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Este restaurante ha encontrado la mejor manera de trolear a Yelp

Descuentos a cambio críticas negativas

Las webs de opiniones de usuarios se han convertido en la mejor herramienta de promoción de hoteles y restaurantes. Es el viejo boca-oreja, pero a escala planetaria. Parece lógico, pues, que los establecimientos busquen tener las mejores puntuaciones posibles. En el caso de Botto Bistro, sin embargo, ocurre todo lo contrario. Este restaurante italiano de San Francisco quiere ser el peor valorado de Yelp, y para lograrlo está ofreciendo un descuento de un 25 por ciento a todos los clientes que les otorguen una sola estrella en la web.

La promoción es la manera que tienen Davide Cerritini y Michele Massimo, propietarios del restaurante, de protestar contra las prácticas abusivas de Yelp. Cerritini explica que la página le estuvo persiguiendo insistentemente para que incluyera publicidad del restaurante, llegándole a llamar 20 veces por semana. Finalmente accedió, pagando 210 euros por seis meses. Pero cuando acabó la promoción y decidió dejar de anunciarse en la página, de pronto la mayoría de opiniones se volvieron negativas. Una de las mejores críticas, incluso, desapareció. Esta práctica ha sido ampliamente documentada, y recientemente un tribunal de San Francisco la declaró legal.

Cuando Cerritini y Massimo se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo, pidieron a Yelp que borrase su restaurante de la página. Pero nunca recibieron respuesta. Fue entonces cuando decidieron poner en marcha su hilarante plan de protesta. Situaron un cartel en la entrada del local en el que, al lado de los precios de la salsa de tomate –3 dólares por una gota, 4 por olerla– y de su historial de ofensas –desde no cambiar el canal de la tele a no tener limón–, ofrecen un 25 por ciento de descuento a cambio de una review de una sola estrella en Yelp.

Sus clientes recogieron el guante y pusieron su creatividad al servicio de la sátira. El resultado son algunas de las opiniones más delirantes que se han visto en la web (que ya es decir). Aquí algunos ejemplos. 

"Madre de Dios, este lugar es una mierda. En mi última visita pedí un burrito de alubias y queso a lo que replicaron de forma muy maleducada que no eran un restaurante mexicano. ¡Estos payasos me ponen de los nervios! Me vi obligado a pedir comida italiana, algo especialmente molesto ya que odio la comida italiana. Admito que podría haber andado 10 metros para ir a otro restaurante pero eso me hubiera impedido dejar mis opiniones no cualificadas sobre este restaurante en Yelp”.

"Pedí albóndigas y me las sirvieron al revés. Pedí un tenedor para intentar comérmelas y me dieron un tenedor para zurdos a pesar de ser diestro. Mientras luchaba por comer, me trajeron pan que estaba al revés. No me quejé, pero el propietario nos oyó hablar, se enfadó y nos miraba mal. Toda la comida fue muy desorientadora”.

"Qué sitio más horrible. La pizza era demasiado plana. No tenían hamburguesa de queso como topping. No aceptaban la moneda que yo mismo he inventado, Curt Coins. Pedí un masaje de cuerpo entero y me dieron pizza. Cuando me dieron la pizza para llevar, la pusieron en una caja plana horizontal que era demasiado ancha. La cogí verticalmente y la pizza se destrozó. Es culpa suya que la gravedad de este planeta sea demasiado fuerte para mi pizza”.

Cuando Yelp tomó consciencia de lo que estaba sucediendo, escribieron a Cerritini y Massimo para pedirles que “dejaran de ofrecer incentivos a cambio de opiniones”. Algo que ambos admiten que es cierto: compran opiniones, sí. Pero opiniones negativas. En su e-mail, la representante de Yelp afirma que esta práctica “crea desconfianza entre los clientes y los usuarios, que ahora observan todos los comentarios de un local con recelo”.

Las posición de la web es abiertamente cínica. Su modelo de negocio se basa en la manipulación de opiniones, pero cuando lo hacen los demás por su cuenta resulta una amenaza a la credibilidad. En realidad, lo que están admitiendo es que su página es una broma. La respuesta de Yelp ha sido borrar las opiniones satíricas. Tiene el derecho a hacerlo, ya que suponen una violación a su política contra opiniones falsas. Pero lo que realmente debería preocupar a Yelp es que el Botto Bistro funcione mejor desde que empezaron a solicitar críticas negativas. Evidentemente, la cobertura de la prensa de su iniciativa ha influido en ello. Pero para los propietarios lo realmente importante no es que los números hayan mejorado, sino que ahora atraen a clientes de más calidad y más fieles.

Hasta el momento, mejores opiniones en Internet habían significado restaurantes más llenos. Pero prácticas como las de Yelp amenazan con desvirtuar el fin de este tipo de webs. Lo que les da credibilidad es, precisamente, que sean usuarios totalmente independientes los que emiten las opiniones. Cuando la publicidad y los intereses económicos se interponen entre las palabras, éstas adquieren una dimensión distinta, incluso opuesta. De seguir esta tendencia no sería extraño que la pegatina “People Hate Us On Yelp” sea cada vez más habitual. Ir contra el poder siempre es más glamuroso.

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