitafio al gato. Desde la izquierda-izquierda —que son los que "ya se veían venir lo de Pablo"—, todos tienen algo que reclamar al nuevo candidato: que su discurso extremado le de aire a la derecha; que se postula como la medida más democrática cuando paradójicamente capitanea la candidatura a golpe de marketing; que en su papel de Salvador sólo conseguirá repartir aun más el voto; que se presenta a unas elecciones irrelevantes y anodinas; que no acierta a plantear medidas adecuadas al marco político que interpela; etcétera, etcétera.

Con todo, el presunto adalid de 'Mover ficha', se defiende apelando al liderazgo carismático como una opción a la que la izquierda no debería hacer ascos. Este leninismo a la española parece apelar al espíritu que El Nega, cantante de Los Chikos del Maíz, defendía precisamente en una conversación con Pablo Iglesias: que la izquierda debería cerrar filas más a menudo, y reconocer como amigos a quienes sólo ostentan el título por ser los enemigos de sus enemigos.

Por eso, a pesar de toda la mierda que se está lanzando sobre Pablo Iglesias, su objetivo parece más noble y realista que el de muchos otros. Haría bien la izquierda en dejar de lado los pruritos morales, absteniéndose así de seguir practicando el canibalismo como deporte.

Que los críticos tengan razón en casi todo lo que dicen, no significa que la de Pablo Iglesias no sea la mejor baza de la que han gozado en mucho tiempo. Por eso mismo deberían seguir gritando, pero ahora en serio, eso de "ya no quedan más cojones, Aphex Twin a las elecciones".

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